EFEMÉRIDES LITERARIA

La Córdoba de Baroja

Este año se cumple el 150 aniversario del escritor. Cuadernos del Sur analiza surelación con Córdoba a través de sus obras

Pío Baroja y su sobrino Julio Caro Baroja. | CÓRDOBA

Pío Baroja y su sobrino Julio Caro Baroja. | CÓRDOBA / Juan Pérez Cubillo

Juan Pérez Cubillo

Juan Pérez Cubillo

Pío Baroja se ha convertido en un tema recurrente con el paso del tiempo y en un escritor maldito por algún sector de esta ciudad que confunde la realidad con la ficción. El personaje Quintín García Roelas, de La feria de los discretos, parece escogido a propósito para mostrar lo peor de una particular casa de Córdoba hasta convertirlo en ejemplo no deseado. Parece conveniente que nos atengamos a las palabras del propio escritor respecto a los habitantes de esta ciudad. Comenta Baroja, recordando cuál fue su conocimiento primero de la ciudad, y se refiere a la visita con Darío Regoyos, el pintor asturiano del que fue un buen amigo. La sitúa muy a principios del siglo XX, algo después de haber hecho el prólogo a ‘España negra’; es conocida la tendencia a disputar por parte de personas del lugar acerca de si Baroja vino o no realmente a la ciudad y sus opiniones acerca de la misma. Un buen puñado de los llamados por Cadalso en el siglo XVIII «eruditos a la violeta» llegan a pronunciarse despectivamente acerca del autor. Está claro que no se refería tanto a la ciudad en algunos párrafos como a la visión provinciana, la de los que no aprecian la realidad en un sentido amplio y tienen el horizonte pegado a sus narices. Él lo deja claro en sus impresiones publicadas en ‘Las horas solitarias’, en 1917. Escribe lo que sigue (pág. 459) en una de las múltiples visitas: «Pobre Córdoba. Luego salgo cerca del puente Romano, y voy por la orilla del Guadalquivir. Esta parte de la ribera está muy cambiada desde que la vi; la encuentro muy polvorienta y con muchos derribos. Me meto por una callejuela, y salgo cerca de San Pedro, y de allí bajo a la calle del Sol. En uno de estos viejos palacios puse yo la acción de una novela mía: ‘La feria de los discretos’. Al ver ahora el caserón, me parece que yo mismo he vivido parte de mi vida allí. Me produce cierta melancolía pensar que quizá ninguno en Córdoba haya leído mi novela...».

Tras una visita a Málaga regresa de nuevo a Córdoba y continúa con sus impresiones acerca de la ciudad y sus gentes. Más adelante nos sitúa en una tertulia. Escribe a la vuelta de un viaje a Málaga, referido a una tertulia: «A la media hora de estar allí, ya me parece que conozco a todos y que los contertulios del café me conocen a mí también. Los jóvenes de la tertulia han leído mi novela ‘La feria de los discretos’, lo que me halaga. Uno de ellos afirma que se ve que conozco bien Córdoba...» y concluye más adelante, al final del capítulo sexto de ‘Las horas solitarias’: «Gente amable esta gente cordobesa». El conocimiento de Córdoba aumenta a partir de las tertulias madrileñas entre finales del siglo XIX y parte del primer tercio del siglo XX, a través de su relación con Julio Romero de Torres, que había fundado en la taberna de la Sociedad de Plateros de la Plaza de Séneca la tertulia Academia de los Legítimos, a la que hipotéticamente debieron acudir el novelista y el dramaturgo Valle-Inclán, el mejor amigo del pintor. Cuando decimos hipotéticamente hemos de referirnos a la reforma que se produjo en el local al comienzo de la Guerra Civil, por el peligro evidente de las firmas estampadas en sus paredes, entre ellas la de Federico García Lorca, que allí se reunió alguna que otra vez con Alvariño, Carreño y Juan Bernier. Las fuentes documentales de la novela en espacios como La Corredera tuvieron a Julio Pellicer, cuñado de Julio Romero de Torres, y a Ricardo de Montis, como posibles referentes. Ambos tienen descripciones de la plaza de La Corredera.

Fue muy importante para Pío Baroja el conocimiento de dos personajes, Rogelio Luque, personaje importante de la cultura cordobesa del primer tercio del siglo XX, que bien pudo ser mencionado con nombre figurado en la novela ‘Los visionarios’, la cual finalizó el autor en 1932. Fue fundador de la librería que lleva su apellido en Córdoba, editor, especialista en esperanto y promotor de alguna revista en la que colaboró Pío Baroja.

El relato titulado Águeda, como colaboración en la Revista Popular en el número 1, de noviembre de 1925, tenía a Rogelio Luque como referente y muestra la delicadeza con que trata el tema de una mujer que ve cómo pasa el tiempo y se va marchitando su belleza, sin que alrededor reparen en ello suficientemente. Contradice así la fama de persona misógina, que no valora bien a las mujeres; ello tal vez por una relación poco cordial con su hermana Carmen, a la cual llegan ambos a referirse.

