El médico de familia Vicente Bermúdez, el paciente que más tiempo ha estado ingresado en Córdoba debido a la pandemia del coronavirus, 310 días en total, con el espíritu de deportista que le ha acompañado toda su vida, continúa afrontando su recuperación, como él mismo señala en una conversación con el hospital Reina Sofía, centro en el que estuvo hospitalizado. Cuando estaba en el hospital, su hermano le regaló una pizarra para que fuera anotando los pequeños retos conseguidos (poder levantarse del sillón, afeitarse o comer solo), como estímulo para afrontar las graves complicaciones que tuvo que asumir. Esa pizarra le sigue acompañando en su casa, para anotar las metas que va logrando, fruto de su propio esfuerzo, del apoyo de su familia, amigos y profesionales sanitarios que les siguen prestando su asistencia.

En la uci del Reina Sofía permaneció este facultativo siete de los diez meses que estuvo en total ingresado. En el hospital cordobés pasó este doctor toda la primera y segunda ola de la crisis sanitaria, así como el inicio de la tercera. El 20 de agosto salió de la uci y pasó a planta, pero un mes después tuvo que volver por una nueva neumonía. Como apunta su mujer, María Carmen Ruiz, hasta tres veces le tuvieron que abrir la traqueotomía para intubarlo. La mujer y las hijas de Vicente pasaron muchos meses en un sinvivir, de estar pendientes todos los días del teléfono para conocer la evolución, con el miedo más de un día, sobre todo durante la etapa del confinamiento, de que la llamada fuera para comunicar un triste desenlace. El proceso ha sido una montaña rusa, con subidas y bajadas, resalta la esposa de Vicente.

La familia de Vicente está toda dedicada a la medicina, pues también son médicas su mujer y sus dos hijas, Mercedes y María del Carmen, expone el Reina Sofía. Precisamente, cuando Vicente ingresó María del Carmen hija acababa de presentarse al examen MIR y tenía pendiente escoger especialidad, que había decidido fuera medicina intensiva. Los conocimientos que poseía esta familia de médicos les permitieron saber en todo momento la gravedad del estado de salud de este doctor, pero también sus avances.

Vicente relata que acudió al Reina Sofía por primera vez al notarse que su oxígeno había bajado por debajo de 90, que presentaba como un síndrome gripal intenso y muy fatigado. Destaca que uno de los momentos más duros fue cuando supo, después de llevar tiempo hospitalizado, que sus riñones no podían funcionar por sí mismos, por lo que en el hospital le han informado de que debe hacerse a la idea de que podría necesitar un trasplante, en el caso de que su situación de salud lo hiciera factible. Otra de las muchas consecuencias que el virus dejó en el cuerpo de este médico fue que de cuello para abajo presentaba problemas de movilidad, por un problema de afección neural, pero de ese episodio ya solo le queda una secuela en la pierna derecha.  

De su estancia en la uci, Vicente apenas guarda el recuerdo de las muchas alucinaciones que sufrió y que le generaban mucha ansiedad. Como él mismo indica, el primer recuerdo claro que tuvo fue cuando subió a planta la primera vez y que luego tuvo que volver a bajar, la tensión de las enfermeras, las limpiadoras que entraban al cuarto y, sobre todo, la presencia y el cariño constante de su familia.

El 20 de enero de este año Vicente abandonó el hospital, en un momento de gran emoción, entre aplausos de los muchos profesionales que estuvieron tratándolo y cuidándolo. Su mujer e hijas adornaron la casa para recibirlo y su familia nunca olvidará su cara cuando por fin volvió a su hogar.

Lo imprevisible de la vida, en este caso como consecuencia de una pandemia, truncó la vida y la profesión de este médico en el centro de salud del Aeropuerto, pero él sigue empeñado en seguir superando retos y encontrarse cada día mejor, dedicando a ello un 200% de esfuerzo diario.