JOSE LUIS Casas 11/02/2014

El 19 de noviembre de 1931, durante los debates parlamentarios de las Cortes Constituyentes de la II República, tuvo lugar uno dedicado a la Acusación contra el rey Alfonso XIII, a fin de dictaminar su posible responsabilidad en el golpe de Estado de Primo de Rivera y, en consecuencia, en el régimen dictatorial que le siguió. Fueron bastantes los diputados intervinientes, pero por citar solo a los más conocidos, baste recoger los nombres del conde de Romanones (Alvaro de Figueroa), Angel Ossorio, José M Gil Robles, Niceto Alcalá-Zamora y Manuel Azaña. Este último, en su condición de presidente del Gobierno, cerró las intervenciones, que finalizaron con la aprobación de una sentencia donde se consideraba a Alfonso XIII "culpable de alta traición" y "fuera de la ley". El rey llevaba varios meses fuera de España, pero como recordó Azaña, con aquel fallo las Cortes le daban valor jurídico a lo acontecido el 14 de abril. Durante el debate Gil Robles había traído a colación el tema de la irresponsabilidad del jefe del Estado, fuese la forma de gobierno una monarquía o una república, cuestión rebatida por Alcalá-Zamora, que calificó su opinión de "monstruosidad jurídica", pues en 1923 el monarca se colocó fuera de la Constitución, que le reconocía esa inviolabilidad, y al final de su intervención señaló que "el problema de la responsabilidad de los reyes es un torrente para el cual no cabe cauce y no hay más jurisdicción efectiva que la del pueblo", manifestada en abril. Aquel discurso le valió una gran ovación que, como escribió Azaña, fue la antevotación del apoyo que recibiría unos días después para convertirse en el primer Jefe de Estado de la naciente República.

Meses después, el 27 de mayo de 1932, Azaña comentaba en su diario las discusiones en el seno del Gobierno acerca del Estatuto de Autonomía de Cataluña, y señalaba algo que se podría aplicar en la coyuntura actual: "Como siempre, salirse del problema les parece a muchas gentes que es resolverlo". Explicaba luego su intervención sobre el tema en el Congreso de los Diputados, un largo discurso de tres horas, que recibió los parabienes de buena parte de la Cámara, y cuando ya tarde vuelve a su despacho dice que pasó por "un extraño entretenimiento", que no fue alucinación "sino fantasía voluntaria", puesto que mientras observaba su imagen en el espejo entró en su despacho el rey, con quien mantuvo una conversación en la cual este le confiesa que ni es demócrata ni cree en la democracia, a lo cual él le responde: "Ni siquiera eso: no sabe usted lo que es", y después de intercambiar varias frases, la imagen del monarca se desvaneció.

La conclusión de esos hechos, uno real y otro imaginario, es que a Alfonso XIII se le exigió aquella responsabilidad porque no fue capaz de pensar y decidir en términos democráticos al aceptar a Primo de Rivera, cuando además García Prieto, que estaba al frente del ejecutivo, le había pedido su destitución, pero la respuesta real fue que "necesitaba reflexionar". Así fue cómo un rey le abrió paso a la desconfianza popular en la institución monárquica. ¿Se puede comparar con el momento presente? En mi opinión, no, porque hoy en su mayoría se trata de actuaciones de carácter privado, no institucional, inclusive lo relacionado con Cristina de Borbón. Quienes defendemos un modelo republicano no deberíamos centrarnos en ese tipo de cuestiones, sino en otras de mayor calado ideológico, sobre todo porque muchos de quienes ahora salen a gritar contra la familia real son los mismos que la han aclamado en otros momentos, como por ejemplo en sus bodas, y el republicanismo debe ser otra cosa diferente del griterío callejero, dicho esto en el día en que se cumplen años de que en 1873 quedara proclamada por las Cortes la I República española.

* Catedrático de Historia

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9 Comentarios
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09

Por senajo: 21:16. 11.02.2014

También hay muchos "demócratas de toda la vida" que hacían acto de presencia en la plaza de Oriente. Todos tenemos derecho a cambiar nuestras opiniones. Por otra parte cada uno interpreta la historia según criterio.

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08

Por Blas Piñar Gutierrez: 20:58. 11.02.2014

Sr Vetman deje usted en paz al Arte de Cuchares si no le gusta a usted el espectaculo taurino ni hablar del tema,a mi no me gusta el rokandroll y no me dedico a hacer comentario alguno y odio a muerte a los antitaurinos pero no hago comentario alguno de que deberian mandarlos a todos al paredon.

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07

Por EGABRENSEDIASPORA: 20:27. 11.02.2014

La República,como la Monarquía,no son un fin en sí misma,sino medios para lograr una convivencia justa.Respecto al fracaso de la II República,recomiendo a PROMETEO la lectura de las obras de D.Manuel Azaña,causas de la guerra en España y/o Velada en Bernicarlo,así como a Ortega En su famoso artículo"no es esto,no es esto"....

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06

Por PROMETEO: 19:49. 11.02.2014

Comentario nº 5 me sorprende su manera de interpretar la historia. Seguro que solo ha leído a Pio Moa. La primera república fue un fracaso porque los mismos que estaban con la monarquía instauraron este modelo para seguir con sus chanchullos. La segunda república no fue un fracaso, fue un golpe de estado la que acabo con ella, por cierto fallido que termino en guerra civil. No por mal interpretar la historia se tiene razón.

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05

Por EGABRENSEDIASPORA: 19:15. 11.02.2014

Las dos experiencias republicanas en España,se saldaron con serios fracasos.Como muy bien dice el Sr.Casas,comparar la crisis de la monarquía al final de la Dictadura de Primo de Ribera ,con la situación actual de la Monarquía no tiene sentido.

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04

Por Muy simple.: 16:40. 11.02.2014

Solo se revive la historia cuando no se aprende de ella.

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03

Por vetman: 12:57. 11.02.2014

para obtuso: si eso es así dejemos la tauromaquia en los museos de una vez por todas

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02

Por De lo obtuso e idólatra: 10:06. 11.02.2014

Señor José Luis Casas, la Historia está para aprender de ella, y nunca para revivirla.

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01

Por Alumno: 10:04. 11.02.2014

Lástima que a este gran investigador y profesor le hicieron la vida imposible en su etapa universitaria y tuvo que marcharse de la UCO. Una pena que los alumnos nos quedaramos sin este profesional de reconocido prestigio y que no necesita publicar en las editoriales del pesebre. Es un profesor que escribe unas columnas de opinión magnificas. Esta es muy oportuna con lo de la Infanta de Borbón.

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