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novela

Crónica de un espanto

Amelia Noguera y la Guerra Civil

 

Amelia Noguera. - CÓRDOBA

Amelia Noguera. - CÓRDOBA

Pedro M. Domene Pedro M. Domene
27/06/2020

‘El paseo de los canadienses’. Autora: Amelia Noguera. Editorial: Berenice. Córdoba, 2020.

La carretera que une Málaga con Almería, escenario de la desbandá, se convirtió en la trágica imagen de la muerte. Nadie ha explicado aún qué pasó entre el 7 y el 12 de febrero de 1937, ni existe testimonio de la soledad y la masacre vivida por los supervivientes. Se ha estimado que el número de desplazados rondaría los cien o ciento cincuenta mil, y Socorro Rojo Internacional había atendido al menos a cien mil malagueños que llegaron caminando a Almería. Las cifras surgen de la observación visual de testigos directos: Norman Bethune, un médico canadiense que socorrió a muchas de las familias que huían, aunque él salió desde Almería el día 10, tres días después de comenzar el éxodo, y su perspectiva nunca ofreció una cifra completa; o un teniente de carabineros que da testimonio entre Adra y Almería de unas doscientas mil personas. Otros se dieron la vuelta, regresaron hambrientos, exhaustos o heridos, y murieron en el camino.

Durante décadas, el franquismo ocultó lo ocurrido, y muchos fueron los que callaron la desgracia de tantos andaluces. La respuesta a aquellos cinco días de febrero está en la memoria de quienes sobreviven, y en los sótanos de algunos archivos que guardan los secretos de una de las peores masacres del ejército franquista.

Amelia Noguera (Madrid) cuenta la amistad de dos niñas, Azucena y Martina, y las consecuencias vividas tras la experiencia que las unió en el triste episodio histórico que se describe en la novela, El paseo de los canadienses (2019), una ficción inspirada en un episodio histórico donde se describe la tragedia vivida por miles de familias que huían de las amenazas del general Queipo de Llano ante la llegada y ocupación del ejercito nacional a Málaga.

Azucena y su madre, obligadas a dejar Málaga, se dirigen a Almería, donde tienen familia, sumándose a aquellos que caminan por la carretera que une las dos ciudades y van en su misma dirección. Durante la marcha Azucena coincide con otra niña de una edad parecida que, como ella, viaja con su madre; enseguida advierten que las dos mujeres se conocen, aunque ninguna quiera recordar esa antigua amistad de su niñez, y menos entablar ningún tipo de relación durante el viaje por más que las niñas se busquen e intenten estar juntas, pero al final surge una conexión especial entre ellas que se intensificará por los sucesos que vivirán cuando la larga caravana humana empiece a ser ametrallada y bombardeada a lo largo del camino que recorren.

Amelia Noguera construye su relato alternando los testimonios de algunos protagonistas, una intrahistoria desde los más diversos puntos de vista, el espía y filósofo Koestler, un piloto italiano, un miliciano republicano, un arquitecto canadiense, un falangista del buque Canarias, otro anarquista republicano, una enfermera del Socorro Rojo Internacional, un jornalero, un militar profesional republicano, una presa de la cárcel de mujeres de Málaga y un exdiplomático estadounidense, que ofrecen la perspectiva de esos documentos orales necesarios que corroboran tanto silencio sobre aquella carretera de la muerte que Noguera sintetiza en un relato duro y no menos triste, pero que al lector le llena de emoción en cada una de sus páginas.

Un texto que sirve de alguna manera para cerrar las heridas de un pasado de auténtica vergüenza tanto en uno como en otro bando.

La ambientación resulta convincente y el escenario físico se ajusta, evoca y recrea ese miedo que atenazó durante tanto tiempo a la población. Como lectores vivimos ese clima de terror y los continuos abusos de poder, o la impunidad con la que se movían cuantos se consideraron vencedores. Málaga se convierte en escenario y protagonista de esta historia, aunque los personajes van creciendo a medida que los conocemos, muestran la fuerza y la entereza en situaciones que describen las abundantes contradicciones de muchas de las actitudes humanas que no dejarán a nadie indiferente. Sobresale la fuerza y determinación de Ángela, una mujer acostumbrada a llevar las riendas de sus negocios y de su vida, a saber cuál es su sitio. Ángela mantiene su palabra y está dispuesta a cumplir con sus obligaciones hasta el final. Esa rivalidad sostenida entre Isabel y Fernanda y las circunstancias ocurridas tras su vuelta a Málaga completan la historia de El paseo de los canadienses, que nos devuelve la fe en la buena literatura capaz de sustentar toda una trágica experiencia con una fluidez narrativa.