+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

¿CAMINO SIN RETORNO?

 

JAVIER Pérez
18/12/2013

Como es bien sabido, la integración política de Cataluña en España ha pasado por momentos difíciles en varias ocasiones. A mediados del siglo XVII, en la primera gran crisis de la Monarquía española, la rebelión de Cataluña ya condujo nada menos que a la independencia de España. Por un periodo muy breve, pero a la independencia.

En los primeros años del siglo XVIII, la guerra de Sucesión acabó con las instituciones propias de gobierno de Cataluña. En los años 30 y 40 del siglo XIX, en el momento en que se inicia la construcción del Estado constitucional en España, Cataluña ocupa un lugar destacado en las guerras carlistas y durante la regencia de Espartero. Vuelve a ocuparlo durante el Sexenio Revolucionario, así como a comienzos del siglo XX, cuando se inicia un proceso de crisis del sistema político de la Restauración, que se prolongará hasta la proclamación de la República. Bajo esta última, el conflicto de 1934 alcanzará un nivel de los que pueden calificarse de crisis de Estado.

Quiere decirse, pues, que la crisis por la que está pasando la relación de Cataluña con España en este comienzo del siglo XXI no es la primera. Crisis las ha habido con la Monarquía preconstitucional, tanto de los Austrias como de los Borbones, con la Monarquía constitucional y con la República democrática. Ninguna de las fórmulas de gobierno que hemos ensayado en la edad moderna y contemporánea ha conseguido dar una respuesta estable y pacífica a la relación de Cataluña con España o de España con Cataluña. El conocimiento de nuestra historia nos debía haber preparado para anticipar que lo que está pasando ahora podía pasar y para haber hecho lo posible para que no pasara. Pero no ha sido así.

La singularidad del conflicto actual deriva de que es la primera vez que se produce en democracia. En todas las ocasiones anteriores, el conflicto se ha producido entre sociedades no constituidas democráticamente. Incluso el de 1934 se puede considerar así. El de hoy es el primer conflicto que se produce entre una España y una Cataluña democráticamente constituidas y normalizadas, con una praxis democrática de más de 30 años.

El reto con el que nos estamos enfrentando es, pues, de dimensiones gigantescas. Es un reto con siglos de historia detrás, que se resume en el siguiente interrogante: ¿serán capaces la España y la Cataluña democráticas de resolver el problema de su relación recíproca y su integración en un Estado común o, por el contrario, fracasarán como ha ocurrido en la historia predemocrática de ambas sociedades?

La forma en que se está expresando el conflicto no invita a ser optimista. Estamos instalados en él desde el 2005, con diversas fases de intensidad en su forma de manifestación, y en ningún momento ha sido posible entablar un diálogo que pudiera conducir a un acuerdo.

No fue posible durante el largo proceso de tramitación de la reforma del Estatut de autonomía en el Parlament de Cataluña y en las Cortes Generales. Tampoco lo fue durante los casi cuatro años en que el recurso interpuesto por el PP ante el Tribunal Constitucional estuvo en las manos de este antes de resolverlo. Y todavía menos lo ha sido tras la sentencia 37/2010.

Cada vez es mayor la distancia entre el sistema político español y el subsistema político catalán. Desde 1977 hasta el 2010 ha habido homogeneidad entre la expresión electoral de España y de Cataluña. No era exactamente el mismo el sistema de partidos de Cataluña y de España, pero era reconocible el uno en el otro. Desde el 2010 ha dejado de ser así. La presencia electoral de España en Cataluña se ha reducido de manera muy importante y muestra incluso una tendencia a la marginalidad. La velocidad de la tendencia parece ir en aumento.

No ha habido diálogo entre Cataluña y España desde hace casi diez años, a pesar de que, desde el 2004 hasta el 2010, los protagonistas del diálogo que hubiera sido posible pertenecían a los mismos partidos que habían dialogado ininterrumpidamente desde el comienzo de la transición, es decir, desde antes de la aprobación de la Constitución.

Si el diálogo no ha sido posible cuando los protagonistas del mismo pertenecían a partidos que habían construido conjuntamente la democracia en España y en Cataluña y no podían no compartir la sensación que estaban en el mismo barco, ¿qué no puede ocurrir en un momento como este, en el que quienes tienen que entablar el diálogo no tienen esa sensación?

Me gustaría equivocarme, pero me temo que estamos entrando en un camino sin retorno.

* Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla.

Opinión

Las pirámides de Beirut

Miguel Ranchal

Elecciones en EEUU

Francisco Pineda Zamorano

Somos de tocarnos

Francisco García-Calabrés Cobo

Los nuevos delincuentes

Antonio J. Mialdea

Populismo

Ricardo Rivera Pereira

De Troya a Buridán

Francisco García-Calabrés Cobo

Coacción a la libertad

Abogado MARCOS Santiago Cortés

Lectores
MEDIO AMBIENTE

Jesucristo iría en bicicleta

Predicaría con el ejemplo, se desplazaría a pie, en transporte público o en bicicleta. Si Jesús ...

CORONAVIRUS

Reflexión sobre la muerte de Nanda Casado Salinas, enfermera

Compartíamos el mismo nombre, apellido y vocación. Coincidimos en el inicio de nuestra andadura ...

LA SITUACIÓN SOCIAL

45 años de pandemia

Los que rondamos los 55 tenemos vagos recuerdos de la época de la dictadura. Sin embargo ...

LA despedida a ANGUITA

Agradecimiento al pueblo de Córdoba

Quisiera expresar al pueblo de Córdoba mi más profundo agradecimiento por el cariño y respeto que ...

 
 
1 Comentario
01

Por Uno que pasa 9:25 - 18.12.2013

Hay que ser más optimista, hombre. Y sobre todo, lo que se te ha olvidado mencionar es el uso nefasto de la educación por parte del gobierno catalán en sus ansias separatistas