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CRÓNICA

Adiós a una voz irrepetible

El periodista y locutor de radio Rafael López Cansinos fue despedido ayer entre el cariño, el afecto y la admiración hacia un profesional cuya voz grave y modulada ha formado parte de la historia de la ciudad, desde las ondas y la prensa escrita

 

En su casa, durante una entrevista. - SÁNCHEZ MORENO

Entrevistando a Jaime Ostos en 1957. -

Carmen Aumente Carmen Aumente
05/01/2018

Mucho tiempo llevaba ya alejado de los micrófonos, esos que fueron su pasión y medio de vida durante 46 años desde Radio Córdoba, entonces EAJ-24, pero seguía ligado al periodismo con su página semanal sobre el mundo del motor en el suplemento Zoco de diario CÓRDOBA. Su próxima colaboración acababa de enviarla al periódico cuando le sobrevino la muerte, el miércoles por la tarde, y ayer, Rafael López (Sánchez) Cansinos recibió el último adiós de familiares, amigos y compañeros de profesión que le mostraron su cariño, afecto y admiración. Su hijo Rafael explicaba que falleció de un infarto «en su sillón», ante su mujer, Maruja, enferma desde hace años y a la que había cuidado con devoción los últimos diez años. «Su generosidad como persona ha sido increíble», subrayaba Rafael. En su intensa vida profesional le dio tiempo a hacer de todo, desde presentar actos, como Los Cordobeses del Año, a retransmitir corridas de toros, partidos de fútbol o conducir todo tipo de concursos.

El periodista y sacerdote Antonio Gil, al que le unió siempre una gran amistad desde finales de los años 60, le dedicó su último responso. Destacó cómo «tres hermosas cualidades adornaron su vida». La primera, «su profesionalidad como hombre de la comunicación, tanto en radio como en prensa»; en segundo lugar, «su sentido del deber, en una profesión que exigía estar de guardia las 24 horas, porque la radio es la instantaneidad, la precisión, la urgencia»; y su tercera cualidad, dijo, «se centraba en saber captar paisajes y personas, es decir, el ser un buen catador de gentes, a las que saber entrevistar y con las que mantenía siempre una comunicación cordial, amable y rebosante de humanismo». Según dijo Gil, «con Rafael, todos aprendíamos siempre», y destacó también que fue siempre «una persona creyente y practicante, de valores humanos y de virtudes cristianas».

EN NOMBRE DE LA CIUDAD

La alcaldesa de Córdoba, Isabel Ambrosio, señaló que «creo hablar en nombre de toda la ciudadanía cordobesa si digo que la muerte de López Cansinos nos deja a todos un poco huérfanos. Se nos va parte de la memoria del último siglo de Córdoba, porque la voz de Rafael fue la que nos contó el día a día de nuestra ciudad a través de Radio Córdoba, pero también quien contó Córdoba a Andalucía, España y el mundo a través de la cadena Ser». Ambrosio subrayó que «López Cansinos ha estado presente no solo en la historia de nuestra ciudad sino en la particular de cada uno de nosotros que seguro recuerdan su voz en los días importantes de su vida». La alcaldesa describió al veterano locutor de radio como «un profesional ejemplar, un radiofonista único y una persona irrepetible».

También la actual directora de la cadena Ser, Isabel Sánchez, tuvo palabras para el que durante 46 años trabajó en dicha cadena, con un estilo que creó escuela. «La muerte siempre es prematura para quien, a pesar de ser octogenario, tenía la capacidad de contar las cosas y vivirlas como lo hacía él», declaró Sánchez a este periódico. Para la directora de la Ser en Córdoba, «sentimos dolor y cierta orfandad porque parte de la historia de Radio Córdoba, y me atrevo a decir que de Córdoba, se ha marchado». Y explicó que «Rafael representa una época en la que la radio se implantó en la sociedad y echó unas raíces que aún hoy perduran y siguen dando frutos, fue la voz que acercó la radio a una sociedad que necesitaba ilusiones y referentes». Isabel Sánchez recordó cómo en el 2015, cuando conmemoraron el Día de la Radio, «fue él quien arrancó nuestro magacín Córdoba hoy por hoy paseando por la calle Cruz Conde, donde mucha ciudadanía lo paraba para saludarlo con sincero afecto». Además, recordó las muchas anécdotas que contaba López Cansinos «sobre las vicisitudes pasadas en una radio, en una época en la que el ingenio y las ganas tenían que superar las deficiencias técnicas».

LOS PERIODISTAS

El presidente de la Asociación de la Prensa de Córdoba, Manuel Fernández, destacó por su parte que «Rafael López Cansinos era el último representante de un estilo de radio basado en la voz, en la que a sus trabajadores no se les llamaba todavía periodistas sino locutores, personas que tenían por oficio hablar por los medios de comunicación -radio y televisión- para presentar un programa, dar noticias o poner voz a las imágenes en retransmisiones deportivas y en documentales». Para Fernández, López Cansinos es «nuestra memoria infantil oyendo la radio en la casa del pueblo, cuando los informativos eran fundamentalmente el parte de Radio Nacional. Supo, sin embargo, amoldarse al tiempo de la radio de informativos y consiguió el Premio Periodístico Ciudad de Córdoba de la Asociación de la Prensa. Con él se va de Córdoba un especialísimo estilo de radio, que luego se mezcló con el periodismo, que ha representado en toda la mitad del siglo XX y parte del XXI. Una voz que permanece en nuestro personal registro de sonidos con historia».

Francisco Solano Márquez, periodista y escritor, recordaba cómo «crecí de niño, en Montilla, escuchando por Radio Córdoba la voz de Rafael López Cansinos; una voz grave, modulada y afable, ejemplo de cómo había que pronunciar el castellano. Rafael era un todoterreno en aquella radio entrañable del recuerdo, y lo mismo ponía su voz a los anuncios comerciales que a los discos dedicados, las noticias deportivas o los concursos, siempre con su estilo elegante e inimitable». Solano señaló que «cuando en el 64 llegué a Córdoba para trabajar en la nueva emisora La Voz de Andalucía, enseguida le conocí personalmente y me abrió, con llaneza, las puertas de su amistad, que tanto me ha enriquecido profesional y humanamente durante muchos años de vivencias compartidas». La voz de Rafael, dijo, «era reclamada para dar empaque y solemnidad a los actos públicos que solía presentar». Por eso, «merece una calle».

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