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Diario Córdoba

La Orquesta de Córdoba estrena el viernes una obra suya Lorenzo Palomo Compositor

"Que me perdonen las mujeres, pero estrenar una obra es como dar a luz"

Lorenzo Palomo, durante la entrevista. MANUEL MURILLO

Cada cierto tiempo, Lorenzo Palomo regresa a su tierra y casi siempre trae un regalo bajo el brazo. En esta ocasión, el prestigioso compositor de Pozoblanco es el autor de una de las obras que estrenará la Orquesta de Córdoba en el concierto de presentación de la nueva temporada, el próximo viernes en el Gran Teatro. Se titula Canto a Córdoba y se asienta en textos de la poeta Juana Castro, a los que Palomo ha puesto una exquisita melodía que evoca los lugares más bellos y misteriosos de la ciudad. Con una impresionante trayectoria imposible de resumir, el compositor vive con la ilusión de un niño y como «si estuviera dando a luz» este próximo concierto, en cuyos ensayos ha participado durante estos días previos.

De nuevo en Córdoba. ¿Qué sensación le produce volver a esta ciudad?

Es mi patria, llevo a mi Córdoba de mi corazón por todas partes. Nací en Ciudad Real, pero fue algo coyuntural. Yo soy de Pozoblanco, pero mi familia se trasladó a Córdoba, al barrio de Santa Marina, donde viví hasta los 20 años.

¿Cuál es el papel del compositor durante los ensayos del estreno de una obra suya?

Yo le doy todos los poderes al director de la orquesta, él sabe muy bien lo que quiero, porque Carlos Domínguez-Nieto y yo nos entendemos maravillosamente, y si me pide alguna observación le doy mi opinión, que él transmite a la orquesta.

La Orquesta comienza el viernes una temporada muy especial, la de su 30 aniversario. ¿Cómo se siente al compartir esta efeméride, además estrenando ‘Canto a Córdoba’, una obra suya?

Yo lo comparo con dar a luz una nueva vida. Que me perdonen las mujeres, pero parir debe ser algo parecido a estrenar una nueva obra, no se le conoce la carita, no se sabe cómo va a ser. Sé cómo suena en mi cabeza y lo traslado al pentagrama, pero cuando la oigo por primera vez es cuando le veo la carita a mi partitura.

"Canto a Córdoba es un retrato de toda la belleza y misterio que tiene esta ciudad"

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¿Cómo definiría esta pieza?

Es un retrato de toda la belleza de Córdoba, pinto unas escenas de lo que me ha parecido más atractivo, porque Córdoba tiene mucho de maravillosa. Cada una de sus callejas, una pareja de novios en una plaza... Es una preciosidad, tiene un encanto increíble y me apasiona la Córdoba callada y misteriosa de la Judería, algo que se siente dentro. Y todo esto es lo que he tratado de expresar.

¿Cuánto tiempo tardó en componer esta obra?

Yo sigo escribiendo música con lápiz y goma de borrar, nada de ordenador. Oigo la orquesta en mi cabeza y cada nota que toca, si no me gusta, la borro y la vuelvo a escribir. He tardado más o menos un año en acabar Canto a Córdoba.

¿Es más complicado componer una pieza cuando es por encargo y no sale de la inspiración instantánea?

Si no tengo inspiración, no compongo. La inspiración me viene, como decía Picasso, trabajando. A veces hay que motivarla con el piano, improviso y empiezan a llegar los temas a mi cabeza. A partir de ahí, empiezo a escribir las ideas y las voy trabajando con la orquesta.

Esta obra tiene como base los textos de Juana Castro. ¿Cómo ha sido trabajar con la poeta de Los Pedroches?

Fantástico. Juana ha escrito cinco cuadros preciosos y cada uno significa algo. Y sobre ese texto yo hice la música, que necesita el ritmo de la palabra, cada sílaba es una nota musical. Ella fue mandándome sus textos, a los que yo iba poniendo la melodía.

Fue director de la Orquesta de Valencia. ¿Por qué soltó la batuta?

