Le va de lujo. Llevaba tanto tiempo buscando la buena senda que ahora qua la ha encontrado no la quiere soltar. Pelea por su suerte con una furia increíble. No peca de sobrado y ese es uno de sus grandes valores. Si hay que correr, se corre; y si hay que meter el codo, también. Los números hablan y el equipo desprende sinceridad. Es lo que hace. Por si a alguien se le había olvidado, el propio Córdoba CF se encargó de recordar a su gente -a los incondicionales, a los advenedizos y hasta a los profetas del apocalipsis- que estuvo tan mal que casi no lo lo cuenta. "No hace tanto, encender la luz del móvil no era gracioso. Era para ver. Es importante recordar de dónde venimos para saber a dónde queremos llegar. Por los de siempre, los que no nos dejaron morir", dejó escrito la entidad a través de su perfil oficial en Twitter. El valor de las cosas lo marca la perspectiva.

Horas después volvía a El Arcángel para dar un paso más en el camino hacia la redención. Victoria. La décima enlazada en partido oficial ante su afición, que asiste con más orgullo que euforia a la enésima resurrección de su equipo. El inmortal sigue ahí, bailando como Fred Astaire mientras caen bombas a su alrededor. Sus circunstancias distan mucho de ser las ideales -ya lo recordó Javi Flores, con la sincera crudeza de un capitán, tras el título de Copa RFEF-, pero el cordobesismo tiene todo el derecho a sentirse feliz.

Le salen los planes, lo que supone un motivo de asombro y alborozo en una institución habituada a moverse a arreones, huidas hacia adelante y cursos prácticos de improvisación a los que suele llamar pomposamente "proyectos". Ahora todo el mundo lo tiene clarísimo: no hay futuro si no se resuelve este irritante presente. Y es lo que está haciendo con un equipo que lleva firma de autor. La de Juanito, que lo construyó, y la de Germán Crespo, que lo está exprimiendo con una pericia formidable. 

El granadino controla como un Ferguson en las categorías de barro. Contra el mejor equipo defensivo de la Liga, un Mérida invicto en sus viajes, salía sin el dúo que le proporcionaba más de la mitad de sus goles. No estaban De las Cuevas ni Willy. Todos esperaban a Casas, pero salió por primera vez de delantero centro Adrián Fuentes y rompió el partido. El rambleño entró después para sumarse a la fiesta. La alquimia de Germán no encuentra antídoto.