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ENTREVISTA María Dolores Gaitán Directora artística del Festival Internacional de Piano Guadalquivir

"Tenemos una edición diferente que es el resumen de una larga trayectoria"

"Después de 13 años, siempre apostando por crecer, tenemos una edición con muchos ingredientes diferentes", explica

María Dolores Gaitán es la directora artística del Festival Internacional de Piano Guadalquivir AJ GONZÁLEZ

Este viernes, 30 de septiembre, vuelve el Festival Internacional de Piano Guadalquivir en su 13ª edición. El tres es considerado número de suerte para los músicos tal y como nos cuenta su directora artística, María Dolores Gaitán por lo que se anticipa como una edición redonda. Con ella conversamos sobre el presente y el futuro de esta importante cita anual.

Vuelve un año más el Festival Internacional de Piano Guadalquivir con un programa tan amplio como ambicioso. ¿Estamos ante la edición más emocional?

Sin duda. Yo creo que después de trece años, siempre apostando por crecer, por llamar la curiosidad de otro público que quizás no es tan melómano de la música clásica, se ha derivado en una edición con muchos ingredientes diferentes pero que han sido el resumen de una larga trayectoria de creación artística y programación. En ese sentido creo que lo hemos recogido muy bien y se simboliza en un festival muy exótico, que aúna esa comunión entre las artes que creo que es algo fundamental, como ya veíamos en la antigua Grecia y que tal vez nosotros hemos ido olvidando un poco, ya no solamente como un puzle, sino integrada y con calidad. Al final, en definitiva, la música tiene que transformar en cierto modo, ese es su valor. 

Se puede decir que esta es una edición de primeras veces...

Este año tenemos dos primicias. Además de ir por primera vez al Teatro de la Axerquía vamos también de nuevas al Alcázar de los Reyes Cristianos y me atrevo a decir que somos pioneros en realizar un espectáculo en ese enclave tan simbólico como es el las fuentes. Como reto también nos hemos propuesto llenar la Axerquía el 8 de octubre. Un teatro de esa capacidad siempre es muy difícil completar aforo pero con música clásica el desafío es aún mayor. Pero creemos que este año es el momento de hacerlo porque lo vamos a hacer de manera muy especial, de la mano de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Habrá casi 90 personas en el escenario. Es una banda con tal cantidad de instrumentos de viento que realmente transforma el color musical. Eso me llamó mucho la atención y es idóneo para este entorno.  También sumamos el ritual del té que hará La Tetera Azul con el que mezclamos música y gastronomía. Es un orgullo para un festival tener distintos materiales y elementos creados ex profeso para la ocasión. 

Como directora artística, ¿Cómo ha llegado hasta esta propuesta tan onírica y mágica capaz de transportarnos a Oriente?

Primero porque a nivel personal y profesional viajo mucho. Me encuentro con muchos músicos de otras culturas y cada vez que hay un evento de estas características estoy siempre con el radar atento porque dentro de la música clásica hay un sinfín de fórmulas y experiencias que hay que aprovechar y dar a conocer. Hay que redescubrir y ampliar nuestro punto de mira frente a la música clásica. Luego también la sinestesia con otras disciplinas te permite fomentar la creatividad. Estamos en una época a nivel musical y social que para captar la atención requieres de distintos estímulos. Yo lo pienso al revés: vamos a crear estímulos para llevarlos a nuestro terreno, para darle la potencialidad y excelencia que la música clásica tiene por sí sola. La experiencia de año tras año también ayuda para saber lo que funciona y no. 

El hecho de ofrecer espectáculos en entornos patrimoniales también es un añadido…

Es uno de los puntos icónicos del festival, sin duda. Yo lo veo como que seguimos creando nuevos capítulos de estos monumentos. Córdoba es una ciudad viva, con cuatro Patrimonios de la Unesco pero sobre todo es una ciudad que vive de un pasado adaptándolo a la actualidad. Eso hay que llevarlo a la práctica. Para los músicos que vienen es un auténtico privilegio tocar en estos espacios porque no todas las ciudades lo permiten. Y además, quién no querría vivir una nueva historia en esos monumentos. Igual que la corte de Abderramán III se trajo a Ziryab para hacer música, por qué no hacerlo hoy día.

Aunque está a punto de dar comienzo esta 13ª edición, ¿tiene ya algo en mente para la siguiente?

(Ríe) Lamentablemente, para bien o para mal, la cabeza no para. Tengo varias ideas. Siempre me gusta tenerlas sin estar atadas porque durante la edición del propio festival surgen muchas conexiones, incluso con los propios músicos. Pequeñas cosas que te encuentras por la calle te despiertan nuevas posibilidades entonces siempre estás en alerta. Tengo varias que pueden ser una evolución de esta edición pero los músicos somos supersticiosos y no quiero adelantar nada. Este año que entra es difícil a nivel político y seguramente tendremos algunos obstáculos que nos acabarán retrasando, no solamente al festival sino a todos los eventos que haya a nivel cultural. Pero si se da lo que tengo en mente, si el de este año gusta, el próximo gustará mucho más. 

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