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Sin tinta

Mi diario del coronavirus en Córdoba, día 26: la azotea y Marie Kondo

 

Mi diario del coronavirus en Córdoba, día 26: la azotea y Marie Kondo - FRANCISCO GONZÁLEZ

María Olmo María Olmo
03/04/2020

Tres días sin subir a la azotea y, de verdad, estoy enferma, atacada. Primero que si llovía, luego que si iba a llover... Total, tres días sin subir los escalones, sin girar la llave, sin que me dé el aire en la cara, la luz en los ojos. Tres días sin ir tendiendo muuuuuy despacito, dejando las pinzas en una punta para ir y venir cada vez que cuelgo una toalla o una camisa.

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Cuando hace sol, levantas la cara con agradecimiento y esperas que te rebote algo de vitamina D, porque en este momento, desde luego, no hace falta el factor protección 50. Los ultravioletas están a su bola, campando por sus respetos, haciendo de las suyas en las fachadas, porque, claro, si estás con el teletrabajo no vas a pasarte el día asomada a la ventana. Amén del frío, que esos días calaba los huesos como en invierno. Ahora, no es por nada, convendría que lloviera, para ayudar a la estadística de la Semana Santa y así confiar en que el año que viene, cuando salgamos a las calles, todo sea azahar, tambores y nuestros santos recorriendo la belleza de Córdoba, en estos momentos muy desatendida por sus hijos.

Le digo a J.L., ¿qué me pongo hoy? Y yo misma me río. He dejado tres “conjuntos” de ropa cómoda (el marrón, el verde y el naranja) para ir rotando, pero si no se seca la ropa ya estoy pensando en un plan B de color azul. Si hubiera hecho caso de Marie Kondo y hubiera tirado tantas cosas como me recomendaba, no sabría qué ponerme (tiene que ser algo que permita tender la ropa y trabajar ante el ordenador) y tampoco habría ni parchís ni puzles en mi casa. Ni lápices de colores, ni papel para envolver un regalo. No es por nada, pero la señora Kondo está perdiendo prestigio en mi familia con esto del coronavirus.

Llamo a  A.L. y me cuenta que su prima Angelita está desesperada por las canas. No puede ir a la peluquería, como le pasa a todo el mundo, y esto es un desastre auténtico para su autoestima, desastre solo debido a que por suerte ni ella ni su marido ni sus hijos están contagiados, evidentemente. Mi propuesta es que se deje el cabello a su aire (aunque puede comprar un tinte en el supermercado), para averiguar cómo va la cosa de las canas, lo que han podido avanzar en los años que lleva sin vérselas. A fin de cuentas el confinamiento va a alargarse otros 15 días. Pero no creo que mi teoría le sirva a la bella Angelita. ¿Quién quiere verse como realmente es?

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