Opinión | al paso

Dos héroes de Obejo

¿Qué es ser patriota? Pues a lo mejor es algo menos pomposo y más discreto de lo que creemos. Y no me refiero a las banderas o cosas así. No. Les hablo de gente valiente y trabajadora que dista muchísimo de lo que hoy vemos, donde una masa de población prefiere ayudas a trabajar y otra acude al derecho de huelga cuando más daño puede hacer. Antes la cosa no era así. Había tantas familias preciosas... Como ejemplo vivo les hablo de un matrimonio cordobés de Obejo, ese pueblo tan lleno de gente tan especial por currante; con gente como la de Obejo, España no debería temerle a nada. El matrimonio formado por Sara Perales Sabariego y José García Puerto y sus tres hijos, Alberto, Ángel y José son espectaculares por ser tan normales. La nota meritoria de esta familia es que siempre ha estado trabajando y jamás quiso depender de ninguna subvención. ¡Eso es patriotismo! Ambos nacieron en el 45 y les cuento su vida laboral: José empezó de adolescente pasando 12 horas tirando de una yunta. Después, en la construcción en el pantano; posteriormente en una empresa vendedora de caldo de pollo Starlux; y, luego, se fue a Palma de Mallorca a la industrial azulejera. En el 74 le echó huevos y puso un almacén de golosinas y finalmente abrió pegado al mercadillo de la Ladera el bar Olea, donde yo entraba a desayunar en mi época de vendedor ambulante. Sara estudió en las Teresianas y en la Divina Pastora hasta que se casó con él en el 69. Desde entonces le ayudó a manos llenas pero, sobre todo, estuvo pendiente de los niños. De no ser así -según sus palabras- no habrían podido formar la familia porque no había dinero para niñeras. Es decir, no pararon nunca de trabajar y por eso nunca pasaron penalidades, pero tampoco tuvieron lujos. Eso sí, fueron muy felices en la austeridad, dado que lo que esta familia tenía no se puede comprar ni con todas las fortunas del mundo: amor y respeto e incluso competición entre ellos por ahorrarle el lugar al otro en la adversidad. Me cuentan que una vez le hicieron una inspección y el inspector de Hacienda su fue flipando porque nunca habían tenido un caso de ¡un acta en blanco!; pura honradez. También me dicen con cierto cabreo que, para poder tirar, toda la vida entrampados con el banco, lo cual era un abuso; hay que dar más facilidades y menos agobio a las arterias de este país que son los autónomos. Sin embargo, para nada piensan en las penalidades pasadas. Ambos recuerdan con cariño los nueve años que él fue maestro de danza en las fiestas de Obejo. Y, finalmente, las dos conclusiones que me trasladan dan cierto repelus: no están en contra de nadie y quieren que se ayude a todo el que lo necesite. Pero, antes, en todos los talleres había chavalillos aprendiendo y por eso encarábamos la vida con espíritu trabajador. Ahora, si haces eso te denuncian y, sin embargo, nadie denuncia que los nenes solo piensan en divertirse. Y otra cosa, en este país solo se ayuda a los más desgraciados y a los que tienen mucho dinero. A los que no paramos de trabajar solo se nos ponen trabas. Ahí lo dejo.

*Abogado