Opinión | COLABORACIÓN

Crónica de una guerra nuclear anunciada

Ya ha transcurrido un año sin que las múltiples condenas, bloqueos y sanciones internacionales a Rusia ni el permanente envío de armamento a Ucrania, procedente de los países de la OTAN, haya supuesto el punto y final de este gravísimo conflicto bélico en Europa

En la mañana del 21 de febrero, ante una abarrotada asamblea federal, conocida, oficialmente como la DUMA estatal de Rusia, el Presidente Vladimir Putín, en un fastuoso escenario flanqueado por 8 banderas de la Federación Rusa (4 a cada lado), ha pronunciado un solemne y encriptado discurso que, posiblemente, augure y atisbe los peores presagios de un grave e inminente riesgo para el mantenimiento de la paz y de la seguridad mundial.

Se trata de un inquietante aviso a navegantes, dirigido tanto a las propias instituciones rusas, como a la población rusa, a la OTAN, a los países de Occidente y a todos los países del mundo, al transmitir el mensaje de que Rusia está siendo atacada por Occidente, de que Occidente quiere destruir a Rusia, hacer sufrir a su población, así como destruir las instituciones y atacar los valores propios de la familia, del matrimonio entre hombre y mujer y de la infancia.

El máximo dirigente ruso ha hecho alusión, de forma expresa al nazismo imperante durante la segunda guerra mundial, comparando e identificando a los gobernantes de los Estados Unidos de América y de los principales países de Occidente como Francia, Inglaterra y Alemania como los nuevos nazis que quieren destruir y aniquilar al pueblo ruso, a la cultura rusa, a su economía y a la economía mundial, acusándolos de querer destruir el orden y la seguridad mundial.

Vladimir Putín, en su discurso, ha mostrado a su país como una víctima y ha legitimado, la operación militar especial, como sigue denominando a la guerra de Rusia contra Ucrania, como un instrumento de la legítima defensa y respuesta del pueblo ruso frente a dichos ataques occidentales.

El máximo líder ruso, a través de su discurso, ha solicitado al Parlamento su refrendo y aval para poder aumentar de forma considerable el armamento militar estratégico ofensivo de Rusia, en centros y bases estratégicas militares , así como en número de unidades, y en tecnología más avanzada, en definitiva, ha solicitado el “placet” del máximo órgano legislativo de la federación rusa para aumentar su potencial nuclear, haciéndolo mucho más variado, así como mas mortífero y letal en el menor periodo de tiempo posible, aplicando las últimas tecnologías a su armamento militar estratégico, de última generación por lo que, a nadie puede escapar, que su práctica y efectiva utilización ocasionaría, a escala mundial, unos efectos destructivos devastadores.

 En prueba de sus firmes y decididas intenciones bélicas, el 21 de febrero de 2023, en su discurso al Parlamento ruso y en presencia de las máximas autoridades civiles, políticas militares y religiosas, Vladimir Putin ha expresado su voluntad de suspender y congelar el contenido del actual y vigente Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III )  un  acuerdo  firmado  por  el  que fuera Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama y el, entonces, presidente de Rusia, Dimitri Medvédev, el 8 de abril de 2010 en Praga, tratado ratificado por ambos países en diciembre de 2010 y enero de 2011, por el que ambos países dieron por concluido el periodo de la denominada Guerra Fría y superaron los acuerdos estratégicos START I y START II, vencidos en enero de 2010, de forma que los dos Estados más poderosos de la Tierra, se comprometían a reducir su respectivo arsenal atómico en dos tercios, lo que suponía limitar a 1.550 ojivas el arsenal de cada una de las partes y a 800 lanzaderas de misiles intercontinentales balísticos no desplegados (ICBM), lanzaderas submarinas para misiles balísticos (SLBM) y bombarderos pesados equipados con armamento nuclear.

El líder ruso ha dejado patente un obvio mensaje subliminal y es que, a partir de este momento, tiene las manos libres para apretar el botón rojo y que no le temblará el pulso de abrir los candados de la terrible caja de pandora para un uso real y efectivo de todo su armamento y arsenal estratégico nuclear más sofisticado y letal.

Desgraciadamente, ya ha transcurrido un año sin que las múltiples condenas, bloqueos y sanciones internacionales a Rusia ni el permanente envío de armamento a Ucrania, procedente de los países de la OTAN, haya supuesto el punto y final de este gravísimo conflicto bélico en Europa.

Para garantizar y preservar su propia supervivencia, la humanidad habría de tomarse muy en serio estos oscuros nubarrones que se avistan en el horizonte más cercano por lo que, las máximas autoridades y líderes mundiales, de forma urgente, habrían de poner todas las instituciones, organizaciones internacionales y medios diplomáticos, económicos y logísticos a su alcance para frenar esta peligrosísima escalada bélica y sentar, en una misma mesa de diálogo, a los dos Jefes de Estados en conflicto, en aras a poder alcanzar unos mínimos acuerdos satisfactorios para ambos, en favor de la paz y de la seguridad mundial porque está en juego, nada mas y nada menos que nuestra propia existencia vital y la de nuestros descendientes futuros.