La relación con Francisco Poyatos, almeriense de origen, residente largo tiempo atrás en Córdoba y magnífico jurista en las tres vertientes de magistrado, fiscal y abogado, pudo tener sus inicios a finales de los años veinte en la ciudad; Pío Baroja culmina su novela ‘Los visionarios’ en 1932 y coincide en el exilio parisino del Colegio de España con él, Alcalá Zamora y el filósofo Xavier Zubiri. Afortunadamente se conserva el testimonio de la relación con anécdotas muy simpáticas que rompen con la idea de que Pío Baroja era difícil de tratar. Francisco Poyatos López fue autor de ‘Recuerdos de un hombre de toga’, en 1979, y que se encuentra agotado en las librerías.

‘LA FERIA DE LOS DISCRETOS’ (1905)

Quintín García Roelas es el retrato del vividor, de sólida formación en Inglaterra, que ha previsto hacer su agosto ante la ceguera del pueblo llano, que está gobernado por un bandolero de finos modales, Pacheco. Completa el cuadro un grupo de masones que se mueven en el plano teórico.

Se relaciona con unos y con otros hasta ganar su confianza, que le servirá para apoderarse del dinero recaudado para la algarada callejera. La novela no es un portento en cuanto a la técnica, por más que las descripciones sean muy minuciosas, como corresponden a un médico -Pío Baroja- con muchas prácticas de laboratorio y que todo lo observa. Además, permite a través de los lugares donde se desarrolla la acción conocer muchas calles de Córdoba, comprobar cómo en una tertulia desarrollada en la Relojería Suiza se enfrentan las posiciones en torno a qué hacer ante la evidente decadencia que da lugar a una generación de escritores en 1898 y que también recibió el nombre de la ‘Generación del Desastre’; frente al espíritu europeo del relojero Springer, que defiende europeizar a España.

El personaje sufre una decepción cuando vuelve a la ciudad y le da calabazas la mujer de la que se había enamorado.

La novela es un muestrario de referencias al callejero cordobés, por la naturaleza aventurera del protagonista como personaje-guía, que tiene como núcleo fundamental la zona de la Axerquía en torno a La Corredera, Espartería, Pedro López, Santiago, San Pedro y Ribera, aunque también aparece la Mezquita, la zona del Centro y otras como Campo de San Antón y Matadero. Actúa el personaje como toda aquella persona que vuelve a un lugar para rescatar imágenes y recuerdos y ya nada era como antes: «Quintín trató de reconstruir la infancia. Recordaba haberla pasado en una casa de la calle de Librerías, próxima a la de la Feria y a la cuesta de Luján, y fue a ver la casa. Estaba en un ángulo entrante de la calle; era una casita de color de rosa, con una platería en el piso bajo, dos balcones grandes, de mucho vuelo, en el principal, y encima de ellos dos ventanucos rectangulares. Sobre el tejado se asentaba una azotea diminuta, con una cerca de mampostería». El personaje se define: «Afortunadamente, para ti, eres un gran farsante».

‘LOS VISIONARIOS’ (1932)

Es una novela que no ha tenido continuidad en las ediciones, ya que se produce un paréntesis largo entre la primera y la última (solamente tres ediciones, la última en 1974). Actualmente sólo se puede encontrar en librerías de viejo con un precio no muy asequible para el bolsillo.

Tiene por visionarios a personajes que pasan por iluminados sometidos a fuertes contradicciones. La novela tiene una temática amplia que va desde vivencias en el País Vasco, el caciquismo, el bandolerismo, el flamenco, el habla andaluza, hasta la Mano Negra... Las opiniones originan una gran controversia, que bien puede ser la razón de la falta de continuidad y que apenas sea conocida en Córdoba. Es la ciudad y parte de la provincia tratada entre las páginas doscientas veintiocho y la trescientos doce (final). Una frase es elocuente: «Esta burguesía andaluza es cursi, provinciana -dijo Fermín-. Todos esos grandes aires de señor son cosa pasada, que no hacen efecto en nadie. El pueblo tiene indudablemente aquí más gracia que la gente rica».

UNA JORNADA ABORDA LA FIGURA DEL ESCRITOR

Pío Baroja mantuvo una relación continuada durante mucho tiempo con Córdoba desde principios del siglo pasado hasta 1932. Continúa relacionado indirectamente a través de la convivencia y amistad con el prestigioso jurista Francisco Poyatos López y su esposa, así como con Niceto Alcalá Zamora, en el exilio del Colegio de España de París. Ahora se cumplen ciento cincuenta años de su nacimiento, para lo que se ha organizado una jornada que se desarrollará en sesiones de mañana y tarde el 15 de diciembre en la Biblioteca Viva de al-Andalus en su sede del Bailío. Tanto instituciones como entidades colaboran en el desarrollo de la jornada (Ateneo de Córdoba, Ayuntamiento, Diputación, Real Academia y Universidad). La exposición cuenta con la ayuda de Rafael Ruiz (Biblioteca Central), Manuel Patiño (Depapel Ediciones) y Ricardo González (Utopía Libros) y la participación sucesiva como ponentes de María Jesús Viguera, Matilde Cabello, Juan Pérez Cubillo, Ángel López Alegre y Francisco Jiménez Ruedas. 

Paco Serrano pondrá la nota musical con la guitarra flamenca en concierto al final de las sesiones, que se desarrollarán en jornada de mañana, de 11.00 a 13.45, y de tarde, entre las 17.00 y la clausura a las 19.45. Girarán en torno a aspectos generales sobre Pío Baroja, ‘La feria de los discretos’, ‘Los visionarios’ y ‘El árbol de la ciencia’.

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