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Diario Córdoba

Al margen

Ali y Ava

La cineasta Clio Barnard escribe y dirige este drama con buen pulso, inteligencia y sensibilidad

Fotograma de ’Ali y Ava’.

Cine social, nada panfletario. Romántico, sin un solo gramo de sentimentalismo. Y con mucha música. Producción procedente de Reino Unido, aunque mucho más cerca del discurso de cineastas como Ken Loach o Mike Leight que de esos otros productos audiovisuales del tipo a Downton Abbey. La cineasta Clio Barnard escribe y dirige este drama con buen pulso, inteligencia y sensibilidad. Sitúa la historia en el condado inglés de West Yorkshire, un lugar bastante deprimido por donde puede colarse la esperanza. Allí se encuentran dos seres hambrientos de amor: él, un pakistaní separado que sigue habitando la misma vivienda que su mujer, en habitaciones separadas, sin atreverse a hacer público el distanciamiento; ella, una maestra auxiliar, viuda y abuela, que carga con un pasado de maltrato y un presente familiar demasiado cargante.

Adeel Akhtar y Claire Rushbrook bordan sus papeles, otorgándoles humanidad y profundidad a sus personajes. Consiguen enganchar al espectador y mantenerle interesado por el camino que toma su romance, no exento de problemas y contrariedades, con las familias en contra de sus decisiones. Pero ellos desean una libertad que hasta ahora les ha sido robada y lo hacen a través de la música que escuchan (que les da alas) y del deseo. Y hay tanta música que incluso podría considerarse un film musical, no solo porque las canciones inundan la banda sonora, también porque forman parte del gusto de los protagonistas: ella adora el folk y el country; él, en otra época dj, amante del punk y el rock.

Además, hay un hilo argumental sustentado por momentos memorables, como cuando el viejo rockero se enamora del Dylan acústico, o cuando la pareja escucha con auriculares música diferente, cada cual la suya, tumbados y bailando en el sofá de la casa de ella antes de que se rompa la magia. El cúlmen, que el 99% del público se pierde, llega en los últimos títulos de crédito, cuando se suelen encender las luces de la sala inoportunamente, con una muy bella canción, la única que se ha subtitulado en la versión doblada.

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