ENTREVISTA | Eduardo Moyano Ingeniero agrónomo y sociólogo

«La reivindicación forma parte de la cultura de las organizaciones agrarias»

«En el mundo agrario se está atravesando ahora una coyuntura muy compleja», afirma

Eduardo Moyano ha recibido la encomienda de la Orden Civil del Mérito Agrario del Ministerio de Agricultura.

Eduardo Moyano ha recibido la encomienda de la Orden Civil del Mérito Agrario del Ministerio de Agricultura. / A.J. González

Rafael Valenzuela

Rafael Valenzuela

El Ministerio de Agricultura le ha concedido un reconocimiento por «su extraordinaria labor a favor de la agricultura de nuestro país». ¿Qué supone para usted recibir esta distinción?

Es un reconocimiento a una trayectoria de casi cuarenta años de estudios sobre la agricultura, la economía, la política agraria y está muy relacionado también con todas las políticas desarrolladas por el Ministerio de Agricultura, en sus distintos periodos, con distintos ministros, con lo cual para mí, como persona que viene del mundo académico, es una satisfacción porque es reconocer que el trabajo que se hace desde el mundo académico tiene incidencia en las políticas públicas.

De todas formas, no es la primera vez que un Gobierno le reconoce sus méritos, porque usted ya es poseedor de la Orden del Mérito Agrícola de Francia. En España ha llegado 20 años después.

Yo siempre digo que nunca es tarde si la dicha es buena. También es verdad que en Francia hay una tradición de que las órdenes del mérito agrícola suelen ser habitualmente reconocidas en el mundo académico desde hace muchísimo tiempo. Forma parte de la cultura francesa.

Usted está especializado en investigar sobre las organizaciones agrarias y su función en relación con las políticas agrarias. ¿No?

Sí, es así. Desde que hice la tesis doctoral hace más de cuarenta años, que la hice sobre la transición democrática en la agricultura y el paso de las antiguas cámaras agrarias y hermandades de labradores a las nuevas organizaciones profesionales agrarias, esa línea de investigación me ha acompañado durante todo este tiempo.

Las organizaciones agrarias son muy activas, siempre están en lucha, pero ¿cree que son lo suficientemente tenidas en cuenta sus opiniones en la planificación de la política agraria?

Yo creo que son fundamentales. Las organizaciones agrarias no solo reivindican y defienden intereses, y hacen bien, sino que también prestan servicios a los agricultores. Son un eslabón fundamental no solo en la formulación de las políticas agrarias sino en su aplicación en el territorio. De hecho, en el actual Plan Estratégico Nacional que da lugar a la reforma de la Política Agraria Común, que se inicia ahora el 1 de enero, el papel que han tenido las organizaciones agrarias ha sido fundamental. Han participado directamente en un montón de mesas sectoriales y reuniones con el ministerio. En resumen, sin organizaciones agrarias difícilmente la política agraria podría ejecutarse con seguridad de tener éxito.

Sin embargo, se quejan de que no se les escucha, o quizás sea que no se les escucha lo suficiente en algunas cuestiones.

Bueno, la queja, la reivindicación forma parte de la cultura de las organizaciones agrarias de carácter sindical. Pasa siempre. Para las organizaciones agrarias y sindicales nunca es suficiente lo que se consigue en las mesas negociadoras y, por lo tanto, hacen bien en reivindicar constantemente más y más.

También últimamente, y en Andalucía, tenemos un ejemplo reciente con la sequía, se crean comités de expertos. Como supongo que usted habrá estado en alguno de ellos, ¿qué peso tienen en las decisiones que toman las administraciones?

Hombre, la sensación que tengo en los comités de expertos en los que he participado es que cuando se nos llama es porque se tiene voluntad de escuchar la opinión de los expertos. Yo, la experiencia que tengo es que siempre se nos ha escuchado, siempre se nos han pedido informes, estudios, que luego, en el ámbito de la formulación de las políticas públicas, se consideran, porque no siempre es la opinión de un experto, sino de muchos, y al final la política pública tiene su complejidad a la hora de implementarse. Yo creo que sí, que la opinión de los expertos sí se tiene en cuenta.

A veces se dice que los agricultores están siempre quejándose, pero ahora parece la situación está realmente mal. ¿No?

Sí. Ahora mismo se está atravesando una coyuntura muy compleja, tanto a nivel internacional como climatológico. A nivel internacional, con el tema de la guerra de Ucrania, con los problemas de abastecimiento, la subida de los costes energéticos y, todo eso, acompañado de una sequía que es bastante dura y eso afecta bastante a los agricultores, con lo cual yo creo que en este momento la situación del sector es muy preocupante. También es verdad que cuando hablamos del sector agrario nos referimos a muchos sectores agrarios, hay cultivos y subsectores que están afectados mejor o peor por parte de esta coyuntura compleja. Hay agricultores que tienen explotaciones muy modernizadas, tecnológicamente muy eficientes, y que están en condiciones de hacer frente mejor que otros a la coyuntura complicada de ahora. En general se puede decir que el sector está pasando una coyuntura complicada, pero que dentro de él no todos los agricultores la sufren igual.

Usted también ha trabajado en materia de desarrollo rural. Y ahora una de las facetas en las que más se están volcando las políticas no solo nacionales, sino globales, sobre todo, los fondos de Recuperación es en el desarrollo rural y en la lucha contra la despoblación. ¿Cuáles cree usted que son los asuntos fundamentales a resolver para garantizar el futuro de los núcleos rurales?

Bueno, lo primero es que el tema de la despoblación rural hay que situarlo en un contexto general de declive demográfico, que afecta no solo a zonas rurales sino también a zonas urbanas. Hay muchas ciudades y barrios que se están quedando también desiertos. Es verdad que al mundo rural le afecta de una manera muy especial y también es verdad que dentro del mundo rural hay muchos mundos rurales. Hay municipios que no pierden población, sino que ganan, como son las cabeceras de comarca y otros de los territorios rurales profundos que pierden. Ahí, posibilidades de afrontar este problema... Hay posibilidades a través de muchas acciones públicas y yo creo que una de las fundamentales es la digitalización del medio rural. Así como en los años sesenta del siglo XX la electrificación rural era uno de los grandes objetivos, es decir, que ningún pueblo estuviera sin luz eléctrica, ahora es muy importante que ningún municipio rural esté sin acceso a internet, porque abre posibilidades de negocio y de instalación de gente joven.

En Córdoba tenemos un ejemplo de desarrollo sostenible vinculado al medio agrario que está funcionando muy bien, que es Covap. ¿El cooperativismo es una buena alternativa como propuesta de desarrollo rural? 

El caso de Covap es un caso especial. No tiene comparación con otros territorios rurales. Aquí han confluido una serie de factores sociales, culturales, históricos, que explican lo que es el caso de Covap, que no es comparable con otros modelos. El cooperativismo es un modelo que puede ser interesante para el desarrollo en algunas zonas rurales, pero no siempre el cooperativismo puede aplicarse como un modelo a copiar de unos territorios a otros. Cada zona tiene su propia singularidad. De hecho, hoy día, hay municipios rurales que tienen un cooperativismo pero muy disperso. Por ejemplo, municipios que tienen tres o cuatro cooperativas que compiten entre sí y no son capaces de dar el salto hacia una cooperativa de mayor escala, con lo cual, digo, el cooperativismo es un buen instrumento pero siempre que vaya acompañado de una buena eficiencia organizativa y de un aprovechamiento de economía de escala que no siempre se da en el medio rural.

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