Kiosco Diario Córdoba

Diario Córdoba

CRÓNICA

Una inmersión apacible por el océano de Ludovico Einaudi

El pianista hipnotiza a La Axerquía con la presentación de su disco ‘Underwater’

La belleza del piano de Ludovico Einaudi en la Axerquía

La belleza del piano de Ludovico Einaudi en la Axerquía A.J.González

Para ver este vídeo regístrate en Diario Córdoba o inicia sesión si ya estás registrado.

La belleza del piano de Ludovico Einaudi en la Axerquía Pilar Montero

En mitad de un mundo frenético, en el que abundan los conflictos, el miedo, la incertidumbre, el ruido, un pianista opta por el recogimiento para regalar doce de las piezas más bellas de la música clásica en la actualidad. Eso es Underwater, un disco nombrado con la metáfora del aislamiento al que se sometió Ludovico Einaudi durante la pandemia para volver a componer solo para su instrumento, después de veinte años. Quizá el músico no advirtió que, en realidad, había generado un océano hermoso, calmado, en el que zambullirse para dejar la agitación en reposo.

Así transcurrieron los minutos para el público de una Axerquía casi repleta, en reposo. Una atmósfera íntima, propicia para la atención hacia los mundos interiores individuales, que si acaso se interrumpía levemente con la intervención de los músicos en los temas más coloridos.

El violín de Federico Mecozzi y el cello de Redi Hasa brillaron en Fly o L’Origine Nascota. Francesco Arcuri, a la electrónica y la percusión, aportó esos matices necesarios a temas como Walk, para recordar a los oyentes que no iban a ahogarse. En esta práctica propuesta por el músico italiano, basada en el buceo imaginario, bastó con dejarse llevar. 

10

Ludovico Einaudi en Córdoba A.J.González

Entre los asistentes, gran variedad de músicos y personalidades del arte, entre ellos el director de cine Fernando Trueba. Quizá resultó más significativo para oyentes como el hijo del periodista local Braulio Valderas. El joven pianista Leo Valderas despunta en los recitales que su padre, orgulloso, muestra con el móvil a sus colegas. Lo de esta noche sin duda será una de esas citas que recordará siempre. Como se quedó grabada en la retina la imagen de Ludovico Einaudi, de espaldas al auditorio, quizá para volver al momento de recogimiento que le permitió componer Underwater y para reivindicar ese silencio colectivo que se respetó durante las dos horas de concierto. 

Parejas acarameladas de artistas. Sorprende gratamente encontrar público joven en conciertos clásicos. Será que Einaudi está haciendo algo bien al apostar por la necesidad del silencio. El compositor de bandas sonoras en filmes de la talla de Nomadland o Intocable no necesitó más que cuatro focos cálidos, cenitales, la compañía de los instrumentos de cuerda, para elevar la experiencia sensorial. El in crescendo de los toques electrónicos agitó algo las aguas, pero el océano seguía tranquilo y con sus misterios intactos.

Con todo el elenco de músicos unido, con esfuerzo, podía verse una ballena gigante nadar sobre el auditorio. Una sirena subirse a una roca o un banco de peces desviarse por nuevas corrientes. Nuvole bianche, corazón con un pellizco. Todo en silencio. La imaginación que vuela, mientras el cuerpo suspendido deja a la mente volar libre.

Compartir el artículo

stats