Opinión | no me digas...

El muro de Israel

«Los judíos fueron apoyo esencial de las monarquías castellanas desde siempre, a nivel económico y cultural sobre todo»

La última del sanchismo es seguir haciendo amigos. No sé si el muro ese que quiere levantar el presidente es sólo entre españoles, o se extiende también a algunas relaciones internacionales, que parece que por ahí va la cosa. Acaba de añadir el beso de Judas o Caín a Israel, ya tenemos otro muro. Visita aquel país y les mienta la madre, les dice con la boca chica que qué pena, mire ‘usté’, lo que les pasó el 7 de octubre, y les aconseja a continuación que lo mejor que pueden hacer es no defenderse, no cazar a los malos en los túneles que han construido debajo de guarderías, escuelas y hospitales porque encima hay eso, guarderías, escuelas y hospitales, que es como atarles las manos e invertir la carga de la prueba de la culpa. Nunca he comprendido el odio hacia los judíos, un odio infantil, estúpido, quizás promovido en su momento por la propia Iglesia por aquello de que los judíos entregaron a Jesucristo. Los de mi edad recordarán que, de niños, si algún compañero, amigo o enemigo, nos escupía, el insulto que saltaba como un resorte contra él era «judío». Y estas cosas se interiorizan mucho de la mano de la doctrina, qué duda cabe. La Inquisición, las expulsiones y todo lo demás le ha metido a la gente, desde hace siglos, esa manía absurda e irracional. Si embargo, respecto a los árabes, todo lo contrario: mieles, ejemplos (falsos) de tolerancia, amigos para siempre ‘nainonainonainoná’ y todo eso. Curiosamente, los judíos nunca lucharon contra España ni invadieron España; los musulmanes, sí. Los judíos fueron apoyo esencial de las monarquías castellanas desde siempre, a nivel económico y cultural sobre todo, y, a diferencia de otros, los judíos, tanto en su subconsciente colectivo como en sus declaraciones, siempre echaron de menos a España, a Sefarad, a sus casas de Toledo y de tantas poblaciones que tanto amaron pues eran tan españoles como los demás; al igual que los musulmanes, por cierto, pasados los años de la conquista. Qué pena, qué enorme pena, y qué injusta esa rabia contra un pueblo que siempre nos amó y cuyos apellidos todavía llevamos muchos. Mientras quien menos tenía que hacerlo, levanta más muros.

*Escritor @ADiazVillasenor