Opinión | AL PASO

Una Constitución de oro

Llevo escribiendo aquí desde marzo de 2002. Y lo hago los miércoles. Ahora mismo no caigo cuantas veces lo hice el día de la Constitución, cuántas veces mi articulillo tocó en un miércoles durante estos 21 años en 6 de diciembre. Pero les aseguro que sí que recuerdo que nunca nuestra Carta Magna estuvo tan cuestionada como en el corriente. Pero yo haré lo propio porque gracias a la providencia, el derecho de opinión, aunque sesgado por los intereses de las editoriales que sirven a los intereses de una determinada ideología que se mantiene económicamente a través de unos negocios afines, que a su vez colocan siempre a gentes de esa ideología que quizá tengan esa ideología porque así esos negocios los colocan y no porque en verdad tengan esa opinión, sigue en pie: la Constitución sobre todo ha llevado el mando de la Transición. Y como muchos creen que la Transición ha terminado, por eso hoy se cuestiona su continuidad. Pero no es así. En España, para bien y para mal, siempre nuestra historia fue una historia de transición. Y creo por ello que ahí radica la grandeza de esta ley suprema. Porque, como nunca antes, una Constitución ha previsto todo esto que está pasando con los nacionalismos independentistas, que por eso tiene margen y elasticidad suficiente para dar respuesta. Porque si de algo puede presumir el Estado autonómico es de elasticidad para que los estatutos, aplicando el famoso término de desarrollar, se vayan configurando a golpe de situación incluso tomando caminos que se supuso que, en un principio, no tomarían. Pero todo dentro de la ley madre, es decir, de la Constitución. Repito: toda ley tiene un patrón de éxito como es la capacidad de legislar situaciones futuras que todo buen analista visionario tiene. Y ella lo tiene. Eso no quita que a este código ya le superen algunos conceptos y razonamientos aplicados a un moderno concepto de igualdad, como por ejemplo los tratamientos terminológicos referentes a la discapacidad, feminismo o de residentes legales en España. Pero ninguna superación tiene que ver con la configuración territorial del Estado. Así que el que pida reformar la Constitución por la forma territorial y no conceptual, no tiene razón práctica por no atender a demandas sociales mayoritarias, sino todo lo contrario. Porque esas demandas territoriales tienen plena satisfacción en los estatutos de autonomía que se estiran más que la flecha que inauguró la Expo 92. A propósito, ha salido lo de la Expo. No puedo negar que echo de menos, y mucho, aquellas banderas españolas en Barcelona celebrando la medalla de oro en fútbol. Porque nuestro país es eso, una nación que merecería una medalla de oro si hubiera un campeonato mundial de historia y cultura. Así que si esta Constitución tolerable, tolerante y lista, encierra en sus páginas la fórmula de la convivencia de todos los pueblos que configuran esta tierra, yo me apunto a su piropo: ¡Viva la Constitución!

** Abogado