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Joan Tapia

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¿Error de Armengol?

La presidenta del Congreso ha decidido dar un exceso de margen a Feijóo para la investidura

La pasada semana estuvo marcada por la demanda unánime de la desrubialización del fútbol español que Víctor Francos, presidente del Consejo Superior de Deportes, debe resolver con urgencia. Debía ser una asignatura ya superada y ha quitado el foco no al encargo de la investidura a Feijóo, hecha en tiempo, forma y de acuerdo con la prudencia requerida al jefe del Estado, sino a la dilación por la nueva presidenta del Congreso, Francina Armengol, de los trámites de la investidura que puede llevar a que sigamos con un Gobierno en funciones el primer trimestre de 2024.

¿Se ha equivocado Armengol al retrasar el arranque del reloj político hasta el 27 de septiembre lo que puede acarrear que la repetición electoral --si fuera necesaria-- no tenga lugar hasta mediados de enero? A mi entender ha actuado con cálculos políticos --defendibles-- frente a lo que debería ser la gran prioridad de la presidenta del Congreso, que no solo es una política socialista cualificada, sino que encarna una alta institución del Estado: que España esté el menor tiempo posible con un Gobierno en funciones sin la plenitud de competencias. Más aún en un contexto muy inestable por la guerra de Ucrania y por las dificultades económicas que se prevén para los próximos meses y que pueden forzar decisiones complicadas.

Armengol ha decidido dar un exceso de margen a Feijóo para la investidura --cuatro semanas hasta el 26 de septiembre-- cuando podía haber elegido el próximo día 6 respetando así el derecho de Feijóo a negociar con los otros grupos durante dos semanas. Actuando así el tiempo de Sánchez --si Feijóo no es investido-- será de casi tres meses, hasta el 17 de noviembre, lo que le permite acabar la presidencia española de la UE (eso sí, en funciones) y abordar la negociación con el independentismo pasada ya la conflictiva fecha del 11 de septiembre que podría alterar la actitud de ERC y de Puigdemont por el ruido de los más irreductibles. Y la excusa es que la hipotética campaña electoral --si hay nueva convocatoria-- se desarrolle después de Reyes y no en vísperas navideñas.

Es razonable, pero la urgencia de España es acabar con la anomalía de un Gobierno en funciones. España está así desde que se convocaron las anticipadas en mayo. Y el Gobierno de Sánchez ya estaba con una mano atada desde antes de las municipales, desde primeros de 2023. Así la ausencia de un Gobierno plenamente normal (y con una larga etapa en funciones) podría durar desde primeros de este año a la primavera de 2024. Y eso en el caso de que no hubiera que ir a una segunda repetición electoral como ya estuvo a punto de pasar en 2016. Un país que quiera contar no puede permitirse estas semivacaciones del Gobierno en el que la oposición tiende a matar pensando solo en sus intereses electorales a corto.

Francina Armengol ha elegido dar comodidad a Feijóo, y todavía más a Sánchez, con la excusa de que los españoles no vuelvan a votar en circunstancias algo anormales (vacaciones de verano y de invierno). Es comprensible, pero es también, al menos en parte, priorizar el confort de los políticos (primero Feijóo y luego Sánchez) a sus deberes de asegurar la gobernabilidad normal del Estado.

¿Es normal que Feijóo, que ha dicho que el sanchismo es lo peor, quiera darle más tiempo argumentando que negociar durante un mes será más fructífero que en 15 días cuando todo indica que el PNV no cambiará de opinión y no habrá rebelión contra Sánchez --que salió vivo el 23J-- de los diputados del PSOE? ¿Es normal dar a Sánchez una eternidad --hasta el 17 de noviembre-- para ver si suma a Puigdemont a la investidura cuando los dos se han olido ya más de lo suficiente? ¿Es aceptable presuponer que tampoco en ese caso extremo el PSOE y el PP serían capaces de llegar a un minipacto para que al menos en 2024 --año que puede ser clave-- España no estuviera a la intemperie con un Gobierno en funciones que solo piensa en el corto plazo?

Armengol tiene sus razones, pero ha priorizado el confort de los líderes de los grandes partidos --Feijóo y Sánchez-- a su ineludible obligación que es formar un Gobierno capaz de afrontar el futuro, el previsto y el inesperado, con todas sus competencias. Malo, pero así España tendrá que funcionar.

*Periodista 

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