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Las mujeres, la voz cantante en El Arenal

Unas 450 personas integrantes de 24 coros rocieros de Córdoba fueron agasajadas por el Ayuntamiento en la Caseta Municipal

Los coros rocieros vuelven a la Feria de Córdoba

Los coros rocieros vuelven a la la Feria de Córdoba A.J.González

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Los coros rocieros vuelven a la la Feria de Córdoba Araceli R. Arjona

Si hay alguien que lleva la voz cantante en la Feria de Córdoba, está claro que son las mujeres. Ellas son las que, con sus trajes de volantes, sus labios pintados y su desparpajo llenan de arte el recinto ferial, alegrando la fiesta. Da igual si son jóvenes o mayores, las mujeres son mayoría, también en El Arenal, y eso se nota especialmente el jueves, cuando los coros rocieros se lanzan a la calle desde la Puerta del Puente y desde el mediodía, dejan en el aire las melodías de sus sevillanas y cantes tradicionales. Después de dos años sin ese recorrido, Córdoba ha vuelto a ver la cobra multicolor moverse a gran velocidad por el Puente Romano en dirección a la Feria. 

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Los coros rocieros impregnan de alegría y color el camino al Arenal A.J. González

«Dos años sin cantar es mucho tiempo, la gente lo ha pasado muy mal en la pandemia, pero afortunadamente, aquí estamos todas otra vez dispuestas a cantar hasta que el cuerpo aguante», comentó Rosa Ortiz, directora de las integrantes del coro San José Obrero de la Fuensanta, con el sonido de fondo de sus compañeras coreando una de sus sevillanas: «Si te quieres divertir, si lo quieres pasar bien, come on baby, come on baby, al coro de San José». Según Ana Navarro, mánager del grupo y artífice del calendario de actuaciones del coro, todas han pasado el covid y están «en forma» para volver a los escenarios. Si alguien necesita un grupo que le amenice algún evento, ya sabe. 

El Club Vista Sierra fue otro de los 24 coros participantes. «Venimos con más ilusión que nunca», aseguró su directora, María d e la Palma Fernández, «llevamos yendo a la feria todos los días, vestidas de gitanas, y aquí seguimos tan frescas». Desde luego, el coro es original. Cada una de sus componentes va vestida de un color diferente, no al unísono como suele ocurrir. «Eso es porque nos inspiramos en el concepto de los patios, cada una representa un color y una maceta diferente», explicó Fernández, fundadora de la marca hace unos veinte años. 

Con las voces por delante, las mujeres y hombres (que también los hay) de los coros alcanzaron la Feria en un periquete, donde la Caseta Municipal les esperaba para una recepción por todo lo alto. «Estamos encantados de estar aquí de nuevo», comentó Antonio Puerto, del Coro Arco Iris, un veterano en estas lides que fue el encargado de entregar una placa de agradecimiento a Manuel Serrano, un imprescindible de la Feria, por su larga trayectoria apoyando a los coros, las peñas y las tradiciones. 

Unas 450 personas se concentraron bajo los toldos de la Caseta Municipal y compartieron un ágape organizado para ellos con el fin de propiciar un rato de convivencia entre los coros, donde la edad media sigue siendo alta aunque, según los expertos en la materia, hay mucho movimiento y nuevas incorporaciones constantes. «Hay gente joven que se está sumando a los coros, pero no es la mayoría», explicó Rafael Castejón. Según su experiencia, los coros de Córdoba nacieron hace cuarenta años de la mano de algunas hermandades, pero ahora la mayoría están ligados a peñas y asociaciones sociales y profesionales, compuestos principalmente por jubilados que dedican parte de su tiempo libre a cantar y cuentan con guitarristas y músicos contratados. También hay relevo generacional. «Mi hija y mi hijo han seguido mis pasos y están en el coro», comentó Conchi Millán, directora del coro Ritmo y Compás de Miralbaida. Larga vida a los coros, pues. 

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