ENTREVISTA | Rafael Luque Astrofísico

«Los planetas sub-Neptuno pueden albergar gran cantidad de agua»

Rafael Luque.

Rafael Luque. / R. C. C.

Rafael Cobo

Rafael Cobo

El astrofísico prieguense Rafael Luque ha vuelto a saltar a la actualidad del panorama científico internacional tras la publicación en la revista Nature del último descubrimiento realizado al frente de la misión Cheops de la Agencia Espacial Europea (ESA), en la que participan 150 investigadores de unos 16 países.

¿En qué ha consistido su descubrimiento? 

En la constatación de la existencia de un sistema planetario que está bastante cercano a nuestro sistema solar, ya que, aunque las distancias en el Universo sean muy grandes, se encuentra solo a 100 años luz, por lo que es uno de los sistemas más cercanos que conocemos que tenga seis planetas.

¿Qué particularidades tienes este hallazgo? 

Que seamos capaces de detectar seis planetas en un sistema ya es algo que no es muy común, aunque la parte más peculiar de este sistema es la manera en la que las órbitas están configuradas, ya que están sincronizadas de una manera que sólo se conoce en media docena de sistemas que tienen este tipo de órbitas tan perfectamente sincronizadas. Por lo tanto, encontrar un sistema, como en este caso, en el que los seis planetas están en resonancia es algo extrañísimo.

¿Como se plantea estudiar la estrella HD110067?

Las primeras observaciones que tuvimos de esta estrella fueron del telescopio espacial TESS de la Nasa, que observa durante dos años los dos hemisferios. En marzo de 2020 pasó por la parte de la constelación Coma Berenices en la que está la estrella, coleccionó un mes de datos y cuando los analizamos vimos que la estrella era muy brillante y que mostraba muchas señales que pudieran ser potenciales planetas, algo que nos llamó la atención desde el principio. Intentamos caracterizar los planetas de forma más rápida utilizando telescopios en España, en Calar Alto y en el Roque de los Muchachos, pero esos datos no nos sirvieron de mucho hasta que dos años más tarde, el telescopio TESS, volvió a observar por esa parte del cielo y nos dio otro mes de datos. Con estos dos meses de datos, separados por dos años, fue cuando pudimos empezar a resolver el este complejo puzzle.

¿Y cómo se resolvió ese puzzle? 

Con esos dos meses de datos pudimos encontrar los dos planetas, pero veíamos indicaciones de que había cuatro más. Los dos primeros planetas estaban perfectamente caracterizados, pero para saber las órbitas y propiedades de los otros cuatro, necesitábamos datos adicionales. Y aquí fue cuando utilizamos el telescopio espacial Cheops, de la AESA, para testar alguna de las posibilidades que teníamos de encontrar el tercer planeta. Tuvimos suerte, ya que en una de las quince observaciones que realizamos, encontramos la señal del tercer planeta del sistema. Gracias a ver que en estos tres planetas sus órbitas estaban en resonancia, planteamos la hipótesis de decir qué pasaría si el resto de planetas que vemos en los datos, aunque no sepamos sus propiedades, asumimos que forman parte de esta resonancia, descubriendo de esta manera los tres planetas restantes.

¿Qué aportará este descubrimiento al conocimiento de otros sistemas planetarios?

Este sistema se va a convertir en un laboratorio de pruebas para estudiar las propiedades de los planetas de tipo sub-Neptuno, planetas que no existen en el sistema solar, que tienen un tamaño intermedio entre La Tierra y Neptuno pero que no sabemos muy bien sus propiedades, aunque sí sabemos que son el tipo de planeta más común en la galaxia. Es decir, más de mitad de las estrellas parecidas al Sol en la galaxia, tienen un planeta sub-Neptuno, una de cuyas características es que pueden albergar gran cantidad de agua, hasta tal extremo que es posible que casi la mitad de su peso sea agua. Entonces, como estos planetas tienen unas grandes atmósferas y tienen mucha agua, es posible que con la instrumentación que tenemos a día de hoy, podamos estudiar sus atmósferas para conocer qué hay en el interior.