En la cima del puerto de la Cabra, en Granada, hay un restaurante, y si tienes suerte, verás salir de la cocina a una mujer centenaria que se resiste a jubilarse. Hay días que le duele la cabeza y se recluye en su habitación; otros, se sienta en una mesa camilla y mientras su hijo enciende un cigarro, te pregunta cómo están las patatas. Nunca me han sabido mejor unas patatas. Los ingredientes más simples alumbran delicias.

Acampada en la rambla de Molvízar, en el barranco de Ítrabo, en febrero del 2020.

La dependencia mata. Quiero saber si necesito al verano. Una vida no se puede basar en una pata. ¿Y si se rompe? ¿Cómo nos quedamos cuando nos hemos refugiado en una sola persona, en una sola afición, en un solo trabajo? Desnudos, desorientados, sin dirección. No puedo depender del verano, ni del fin de semana, ni del viernes. Ni siquiera de la bici. Tengo que comprobar si soy capaz.

Panorámica del municipio de Otívar (Granada), en el parque natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama.

Panorámica del municipio de Otívar (Granada), en el parque natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama.

Aún no he salido con la tienda de campaña en invierno. Lo desconocido me asusta y me atrae. Calculo en el mapa un punto donde acampar, sin saber qué me encontraré. Es febrero de 2020 y tampoco sé que este será el último viaje sin pandemia, ni dónde está la Sierra de los Guajares. Despreciamos lo cercano, deslumbrados por lo exótico. Me detengo en Pinos del Valle, ante el movimiento de manos de una mujer en un lavadero público; estruja sus arrugas en la pila, frotando una y otra vez varios paños. Tiene lavadora en casa, pero dice que aquí se relaja. Una niña mira igual de embobada que yo, como si estuviéramos siendo embrujados. La pila se llena de espuma y la mujer, con mandil de cuadros azules, recoge su jabón y se sienta.

Una mujer lava la ropa en uno de los lavaderos de Pinos del Valle, en la comarca de Lecrín (Granada).

A esa hora, seis hombres se reúnen en la parada de autobús de Guájar-Faragüit. No han quedado, pero saben que van a estar allí cada día. Siento envidia. A nosotros nos cuesta vernos los domingos para tomar café.

Un grupo de hombres pasa la tarde en la parada de autobús de Guájar-Faragüit, en Los Guajares (Granada).

Llego al punto elegido, un giro en la carretera GR-5330 al pasar Molvízar. El sitio es la rambla de un río. No es bonito, no tiene atractivo, pero es donde quiero estar. Me da frío mientras monto la tienda y me como a oscuras y con las manos el tupper que traía porque se me olvidó echar un tenedor. Apuro el agua que me queda para lavarme los dientes y me echo un poco por el cuerpo, ya sin luz. No tengo foco. Escucho el ladrido de un perro. No puedo leer, no hay mucho donde pasear. Me meto en la tienda con el chándal puesto y le escribo a mi madre:

- Mañana voy a subir el puerto de la Cabra.

- Te pega mucho, hijo.