Opinión | mundo digital

Auge y caída de las aplicaciones de citas

La prensa económica ha analizado con cierto interés el declive económico de las grandes aplicaciones de citas, es decir, de Tinder, Meetic, Grindr, Bumble o Hinge, por citar las más conocidas. La sociología habla de ‘amor post-romántico’, ya que lo que se busca en estas aplicaciones parece más bien un encuentro sexual por la vía rápida. Pero no siempre es así, como saben quienes de verdad han estudiado las necesidades y los sentimientos humanos. Entre las explicaciones, el fin de la novedad o el llamado ‘efecto Netflix’: el verdadero entretenimiento está en ver la oferta, no en decidir qué película ver o con qué posible pareja hacer contacto.

Sin embargo, estas noticias económicas parecen obviar otros elementos informativos relevantes sobre el inquieto mundo de las aplicaciones de citas. Una vez más, estas redes necesitan contratar a moderadores de contenidos, mal pagados, para evitar que las barbaridades y salvajadas que cuelgan muchas personas en todo el mundo lleguen a ser vistas por sus usuarios finales. The Bureau of Investigative Journalism, en colaboración con la revista Wired, ha entrevistado a más de 40 moderadores de contenidos de Tinder, Hinge, Grindr y Bumble. Basados en países de pocos recursos -Honduras, México, Brasil, India, Filipinas- y subcontratados a través de empresas como PartnerHero, lo que ven no sólo no está pagado: les está causando importantes traumas psicológicos que afectan a sus vidas cotidianas. Nada nuevo bajo el sol de estas plataformas orientadas siempre hacia los beneficios, a cualquier precio.

Pero más preocupante aún es el clima de acoso y hostigamiento que han sufrido muchas mujeres en estas redes. Académicos del ámbito anglosajón han llegado a acuñar un término específico para definir este problema: Violencia Sexual Facilitada por las Apps de Citas (DAFSV, por su acrónimo en inglés). Este fenómeno, o como queramos llamarlo, incluye comportamientos como comentarios y acoso sexual no deseado, fotos sexuales no solicitadas y hostigamiento basado en el género y la sexualidad, y llega a extenderse a la violencia sexual cuando se conoce a la pareja cara a cara. En una inmensa mayoría de los casos, los agresores son varones, y las víctimas mujeres.

Conviene entonces preguntarse si estas aplicaciones han pasado de moda o si están dejando de ser utilizadas porque son terreno propicio para la misoginia y la violencia de género. Sin seguridad, no hay negocio. No es tan difícil de comprender.

*Economista | @ebpal