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Hoy

Año viejo

 

Lo veo pensativo, silencioso, en un banco del parque. Ahora tiene los ojos vidriados por la melancolía. Se reflejan en los charcos grises. Ya ha aceptado que le quedan unos días de vida y que pasará definitivamente. Unos números de amor y de temblor. ¡Qué lejos queda el corazón! ¡Qué lejos las rosas y sus brisas! Por la frente del viejo año, agotada de tantos instantes hacia el olvido, se pierden todos los días de su primavera; aquellos amaneceres cuando volvían las golondrinas y se abrió el azahar, y unas nubes azules se llevaban los fríos del invierno. Entonces acababa de ser adolescente y crecía sin parar hacia la vida. Poseía cada futuro. Aprendía palabras de amor, las susurraba con las brisas; soñaba. Ahora por su viejo pelo, apenas unas briznas amarillentas, se apagan recuerdos y recuerdos en un remolino de cenizas. Las noches de verano se borran entre nieblas. ¿Dónde quedan ya sus estrellas y susurros? El otoño dejó un último recodo en el camino, un río hacia la mar, un campo de viñedos; los sarmientos se vencen por la tierra. Ahora suspira con un lamento que sólo escuchan los árboles desnudos: «¡Qué será de mí, Dios mío, sin tiempo ya, sin senderos! ¡Qué será de mí, olvidado para siempre!» Llora las tristes lágrimas que un viento frío le pasa por el rostro. Las hojas secas, atrapadas por el barro, forman una soledad marrón alrededor. Una paloma se posa unos instantes en el banco y lo mira. Ya no reconoce en el viejo año la juventud de abril, los jóvenes labios en el agua de la fuente, las manos que temblaban de caricias. Algo la asusta. Estremecida, levanta el vuelo y se pierde hacia su libertad. El año viejo intenta levantarse, pero no encuentra ayuda: hasta el bastón se vence de abandono. No hay nadie en el parque; árboles desnudos, otros bancos sin niños, escarcha, soledad. Pero a lo lejos el tiempo vuelve despertándose. Trae en brazos un nuevo niño. El niño duerme aún. Lo sostienen todas las incertidumbres de más días, más lunas, más senderos. Despertará con risas y con lágrimas, ilusiones, sueños. ¿Quién lo recogerá? Nuevas hojas en los árboles, nuevas aguas en las fuentes; nueva juventud. Conocerá los besos, las manos, el amor; sin saberlo, se irá llenando de recuerdos. Un nuevo año y su pálpito. Y florecerá de nuevo el infinito.

* Escritor

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