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La razon de la tolerancia

 

JAIME Loring
25/08/2013

De la misma manera que hablamos del ser humano, varón o mujer, como ente real, la sociedad es así mismo un ente real. No es meramente una agregación de individuos. Es un ente real, con su propia vida, sus propias vicisitudes, su propia evolución y transformación. El ser humano individual se constituye por la estructura de células, tejidos y órganos, y un espíritu o alma que personaliza su identidad. La sociedad humana se constituye por una estructura de individuos jerarquizada, y un espíritu que igualmente personaliza su identidad. Ese espíritu es la cultura.

La cultura es un conjunto estructurado de valores. Los valores no son cuantificables, ni por sí mismos unos son superiores a otros. Es la apreciación que la mente humana hace de ellos lo que establecen la jerarquía. La fuerza física, la pericia guerrera son en ciertas culturas valores superiores a la sabiduría; el orden público es en ciertas culturas un valor superior a la justicia y la igualdad social; el nacionalismo es apreciado en ciertas culturas como un valor superior a la solidaridad internacional. Es a partir de una determinada cultura como se toman decisiones individuales o colectivas, como en definitiva se define el bien y el mal, la verdad y el error. Lo que en una cultura es considerado una virtud, en otra es considerado un delito.

Situados dentro de un determinado sistema cultural nos encontramos encerrados en un espacio limitado por biombos opacos, sin la posibilidad de percibir lo que detrás de esos biombos pueda existir. En realidad existen otros mundos, otras culturas donde los criterios de evaluación son diferentes, puede que incluso contradictorios con los de la cultura que nos envuelve a nosotros mismos. Si estos biombos no son solamente geográficos, sino además temporales, perdemos la perspectiva de lo que ha sido válido antes que nosotros, y previsiblemente será válido después de nosotros. Lo apasionante del análisis histórico de las culturas, es precisamente constatar, cómo los seres humanos han podido vivir y conformar mundos totalmente diferentes.

Cada sociedad se considera a sí misma en el punto final, en el punto Omega, de la transformación cultural. Aprecia la superación que ella misma ha hecho de viejos esquemas, y piensa que ha llegado al límite de la modernidad y del progreso. Las sociedades generalmente no son conscientes de que el acervo cultural que les da consistencia, pueda un día quedar superado por otro nuevo. Incluso se resisten al cambio, porque el cambio representa la muerte de la propia sociedad como tal. Otra nueva sociedad ocupará su lugar en la historia, mientras que la presente quedará reducida a una mención en los libros especializados.

Es precisamente esta dialéctica entre la permanencia y conservación de los valores actualmente existentes, o en la sustitución de los actuales valores por otros nuevos, promoviendo el progreso cultural, lo que diferencia las mentalidades integristas de las tolerantes. Es por ello que el fundamento de la tolerancia consiste en la conciencia de la transitoriedad de las culturas. Por el contrario los integrismos se apoyan en la convicción de su permanencia cuasi eterna. Los integrismos caen en el género de idolatría que los antiguos profetas de Israel combatían celosamente. Elevar a la categoría de absoluto y permanente, con atributos cuasi divinos, objetos creados por los hombres, fuesen de madera, bronce o metales preciosos. De forma similar los integrismos se autodeclaran fieles absolutos de algo, que por su propia esencia es meramente contingente.

Los integrismos a veces adoptan modos de procedimiento pacíficos. Optan por una resistencia al cambio pasiva, o victimista. El hecho de que adopten formas de autoinmolación, no altera su perfil intransigente, su idolatría por una determinada cultura, la cual en realidad no es más que una creación transitoria y pasajera del espíritu humano.

Otras veces adoptan modos de procedimiento agresivos, donde la violencia es apreciada como forma heroica de defender los valores absolutos, exterminando todo aquello que se opone a sus particulares esquemas. Este fue el carácter de los fascismos que adquirieron gran aceptación en amplios sectores de la sociedad europea de los años 30.

En otras ocasiones la intolerancia se vierte en un lenguaje que pone de manifiesto una incapacidad de admitir alguna probabilidad de acierto, aunque sea parcial o mínimo, en posiciones distintas de la propia nuestra. El discurso político que estamos presenciando en estos meses está excesivamente dominado por esta intolerancia del lenguaje.

* Profesor jesuita

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10 Comentarios
10

Por Mas cuento que callejas 19:32 - 25.08.2013

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Claro para ninguno que haya subvenciones, ni para los partidos políticos, ni para los empresarios para nadie. Casualmente siempre se olvidan de los mismos. Para nadie, los laicistas no reciben subvenciones, de que se quejais.

09

Por Cuentos 17:39 - 25.08.2013

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Al nº7, pues empiece usted por los sindicatos que se han atribuido la potestad de cobrar por el estado y dirigir las condiciones laborales de todos los españoles, y ello sin que nadie le haya puesto una x en ningún lado. Eso es el laicismo, vosotros no, pero nosotros sí.

08

Por Hércules 16:18 - 25.08.2013

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La definición viene como anillo al dedo a los laicistas, la ideología más totalitaria, intolerante e integrista de la historia de la humanidad. Más de 200 millones de muertos (sin contar abortos) es lo que ha contribuido el laicismo a la historia del siglo XX.

