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Sol y sombra

La inconsciencia indiferente

«Este es el país del sí pero no. Del también y del tampoco»

 

La inconsciencia indiferente -

Luis M. Alonso Luis M. Alonso
13/08/2020

La especificidad de la diferencia ha hecho a este país imposible de entender. Aunque pueda parecer paradójico, España se percibe pero no se entiende. Lo que aquí pasa cuesta compartirlo desde el uso mismo de la razón. Tras el prolongado y largo estado de alarma y el alivio de la carga sobre el sistema sanitario, nos propusimos convivir con el virus con una despreocupación digamos que preocupante. Convivir con la pandemia significaba, dentro de nuestra inconsciencia, arrimarse a ella volviendo a restablecer las mismas relaciones sociales masivas y estruendosas que nos obligaron, en cierto modo, a permanecer encerrados. Somos españoles, no podemos vivir sin contacto, «semos así», dicen para justificar el habernos convertido en el lugar de Europa Occidental con mayor número de contagios y donde existe más riesgo de que la pandemia vuelva a descontrolarse, según el último informe emitido por las autoridades sanitarias de la UE. Este es el país del sí pero no. Del también y del tampoco. Aceptamos con sumisión lanar la imposición de las mascarillas porque somos incapaces de mantener la distancia sin ellas y a ver si de esa forma encontramos la manera de no renunciar al calor humano. Pero hacemos de la máscara un uso fraudulento, inspirado en la falsa ilusión de que nos protegerá de todo. Pues no, los resultados saltan a la vista. Como si formásemos parte de una ceremonia absurda de la confusión, los adultos se enmascaran de la manera en que el verano invita a hacerlo, y los más jóvenes, de entre 15 y 25 años, prescinden de la protección facial y se embarcan en botellones clandestinos en busca de una nueva modalidad de entretenimiento. Se creen inmortales porque en cierta medida lo son y su memoria del dolor ajeno es frágil. No se acuerdan del estado de alarma: han salido sin miedo a contagiarse y a contagiar a los demás en la estación del año más descerebrada, que es el verano, decididos a contribuir a la inconsciencia indiferente de una España diferente. 

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