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CORRUPCIÓN EN EL PP

Nada aquí es "normal"

Rajoy enmarca su declaración por el 'caso Gürtel' dentro de lo ordinario, pero lo ocurrido es absolutamente inusual -- El presidente hace uso de todas sus prerrogativas y la Policía impide que se tomen imágenes de los manifestantes

 

Nada aquí es 'normal' -

JUAN RUIZ SIERRA
26/07/2017

El PP siempre se resistió a que Mariano Rajoy acudiese al juicio del ‘caso Gürtel’, llegando a criticar a los jueces de la Audiencia Nacional por haberse dejado “presionar”, pero cuando ya no tuvo más remedio que aceptarlo, el líder del partido y los magistrados se mostraron de acuerdo en una cosa. Su declaración como testigo, la primera de un presidente del Gobierno en democracia, era algo “normal”. A mediados de abril, cuando le preguntaron cómo afrontaba su comparecencia, Rajoy dijo: “Bueno, con absoluta normalidad. Iré encantado. Este es un acto de pura normalidad”. Su testimonio, argumentó un mes más tarde el propio tribunal en un auto, es un “acto ciudadano que se enmarca en la normalidad democrática”. Porque Rajoy, continuaba el escrito, “no comparece como presidente del Gobierno, sino como un ciudadano español”.

Así que hay que ver todo lo ocurrido este miércoles en un polígono de San Fernando de Henares (Madrid), donde la Audiencia Nacional celebra sus macrojuicios, como algo “normal”.

Las pegatinas grises sobre las alcantarillas cercanas al edificio, indicando que la Unidad de Subsuelo de la Policía Nacional había inspeccionado los acueductos subterráneos para comprobar que no había ninguna bomba, son algo “normal”. También lo es que más de 300 periodistas se desplazaran hasta aquí, con decenas de agentes vigilando un perímetro de seguridad amplísimo, de cerca de cuatro hectáreas, que llegó incluso a impedir que se tomaran imágenes de otro acontecimiento “normal”: un escrache de unas 100 personas que pedía la ilegalización del PP a las puertas de la Audiencia Nacional.

“¡Ladrooones, ladrooones!”
Fotógrafos con varias décadas de experiencia comentaban que nunca les habían impedido así su trabajo. Los propios manifestantes, también sorprendidos, decidieron salir del cordón policial y acercarse a las cámaras. “¡Ladrooones, ladrooones!”, gritaba Sonia Fernández, de 44 años y "víctima" de una hipoteca “fraudulenta”, quien lucha para no ser desahuciada de su piso en Torres de la Alameda (Madrid). “Rajoy tiene mucho que ver en esto. Él es el presidente. Él ha rescatado a los bancos”, dijo.

El líder del PP ya llevaba una hora contestando preguntas, negando el cobro de sobresueldos y la existencia de una caja b elaborada por Luis Bárcenas. Rajoy, cuyo testimonio se basó en que él no se ocupaba jamás de las cuestiones económicas en su partido, había llegado al edificio poco antes de las 10 de la mañana. En lugar de entrar a pie, frente a los focos y escuchando los gritos de los manifestantes, el presidente, en otro gesto “normal”, prefirió hacer uso de una prerrogativa reservada a jueces, fiscales y otros miembros de los poderes del Estado. Entró por una puerta lateral, en coche, a través del garaje del edificio. Fue un movimiento calculado al milímetro para impedir que se captaran imágenes. Delante del vehículo de Rajoy iba otro, que se detuvo justo en la puerta para tapar su ingreso.

Una vez dentro, otro hecho “normal”: el presidente del Gobierno, ese “ciudadano español”, no declaró con la bancada de los acusados a su espalda, como todos los testigos, sino a la misma altura de los magistrados. A su derecha.

Mientras tanto, a un par de manzanas de allí, Juan Carlos Mira, dueño del Mesón Carloss (sic), comentaba lo bien que le había venido al negocio el testimonio del líder del PP. Las consumiciones se habían disparado. “Ojalá viniera aquí Rajoy cada dos o tres días”, dijo. En contra del criterio del presidente del Gobierno, Mira sostuvo que todo esto, de principio a fin, era “extraordinario”.  

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