AMANECERES

Entre guerras

Entre guerras

Entre guerras / CÓRDOBA

Entre guerras nos hemos acostumbrado a convivir. Nos acostamos con muertos y amanecemos con muertos comentaba, hace unos días y visiblemente emocionado, un médico gazatí. Y nosotros aquí como espectadores aturdidos, observadores, presagiando que algo se nos escapa de las manos, provocando una serie de contradicciones en nuestra mente, que nos llevan a compartir, cada amanecer, nuestro desayuno con el número de muertos que ha habido en un bando o en otro, a normalizar nuestros comentarios y nuestras conversaciones en torno a una mesa y discutiendo sobre la clase de turrón que vamos a comprar la próxima Navidad, vacunados e inmunizados ante la muerte y la injusticia admitiéndolas, de forma periódica y continuada, como algo normal, convirtiéndonos en cómplices, directos o indirectos, de una manera consentida, rayando en la comodidad más intolerable y repulsiva. Entre guerras nos hemos acostumbrado a vivir. Ojalá cambiemos algún día y podamos dar un giro de ciento ochenta grados a aquella famosa frase de I. Newton: «Los hombres construimos muchos muros pero no los suficientes puentes».

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