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FACHAS O ESPAÑOLES

 

SANTIAGO Navajas
07/11/2014

El 9 de noviembre se va a producir en Cataluña un paso más en un proceso inconstitucional, antidemocrático y antiespañol que supone un desafío en clave xenófoba contra aquellos que defendemos un marco de derechos y libertades para todos los ciudadanos que viven en España, independientemente de, como reza la Constitución (art. 14), su nacimiento, raza, sexo, religión u opinión. Añadiría la lengua.

Desde 1978 dicho marco se ha venido cumpliendo de manera más que satisfactoria, con todas las imperfecciones que se quiera, de forma que en la clasificación elaborada por The Economist en su Indice de Democracia (2010) España se encuentra reconocida como una de las únicas 25 democracias "plenas" que existen en el mundo, al nivel de países como Noruega, Gran Bretaña, Dinamarca o Suiza.

Sin embargo, la consolidación y extensión de dicho proyecto democrático-constitucional ha encontrado sus mayores impedimentos en los nacionalismos del País Vasco y Cataluña, donde basándose en fundamentos reaccionarios se ha pretendido instaurar un apartheid cultural y lingüístico en el que todo lo que tuviese que ver con España --de la lengua a la cultura pasando por los derechos y libertades-- se ha tratado de erradicar, utilizando desde la violencia física a la intimidación (in)moral pasando por el bullying mediático, el chantaje económico y el insulto racista.

Las primeras víctimas del nacionalismo catalanista han sido, claro, los catalanes que no solo no tenían ningún problema en conciliar su condición de españoles con la de catalanes sino que sabían que España es un multiplicador de lo catalán (y viceversa). Don Quijote se daba un paseo por Barcelona, no por Lisboa o París. Por ejemplo, Félix de Azúa, Albert Boadella, Xavier Pericay o Federico Jiménez Losantos han participado en el documental Gente que vive afuera para relatar en primera persona cómo algunos, ante el clima de coacción nacionalista, hicieron la vista gorda o miraron para otro lado. Los que se atrevieron a hacer frente a la imposición catalanista (basada en una concepción esencialista de la nación, al estilo de "Cataluña, una, pequeña y libre (de no catalanistas)") recibieron, en el mejor de los casos, el vacío institucional; en el peor, un tiro. Félix de Azúa, uno de nuestros más prestigiosos intelectuales, define el catalanismo a la perfección: "Un totalitarismo blando parecido al peronismo en Argentina". Un ejemplo de ello lo relata el propio Azúa: el hijo de un amigo volvía de la escuela y le preguntaba a su padre, llevado por la ideología sectaria que le inculcaban en el centro educativo: "Papá, ¿somos fachas o catalanes?". O como relataba Jon Juaristi respecto a su exilio del País Vasco ante el hostigamiento nacionalista: "Yo he nacido en esta tierra y me gustaría morir en ella. No ha sido posible vivir aquí".

En Barcelona también he sentido en ocasiones el odio de los catalanistas. Aunque la ciudad, como el resto de Cataluña, es por lo general abierta y globalizada, ha conseguido dicho estatuto cosmopolita a pesar de los catetos del terruño. La última vez que estuve en la ciudad condal --hace un año comiendo en Dos Palillos, uno de esos restaurantes de cocina creativa que han hecho de la capital catalana un referente de la gastronomía de autor-- tuve la ocasión de escuchar cómo unos catalanistas explicaban a su interlocutor que querían la independencia porque estaban hartos de sufragar a "los vagos extremeños y los fiesteros andaluces", con el desparpajo del que le han lavado el cerebro tanto en la escuela (lo llaman "inmersión" cuando más bien es ahogamiento) como en TV3 donde el mensaje básico, Ignacio Vidal-Folch dixit, es que "Cataluña es como Dinamarca mientras que España es un suburbio de Puerto Hurraco lleno de gente sucia y bajita".

Por ello, contra el golpe de estado avant la lettre que pretende Artur Mas y toda la tribu catalanista, se han movilizado unos ciudadanos para hacer un llamamiento al conjunto de la sociedad civil española que todavía cree en los valores fundamentales que cimentan nuestra Constitución (Preámbulo): la justicia, la libertad, la seguridad y promover el bien de cuantos la integran. El 8-N (mañana sábado) se leerá en todas las capitales españolas un manifiesto de la Asociación Libres e Iguales --liderados por Arcadi Espada y Cayetana Alvarez de Toledo-- para reivindicar la defensa de la ciudadanía común española contra la agresión a la democracia que pretende llevar a cabo el gobierno de la Generalidad de Cataluña. Para que nuestros hijos no tengan que elegir entre ser "fachas o catalanes" y puedan vivir en un país en el que puedan ser libres e iguales.

* Profesor

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3 Comentarios
03

Por Blas Piñar Gutierrez 19:17 - 07.11.2014

Cataluña al igual que Las Vascongadas nunca ha sido una nacion,en un principio formo parte de Francia denominandose Marca Hispana o Septimania, luego durante la reconquista no fue si no una serie de condados dependientes de La Corona de Aragon la cual abarcaba todas la islas del Mediterraneo Oriental y parte de las peninsulas Italica y Balcanica, conque lo de la consulta independentista es un camelo.

02

Por Cordobés 16:15 - 07.11.2014

Sr. Navajas, conozco Cataluña y Andalucía, no creo que usted deteste más que yo a los nacionalistas (a los catalanistas y a los españolistas), pero su artículo está basado en tópicos y experiencias demasiado particularistas que convierte en categorías absolutas. Siguiendo su formar de razonar podría decirle, si no le gustan los independentistas no vaya más al restaurante Dos Palillos, pero sería muy cínico por mi parte, porque fuera de ese lugar que usted dice también los encontrará, como en Córdoba, donde de toda la vida se ha odiado a los catalanes, sería muy cínico decir que no. Cuando un cordobés visitaba a sus parientes en Cataluña y contaba en Córdoba cualquier anécdota, muchos cordobeses que apenas conocían Cataluña contaban miles de anécdotas no vividas por ellos para despreciar con saña a esos cordobeses por tener parientes catalanes. En Córdoba hay nacionalismo y xenofobia, pero es un nacionalismo españolista. Los nacionalistas cordobeses son de la misma ralea que los independentistas catalanes, y su forma de resolver las cosas, a través del ejército y fantasías parecidas, es tan antidemocrática y repulsiva como la que usted dice de los catalanes. Si verdaderamente usted conoce Cataluña y Andalucía, y tiene un cierto sentido crítico, podría encontrar similitudes entre las cosas negativas de Cataluña y las de Córdoba. Cataluña actúa de forma ignorante y cainita hacia las zonas que le son más alejadas culturalmente en España, y Córdoba hace exactamente lo mismo respecto a Cataluña. Se echa de menos articulistas cordobeses con más nivel para arrojar luz y soluciones constructivas a la encrucijada en que nos encontramos. Su punto de vista no sirve, sr. Navajas. No es momento de vehemencias patrioteras, sino de inteligencia.

01

Por Fausto 9:40 - 07.11.2014

Una consulta es producto de una democracia y su mayor señal de identidad. Los catalanes quieren hacerla. No así los andaluces, los extremeños o aragoneses. Los catalanes tienen una lengua propia y un sentimiento en lo más íntimo. ¿Qué miedo tenemos a que se expresen?