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Tribuna abierta

Viva el teatro

Las artes escénicas dejan huella cuando somos tratados como adultos y no como mirones

 

Viva el teatro -

En los cinco años que estuve en el Gran Teatro como representante del Movimiento Ciudadano entre dos corporaciones municipales distintas aprendí a amar el teatro con verdadera pasión, porque las artes escénicas dejan huella cuando somos tratados como adultos y no como simples mirones de un espectáculo sin más, porque el buen teatro es el que consigue que los espectadores se sientan ciudadanos libres.

En la casa madrileña de la calle Goya de Madrid donde vivió Federico García Lorca en 1935 podemos encontrar un escrito donde el poeta y dramaturgo nos dice que para él el teatro es el espacio y el tiempo de la risa y del llanto, donde hombres honestos exponen virtudes públicas a través de una representación, que expresa la grandeza del arte teatral.

Porque no deberíamos concebir el teatro como una actividad de ocio sin más, sino que está intímamente relacionado con las experiencias de la vida sin fronteras entre lo que hay dentro y lo que hay fuera de él. El teatro no es un lugar para pasar un rato, como tampoco debería ser asistir a una sesión de cine, sino la forma de decir verdades y preguntarse por los misterios de la vida que surge de una imperiosa necesidad de romper los muros de la vida cotidiana, de las convenciones sociales, de las coerciones de lo politicamente correcto y de los miedos.

El Teatro entendido como terapia, que el espectador debería vivir como una auténtica catarsis, como profilásis de las neurosis públicas.

Hacer teatro es mucho más que subirse a un escenario, representar una obra durante poco más de una hora y seguir la vida normal, sino que toda obra teatral que se precie debe ser irónica, fresca y liberadora, transgresora e irreverente, que es lo que han conseguido los clásicos, como las Luces de Bohemia de Valle- Inclán, o La entretenida de Cervantes, o las puestas en escena de La Fura dels Baus con su Boris Gudunov o Els Joglars con su Retablo de las maravillas cervantino.

Nuestra pasión por el teatro viene porque es un arte que refleja como un espejo las mutaciones que tienen lugar en el seno de la sociedad en la que vivimos, es magia porque es único e irrepetible en cada representación, formando parte de la cultura como algo vivo. La fuerza del teatro viene dada por su raíz rebelde y crítica, consiguiendo conectar con las vivencias más íntimas del ser humano.

Los ciudadanos de Córdoba pueden disfrutar de varias salas teatrales entendido como servicio público, donde cada 27 de marzo celebramos el Día Mundial del Teatro, pensando que nunca dejará de existir a pesar de los agoreros que nos hablan de su erradicación social. Por el contrario somos muchos los que creemos que está más vivo que nunca, dotado de una fuerza singular que acaba por desvelarnos lo que desconocemos de nosotros mismos pero que queremos saber, el lugar privilegiado desde donde denunciar las corrupciones múltiples y las viejas morales.

Unos ciudadanos que salen de sus casas, compran una entrada y sentados en el patio de butacas o en el paraíso desean que les cuenten historias cercanas, quieren escuchar lo que otros tienen la necesidad de contarles. Dejarse llevar por la poderosa magia de la ficción.

El futuro del teatro está asegurado dada la creciente afluencia de nuevos públicos, sobre todo jóvenes, que asisten a las representaciones y a los conciertos, siempre que sean novedosos, vanguardistas y tengan algo que decir desde la creatividad innovadora puesta al día. El Gran Teatro y el Teatro Góngora son espacios donde se representan situaciones irrepetibles que son lugares donde disfrutar del arte escénico. Es un motivo de reunión para que las gentes se cuenten cosas, en forma de drama, de comedias o de canciones, como un hablar de lo que nos pasa y nos interesa.

El Teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana, indicaba Lorca en Así que pasen cinco años. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. Los personajes que aparecen en escena deben llevar el traje de la poesía y a la vez que se les vean los huesos y la sangre. El buen teatro, sostenía Darío Fo, tiene que ser una mezcla armónica de arte, divertimento, comunicación y vida.

* Profesor

Opinión

Respeto interesado

Juan M. Niza

La Ciudad de la Justicia

Isabel Ambrosio

Dar las gracias

Cristina Pardo

El arte de la taxidermia

Luis Mendoza Pantión

Un arma en el bolsillo

Raúl Ávila

Fraude independentista

Francisco Dancausa

Angjelina Belaj

Diario Córdoba

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