Ser director de una orquesta es complicado, prácticamente te tienes que olvidar de tu vida privada. Y luego están los músicos, que piden permisos, se ponen enfermos..., además de estudiar muchas partituras. En tres años no conseguí componer ninguna nota, así que decidí dejar la dirección para dedicarme a la composición.

¿Le gustaría dirigir sus propias obras?

Sí, pero ya he dejado de hacerlo. Son dos mundos muy distintos y yo prefiero uno u otro.

"Me gustaría dirigir mis propias obras. Pero dejé de hacerlo. Son dos mundos distintos"

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Tiene a sus espaldas una larga y fructífera trayectoria artística en la que ha compuesto para importantes figuras como Montserrat Caballé y también conoció muy de cerca al guitarrista Pepe Romero. ¿Qué ha supuesto para usted la cercanía con estas y otras figuras de la música?

Me ha motivado mucho. Todas las obras que he escrito siempre las han interpretado grandes artistas. Tengo la suerte de que son muchos los que ha admirado mis obras y me han facilitado el terreno, porque lo compositores tenemos el problema de que hacemos música, pero luego, ¿quién la toca? En ese sentido, Monserrat Caballé ha sido muy especial para mí. La conocí cuando yo era pianista del Liceo y me pidió ayudarla a aprender el repertorio como soprano. La visité muchas veces en su casa, algunas veces le llevaba mis composiciones y un día me sorprendió diciéndome: ‘Mira, maestro, el canario está cantando, eso quiere decir que le gusta tu música’. Después, cantó por todo el mundo cinco canciones que yo le compuse y estrenó en el Carnegie Hall.

Otra gran personalidad que fue igualmente decisiva en su carrera fue Jesús López Cobos, quien le propuso el salto a Berlín. ¿Qué supuso esa decisión?

Fue una gran decisión. Yo estaba en San Diego (California), una ciudad que me gustaba mucho, pero apenas había cultura. Un día, Pepe Romero me dijo que íbamos a tocar a Los Ángeles y que también actuaba un compositor que él consideraba muy bueno solo porque era de Málaga (Pepe Romero también lo era). Es gracioso porque Jesús era de Zamora, pero había estudiado en esa ciudad. Y nos fuimos a Los Ángeles, nos conocimos y me propuso irme a Berlín como pianista del repertorio italiano en la orquesta en la que él estaba, la Ópera de Berlín. Casi le beso porque me sacaba de San Diego, y al año siguiente ya estaba allí, donde he pasado 38 años.

Lorenzo Palomo, en el patio de butacas del Gran Teatro tras los ensayos de la Orquesta de Córdoba. | MANUEL MURILLO MANUEL MURILLO

¿Ha pensado volver a su tierra?

Hace dos años me trasladé a Madrid y vengo mucho a Córdoba, pero no me voy instalar aquí.

¿Cuándo se jubila un compositor?

Nunca, la jubilación no existe para un compositor ni, en general, para ningún artista.

¿Hacia dónde cree que camina el futuro de la composición en España?

No lo sé. Hay muchas tendencias, pero yo me he mantenido en mi estilo. La música moderna no parece que tenga muchos adeptos, aunque hay un grupo al que le gustan los ruidos, las novedades... Yo lo respeto, pero me mantengo en mi idea de que al público le gustan las melodías, los ritmos claros y la emoción.

Además de la clásica, ¿que música le gusta escuchar?

Me gusta todo, el rock and roll, el jazz, el flamenco... pero que sea bueno, que me diga algo. Generalmente, oigo a los clásicos, especialmente a Beethoven, al que admiro por su inspiración a pesar del gran problema que tenía de sordera.

¿Qué balance hace de su trayectoria?

Estoy encantado. Mi música la han tocado algunas de las más grandes orquestas de todo el mundo. No tenía ni idea cuando tenía diez años y empezaba a tocar el piano que llegaría hasta aquí, pero creo que se debe a que soy un luchador indomable, no me derrumbo nunca. La constancia, la determinación y la fe en mí mismo es lo que me ha hecho triunfar.

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