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POESÍA

Volcán de amor

Fernando Sánchez Mayo. CÓRDOBA

Una radiante eternidad cuenta con ser el décimo poemario del cordobés Fernando Sánchez Mayo, que ya había publicado entre otros títulos ‘Un acto mínimo’ (2013), ‘La hierba entre el cemento’ (2013) o ‘Todo es un instante’ (2018). Con este de ‘Una radiante eternidad’ consiguió ser finalista del Premio Fernando Rielo de poesía mística, que agrupa a cuarenta y cinco poemas que resplandecen por su temática espiritual más que religiosa, y ello desde el primero de introducción «Oh ángel para siempre ya mío», donde expresa la exaltación dichosa de acompasarse «en el vaivén del verbo y la inspiración sagrada». Dividido en tres secciones, la primera es «Cuaderno azul de los salmos» y reúne a diferentes salmos que no solo vibran por su estilo salmódico sino también por su cómputo a veces versicular en los que está presente la celebración y la dicha y el bienestar interior: «Por eso vivo en el entusiasmo / y respiro henchido del origen azul que eres Tú». Los diferentes títulos ya anuncian los motivos que originan el poema, los dones que están en la base del agradecimiento, sea este vehículo del deseo, de la belleza, de la alegría o del amor: «Lo sublime está en la emoción con que miro cuanto has creado», «digo que sí, que te amo en las cosas de cada día, / en la simpleza de quien camina / y siente el placer del paseo». Cada poema es emoción, es cántico entusiasta, es placentera complacencia en todo lo creado por cuanto esa creación surge del espíritu y vigoriza el sentimiento.

Es la avenencia con que se exalta todo lo positivo del mundo la que vibra igualmente en la segunda sección precisamente titulada «Una radiante eternidad», con nueve poemas sin título que redundan en el misterio de la luz, de la exultante belleza continuamente proclamada: «Qué sí o qué no debo interpretar / bajo este inmenso azul cielo de tanta armonía». El tono de exaltación, de constancia infinita de una naturaleza agraciada es la respuesta que da el alma ante el Ser Supremo, del cual emergen situaciones ya conocidas en la mística española: «Dónde estas hoy, Amado mío, que no te encuentro», «Te he visto en el brillo intenso de tanta luz / cubriendo el oscuro verdor de las adelfas».

Cuando el lector llega a la tercera sección «Los visitantes», con veintiséis poemas inmejorables, ya ha asimilado que para el poeta la eternidad es la celebración del instante, es comprender que el hombre lleva un espíritu en su interior que comulga con ese otro espíritu universal y se funde con él esperando las mejores perspectivas. Se trata ahora de composiciones breves, de pocos versículos, de tono laudatorio y dialogante compenetración: «Repite, repite esa sentencia, / pues sabes que quiero vivir allí / en el siempre eterno fulgor del tiempo». El lenguaje cuaja en versos emocionados que describen la ilusión, la esperanza soterrada, la beatitud pacífica, el instante enardecido de clamor: «¿Qué signo he de entender / en la multiplicación de la luz / cuando un pájaro vuela delante de mis ojos / y va a posarse en las alturas de la mañana?». La superación, los bienes alcanzados, la luz que irradia de las alturas infinitas, en fin, un compendio de felicidad es «quien desde el blanco alféizar / ha soplado desde este ínfimo territorio / haciendo de mí un hombre nuevo sobre la Tierra». Gozo, aclamación inusitada, vértigo de la palabra y pureza de la luz, todo ello conmueve al hombre y lo lleva a la felicidad, que no es otra que sentirse vivo y poder proclamarlo en versos saturados de belleza y candente emotividad, «Pues puede que un ángel venga a salvarnos del frío / con su claro fulgor fosforescente».

‘Una radiante eternidad’.

Autor: Fernando Sánchez Mayo

Editorial: Cántico (Córdoba 2020)

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