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Naufraga el proyecto catarí

El equipo de los 400 millones de euros vuelve a caer cuando se mide a un rival de talla

 

Naufraga el proyecto catarí - EFE

Animación entre la hinchada madridista. - AP / AFP/ EFE

LUIS MIGUEL PASCUAL (EFE)
07/03/2018

Cuanto más grande es la apuesta, más dura es la caída. El París Saint-Germain había puesto toda la carne en el asador para ganar la Liga de Campeones, pero tropezó contra el campeón, un fracaso demoledor para el club que más dinero invirtió en el mercado de fichajes.

Los más de 400 millones que pusieron patas arriba el fútbol no fueron capaces de mover las jerarquías establecidas desde hace años. El PSG volvió a estrellarse contra Europa, el mismo muro que le ha puesto los pies en el suelo desde que Catar apostó por club francés.

Tras tanta inversión, en la vuelta contra el Madrid apeló a al épica, a los hinchas más radicales que llenaron de bengalas las gradas, símbolo de la impotencia del sector deportivo.

Por segundo año consecutivo, la ambición del PSG naufragó en octavos de final y, de nuevo, contra un rival español. Si el año pasado fue la remontada del Barcelona la que le privó de la Liga de Campeones, en esta ocasión fue el Madrid, que le dio un baño de realidad.

No le sirve al PSG dominar su liga, aplastar a sus rivales nacionales. No le sirve con fichar a jugadores de talla internacional o de proyección futura. Todo eso fracasa cuando no se testa contra rivales de nivel y en Francia no los encuentra.

Cada vez que el PSG se mide a un rival de talla internacional, se le notan las costuras, la falta de costumbre, de hábito de la alta competición.

Lo advirtió Laurent Blanc hace dos temporadas tras caer derrotado por el Barcelona, «la experiencia no se compra, se adquiere con los años».

Una afirmación que le costó el puesto, porque el presidente, Nasser Al Khelaifi, estaba convencido de que con su talonario podía comprar la gloria.

Con el español Unai Emery en el banquillo pensaba adquirir la mentalidad ganadora que le faltaba a Blanc, pero la remontada del Camp Nou le demostró que necesitaba algo más para conquistar Europa.

Por eso arrebató a Neymar al Barcelona por la astronómica cifra de 222 millones de euros y atajó al Madrid por la compra de Mbappé a cambio de 180 millones más.

Poco más podía hacer desde los despachos y con su talonario. Poco más que constatar que esas recetas no funcionan en el fútbol.

La primera señal de alarma apareció contra el Bayern de Múnich en Alemania en la vuelta de la fase de grupos, donde cosechó una derrota clara. Se despertaron los fantasmas de que el proyecto no estaba rodado ante los grandes.

Una constatación que se confirmó en la eliminatoria frente al Madrid. El PSG tembló desde los cimientos del Parque de los Príncipes, exageró sus reacciones y caricaturizó su actuación.

La lesión de Neymar puso nervioso a cada estamento del club, que multiplicó las actuaciones poco profesionales, enfrascado en una puja de mentiras con la Confederación Brasileña de Fútbol.

Huérfano, incapaz de organizar una respuesta adecuada, acabó desdibujado en la eliminatoria, muy lejos del equipo que muchos situaban como un candidato al título.

CAMPAÑA / La campaña que lanzó para calentar la vuelta contra el Real Madrid no logró trasladarse al campo. Apareció como el último cartucho de un proyecto que ya no sabía a qué dios fiar su suerte. Jugó con fuego y obtuvo fuego. Bengalas en las gradas mientras el Real Madrid se paseaba en el césped del Parque de los Príncipes. El club naufragaba y emergía la cara más fea del fútbol.

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