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Diario Córdoba

Día Internacional del Orgullo Lgtbi+

El colectivo Lgtbi+ de Córdoba pide consolidar los logros alcanzados

Varias asociaciones reconocen los éxitos, pero piden más concienciación | Apuntan las carencias del sistema educativo y los hándicaps presentes

Miembros de la asociación cordobesa Todes transformando. A.J. GONZÁLEZ

Los avances no son imperecederos y los logros hay que trabajarlos día a día. Con esta frase podría resumirse el sentir de todas las personas que integran el colectivo Lgtbi+ en Córdoba. Varias asociaciones consultadas por este periódico ponen sobre la mesa las necesidades de un colectivo que, ni mucho menos, lo tiene todo conseguido. Un colectivo, además, integrado por diversas realidades, cada una de ellas con unas aspiraciones distintas. El próximo martes 28 de junio se celebra el Día del Orgullo en todo el mundo, una efeméride que bebe de los disturbios de Stonewall, ocurridos a finales de los años 60 del siglo pasado en un Estados Unidos donde se perseguía a los homosexuales con el beneplácito del gobierno. Desde entonces y hasta hoy los logros son innegables, la igualdad plena, una quimera.

«Desde niños todos hemos visto películas de Disney con muchas historias y sin problema ninguno. Llega Lightyear, en pleno siglo XXI, y la película se prohíbe en 14 países y en otros se advierte que contiene escenas relacionadas con la ideología de género». La frase la pronuncia José Carlos Ruiz, integrante de Aleas Córdoba, que hace referencia al tema de moda de esta semana. En la película que cita, de animación, salen dos mujeres dándose un casto beso que ha puesto de relieve todo ese camino que aún queda por recorrer.

«Somos un poquito más libres», reconoce Ruiz, que aun así asegura que una persona del colectivo, en una ciudad como Córdoba, todavía corre «cierto peligro». El activista apunta que los delitos de odio por lgtbifobia han crecido en los últimos años y apunta a una experiencia propia en la que le gritaron «te vamos a reventar la cabeza por maricón de mierda». En el juicio no pudo quedar constatado que quien profirió esa frase la dijera «y todo se quedó en 100 euros a pagar por una denuncia por amenazas».

Ruiz recuerda que esa libertad que se puede respirar hoy en día en las ciudades todavía no es tal en el mundo rural, «no podemos basarlo todo en nuestra experiencia», apunta, para definir esas distintas realidades. Cree, además, que en la actualidad están presentes discursos de ciertos partidos políticos que lo que hacen es «echar gasolina al fuego», lo que se une «a un sistema educativo con muchas carencias» que frena una libertad plena.

El activista por los derechos Lgtbi+ e integrante de Aleas Córdoba, José Carlos Ruiz. A.J. GONZÁLEZ

En su discurso, Ruiz aboga también un por un Orgullo «crítico» porque «hay muchas formas de ver el Orgullo», pero el que se muestra, el que sí sale en la televisión, es una fiesta «mercantilizada» donde entiende que las empresas se aprovechan de una causa noble para sacar rédito, perdiéndose así el trasfondo de la lucha, que es el que debe imperar.

«Sigue quedando mucho»

Las mismas carencias del sistema educativo que señala Ruiz también las pone sobre la mesa la presidenta de Todes Transformando, Carmen Ceballos, activista incansable por los derechos de las personas trans. Por la asociación que lidera han pasado a lo largo de estos años más de 300 familias solicitando una información que no encontraban por otros cauces. Lo mismo ocurre en los centros educativos, recuerda Ceballos. Tanto es así que es la propia asociación la que da talleres de formación on line al profesorado para que sepa qué hacer y cómo comportarse si en sus clases hay algún chico, chica o chique trans.

Pese a reconocer que «aún sigue quedando mucho por hacer», la presidenta de Todes Transformando sí cree que durante estos últimos años se ha avanzado mucho. «Al principio íbamos a leer el manifiesto por el Día del Orgullo y había tres personas», rememora Ceballos, que tampoco se olvida de la Ley para la Igualdad real y Efectiva de las Personas trans y para la Garantía de los Derechos de las Personas Lgtbi, más conocida como la ley trans. «La propuesta es buena», reconoce, pero cree que se le están poniendo «muchos obstáculos» y que «se está retrasando más de lo que corresponde».

«Un entorno hostil»

Una visión del colectivo que no se tiene en muchas ocasiones la aporta David Junquera, integrante del Club Deportivo Indea, el primero de Andalucía en formar parte de la plataforma nacional Agrupación Deportiva Ibérica (ADI), en la que están unidos deportistas gays, lesbianas, bisexuales y transexuales de toda la península. La clave, detalla Junquera, es «entender el deporte no solo por la competición, sino como una herramienta de integración», sobre todo teniendo en cuenta, como reconoce, que en ocasiones el ámbito deportivo puede ser «un entorno hostil».

«Sabemos que es un entorno complejo y con iniciativas como ésta se puede dar visibilidad para que, por ejemplo, los niños lo incorporen a su realidad», detalla Junquera, que reconoce que hay niños que pueden llegar a abandonar sus actividades deportivas por no sentirse integrados, «ahí estamos nosotros». 

La orientación sexual como causa de discriminación

Una encuesta realizada por el Ministerio del Interior sobre delitos de odio (toda infracción penal donde la víctima, el lugar o el objeto de la infracción son seleccionados por su conexión, relación, afiliación, apoyo o pertenencia real o supuesta a un grupo basado en la raza, origen nacional o étnico, idioma, color religión, edad, minusvalía física o mental, orientación sexual u otros factores) pone de relieve que los principales motivos discriminatorios son orientación sexual o identidad de género (35,47%), sexo/género (27%), ideología (22,88%) y racismo/xenofobia (20,14%).

A dicha encuesta, publicada en junio del año pasado, contestaron personas que habían sido víctimas de delitos de odio. La mayoría de los encuestados eran hombres de entre 26 y 40 años, nacidos en España y con estudios universitarios. Teniendo en cuenta todos los delitos de odio, la encuesta revela que más del 89% de las personas que fueron víctimas de estos hechos no denunciaron ante la Policía. ¿Por qué no lo hicieron? A esto también responde el estudio: se pensaron que la Policía no les tomaría en serio, desconfiaban de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, creían que la Policía no les iba a entender o tenían miedo a las represalias que pudiesen venir por parte del agresor.

La misma encuesta revela que los delitos de odio se producen, principalmente, en vías o lugares públicos, son cometidos por dos o más personas, la mayoría, hombres. Además, el agresor suele ser desconocido. Todas las respuestas, explica el Ministerio del Interior, servirán para confeccionar el segundo Plan de acción de lucha contra los delitos de odio.

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