Habrá que esperar a los resultados si tiene suficiente vida para consolidarse. El acuerdo entre los agentes sociales y el Gobierno para derogar la reforma laboral que aprobó el Gobierno de Rajoy en 2012 llegó cuando terminaba un año marcado por la recuperación del empleo y la actividad económica, aunque en menor medida de lo que se esperaba por las oleadas del covid-19 que pusieron freno a la normalidad. Ha tenido que pasar casi una década para modificar un desequilibrio entre empresariado y trabajador a la hora de negociar un convenio colectivo que, lejos de eliminar la temporalidad del empleo como se pretendía, la ha mantenido e, incluso, la ha incrementado.

El acuerdo se convertía al final en una de las grandes noticias económicas, junto a la designación de Córdoba como sede de la base logística del Ejército por el efecto tractor que puede provocar en el empleo y el tejido empresarial. Ahí están los datos. Córdoba es una provincia que mantiene, pese a la reducción del desempleo, una de las tasas de paro más altas, que tiene a la capital cordobesa como una de las capitales andaluzas con mayor paro de larga duración y cuyo mercado de trabajo es demasiado estacional y está definido por la temporalidad. Si a eso se le unen los problemas añadidos provocados por el incremento de los costes de producción y las dificultades que ha generado el déficit en el suministro de materias primas por el colapso que se produjo en el transporte, la situación queda lejos de las expectativas que se crearon con el inicio de la vacunación. Precisamente, por el incremento de los costes energéticos y el replanteamiento de las plantas de Votorantim, la multinacional brasileña anunció la paralización del horno que permite la elaboración del clínker, lo que traerá una importante reducción del empleo directo e indirecto de Cementos Cosmos, sin cuantificar al cierre de esta edición. Sectores como el turismo comienzan a tomar impulso, aunque todavía sigue mermado por la caída del turismo extranjero, mientras la construcción, que registró una importante recuperación en el 2021, afronta el 2022 con grandes expectativas. Habrá que esperar a la evolución de las materias primas a corto plazo y su efecto en la recuperación del PIB para sectores como el de la joyería o la industria del cobre. Tampoco ha sido un buen ejercicio para la venta de automóviles, que también se ha visto afectado por el retraso en la entrega de vehículos por la crisis de materias primas y el transporte. No ha sido mejor el año para la agricultura, que paralizó con la pandemia sus reivindicaciones por la crisis de precios y que en diciembre ha vuelto a salir a la calle ante una situación que considera insostenible por la subida de los insumos, electricidad, carburantes o incertidumbre por la reforma de la nueva PAC, que no ha dejado contento a nadie. Y si a esto se une la sequía, con los embalses al 21% en diciembre, las expectativas son inciertas. La economía también necesita su vacuna.