07

Por La solución 15:23 - 25.08.2013

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Señor Vetman, no soy ningún radical religioso, yo no impongo mis creencias a nadie, ni siquiera persigo a ninguna persona ni la increpo, ni las agredo. Los intransigientes religiosos e ideológicos, ellos serán todos apartados del reino de los cielos, porque como así han juzgado serán juzgados (fin de la cita)

06

Por PROMETEO 14:27 - 25.08.2013

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Sabía que tenía que salir en estos comentarios el problema de laicidad o religiosidad. La cuestión no es como yo me sienta o no. La cuestión es el respeto al que no tenga mi religión o que no quiera tener ninguna. Este estado le falta el respeto a todos menos a los católicos, que son los únicos beneficiados. No es que esté en contra de los católicos al decir esto. Solo que creo en la libertad religiosa. En este país me gustaría que cada uno pudiera tener la ideología que le plazca. Otra cosa es que haya que ser ayudada. El que quiera una religión, que se la pague el, que no sea subvencionado por el estado. Tampoco que sea extraída de la x en los impuestos. Los impuestos son la obligación de cada uno con el estado y para el estado. ¿Cómo se sentirían los católicos de se le diera ayudas a otras religiones? ¿Quién son los intolerantes? ¿Quien se llama intolerante cuando quiere el beneficio para él o los suyos? Ahora vendrá algún católico a decir que si los musulmanes no dejan a nadie en sus países que tengan otras religiones. Con esto demuestran que son tan intolerantes como ellos, pues quieren hacer lo mismo.

05

Por Respetar la vida es defender toda diversidad, tolerar la vida suena a carga 12:38 - 25.08.2013

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Al nº4, quienes suelen decir que se necesita el cambio en realidad vienen a defender sus intereses. Precisamente sería la persona tolerante la que conviviría con un entorno adverso a su visión. Quienes respetan la vida son los que suelen tolerar la diversidad, por eso mismo los que esgrimen la tolerancia lo que en realidad están invocando es su visión absoluta. Es como lo de estado laico o aconfesional, en realidad son los laicos lo que no soportan ni toleran la existencia de la religiones y su voz en las sociedades, pero no ocurre lo mismo con los que defienden un estado aconfesional pues con el defienden el respeto y la tolerancia

04

Por vetman 12:09 - 25.08.2013

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Seleccion de grupos y selección por parentesco actuaron en el hijo salida pero nada es asi sin el egoísmo de los genes verdadero motor evolutivo.Necesitamos el cambio ante la crisis y los intolerantes son como los taurinos aferrador a su religión única salvaguarda del sentido de ser libre y español.Una verdadera infamia.

03

Por La solución 1 10:37 - 25.08.2013

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Señor Loring coincido en parte con usted, pero no debe tomarse a mal que diga en parte, pues es así prácticamente con todo el mundo, en realidad apreció y valoro sus artículos aunque ello no signifique que tenga que coincidir con usted al 100%, porque de ser así no sería yo, sino usted. El problema de intransigencia que se instaló en la sociedad europea de los años treinta es más que evidente en la historia, con sus posteriores desenlaces. Las dos grandes ideas que han marcado al mundo occidental durante los dos siglos han sido las concepciones sobre la vida y la existencia que marcaran la Teoría de la Especies de Darwin; y la Teoría de la Relatividad de Einstein. La primera, llevo a Occidente al colonialismo por la idea del más fuerte; la segunda, nos sitúa en el relativismo. Es cierto cuanto escribe en este artículo, y es por ello que el hombre no sabe separar, y no sabe por miedo. Se resiste al cambio porque desconoce los resultados, en parte llevan razón quienes así sienten, pero en nada el miedo a lo desconocido, al cambio, puede justificar las masacres que se han llegado realizar y las actuaciones intolerantes o irrespetuosas.

02

Por La solución 2 10:36 - 25.08.2013

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Tampoco nuestra Iglesia ha estado exenta del problema de la intolerancia o falta de respeto, personalmente considero más acertada la palabra respeto que intolerancia. Estaría mal decir que hay que ser tolerantes con las creencias religiosas de los demás, es mucho más apropiado decir que hay que ser respetuoso, tampoco debemos decir que hay que ser tolerante con el sexo femenino en el terreno laboral, de pareja, etc. La palabra tolerante conlleva en nuestra siquis cierta con descendencia, es así, ser algo elástico y permisivo, lo que nos lleva a creer en cierta manera que estamos en posesión de algo, ya sea la verdad o el derecho … tampoco es lo mismo un estado aconfesional que un estado laico, son cosas distintas que con el tiempo … No obstante, no deja de ser cierto la utilización que los políticos hacen del lenguaje, pero son ellos los que hacen un uso manipulador del leguaje para acusar al enemigo, al final nos volvemos todos unos incultos al dejarnos llevar por la moda, ellos no son académicos de la lengua, los políticos tienden a no entenderse, y esa conveniencia interesada a no encontrar puntos de encuentro que hacen mala utilización del lenguaje, no quieren entenderse, y no quieren que nosotros entendamos porque así se benefician.

01

Por La solución 3 10:36 - 25.08.2013

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El gran problema de la humanidad es que no respeta a su semejante, ya sea a nivel individual o a nivel colectivo, pero que es lo que lleva al hombre a no respetar a sus semejantes, pues sencillamente la ambición, el hombre desea a la mujer de otro hombre, el hombre desea el oro de otros hombres, el hombre desea el petróleo, las riquezas y la tecnología de otros hombres. El hombre como especie no deja de desear por diversos factores, y todos esos factores siempre nos inducen al poder, ser el más fuerte para no ser condicionado por el otro y subsistir, al final lo que el Sapiens Sapiens busca es, crear su propia realidad y para eso debe dominar todos sus entornos. Volviendo al pasado, también la religión ha incurrido en todos esos factores, defender su existencia y el entorno que la rodea para subsistir, ello denota falta de fe, a Dios no hace falta defenderlo (aunque cosa diferente es, que defiendas tu vida), Daniel 12: “…. Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará… (La humanidad no puede hallar la perfección, la perfección se hará en la humanidad, en sus sociedades, cuando se instale el gobierno de Cristo)