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Diario Córdoba

REPORTAJE

Las residencias de ancianos de Córdoba superan el duelo

La pandemia no solo no ha reducido el número de mayores que ingresan en los centros sociosanitarios cordobeses sino que muchas personas que afrontaron el aislamiento en soledad se han animado a solicitar plaza

La directora de la residencia Vitalia Guadalquivir y una de las trabajadoras conversan con un grupo de usuarias en el salón. MANUEL MURILLO

Dos años y medio después de aquel fatídico día en que recibieron la noticia de que todos debían permanecer aislados en sus habitaciones (todos recuerdan el shock que les produjo), los usuarios de las residencias de mayores de Córdoba que han sobrevivido a la pandemia viven ahora una etapa de superación del duelo en la que, sin olvidar lo que pasaron, han logrado recuperar la alegría que el covid les arrebató.

Según Rosa Rico, directora de la residencia Vitalia del Guadalquivir, ese es el objetivo con el que trabajan cada día. «Existe un porcentaje de usuarios que sufrían distintos niveles de demencia a los que el covid no les ha afectado, pero sí presentan importantes secuelas psíquicas por la falta de estimulación social y que les provocó primero el confinamiento y después los periodos de aislamiento derivado por los contagios». Los que estaban mejor a nivel cognitivo, han logrado superar la tragedia que vivieron: «Fue muy triste y doloroso para todos, era como entrar en una película de guerra, como vivir en un hospital de campaña», recuerda consternada.

Afortunadamente, basta entrar a cualquier residencia para ver que las cosas han cambiado mucho desde entonces. Las mascarillas ya solo se ven en las caras del personal. Para los profesionales, «son un elemento que ha venido para quedarse porque se ha demostrado que reducen al mínimo los contagios entre los mayores no solo del covid sino de la gripe y otros virus, por lo que es razonable que se mantenga la medida para los trabajadores y no para los mayores porque para ellos esta es su casa».

Un usuario lee el diario.

Un usuario lee el diario. MANUEL MURILLO

Aunque Salud anunció que el 26 de septiembre empezaría a administrarse la cuarta dosis de la vacuna en las residencias, en los centros aún no tienen constancia oficial de cuándo será su turno, pero están preparados para cuando les toque. «Bienvenida sea la vacuna que tanto bien ha hecho», afirma una trabajadora de la residencia, coreada por varias usuarias. Según Rico, la eficacia de la vacuna ha quedado constatada. «Desde que se empezó a administrar, no hemos tenido ninguna baja por coronavirus en la residencia». Antes sí que las hubo. «Eso fue lo más duro y por eso este verano hicimos un acto de homenaje muy emocionante dedicado a los compañeros que se fueron, vinieron a visitarnos sus familiares y pasamos un día todos juntos muy bonito», recuerda. 

En Vitalia Guadalquivir, han aprendido a digerir lo que vivieron hablando del bicho cuando surge la conversación y retomando las actividades grupales, desde fiestas a salidas para ver los patios, ir a la feria o a la piscina. 

La calidez y el contacto humano han vuelto a los centros.

La calidez y el contacto humano han vuelto a los centros. MANUEL MURILLO

Con lista de espera, la entrada de nuevos usuarios no ha cesado. Entre ellos, María Rojas, que ingresó el pasado 28 de julio por voluntad propia. «Lo decidí yo porque mis hijos están trabajando y yo tengo muchos dolores, varias operaciones y quería estar acompañada porque la soledad es muy mala», confiesa, «ellos vienen siempre que pueden, pero yo aquí estoy fenomenal, son todas muy simpáticas y cariñosas (las compañeras y trabajadoras)». No se contagió de covid, pero el aislamiento le hizo mella. «Prefiero estar en compañía». No es la única que ha elegido vivir en la residencia. «Más que miedo al covid, los mayores que vivían solos tienen miedo a la soledad», afirma la directora.

En la residencia de La Trinidad, Rosa Hernández, además de la mascarilla se mantienen las restricciones en el acceso a las habitaciones. Según su rectora, «la norma es muy ambigua, pide que los centros sean abiertos y hagamos muchas actividades y a la vez que evitemos contagios y brotes». Encontrar el equilibrio no siempre es fácil. En La Trinidad no ha habido ni una sola baja por covid. «Tuvimos dos brotes este año, los primeros, pero todos tenían ya las tres dosis de la vacuna y lo pasaron con síntomas leves». Rosa coincide en que el aislamiento, más que el virus, ha dejado secuelas en muchos mayores y en que la situación ha dado un giro de 180 grados. De todo lo vivido, se queda con «la lección que han dado los profesionales por los enormes sacrificios que han hecho para proteger a los usuarios, la sociedad no es consciente», concluye.

Sin personal de enfermería y justos de auxiliares

Las residencias de mayores afrontan esta etapa nueva con un grave problema del personal. «Cuando ha habido un brote, con contagios de usuarios y trabajadores hemos tenido problemas para sustituir o reforzar la plantilla, por lo que recurrimos a los auxiliares de enfermería y de farmacia», comenta Rosa Rico, directora de Vitalia Guadalquivir, «pero el problema sigue sin resolver». 

La situación no es exclusiva de un centro, se trata de un problema endémico que afecta a todos. Según Rosa Hernández, directora de la residencia de La Trinidad, «es imposible encontrar enfermer@s porque el convenio de los centros sociosanitarios tiene unos salarios más bajos que los del SAS y la gente prefiere irse allí, donde además tienen la posibilidad de estar en distintos departamentos». Se apañan con algunas enfermeras jóvenes que trabajan en hospital y lo combinan con unas horas en residencias. «En el verano, el problema se agravó porque Salud contrató a muchos auxiliares de enfermería que estaban en residencias y ya no hay ni enfermeras ni auxiliares». 

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