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Diario Córdoba

Carmen Lumbierres

EL TRIÁNGULO

Carmen Lumbierres

Si se quiere se puede

La Comisión Europea anunció ayer estar trabajando en una intervención de emergencia y en una reforma estructural del mercado eléctrico porque el modelo actual fue diseñado bajo circunstancias que ya no se aplican. Traducido al idioma columnista, Rusia ha cortado el grifo del gas para ver cuánto es capaz Europa de entorpecer sus ansias anexionistas, y Europa ha contestado tarde, pero lo ha hecho con esta revisión del mercado eléctrico.

En 2021, cuando lo pidió España, Bruselas dijo que era imposible. Se volvió factible para nuestro país en marzo de 2022 después de reclamar el presidente del Gobierno la situación de emergencia, y ahora, cinco meses después con la guerra abierta, la recesión a las puertas y el precio del megavatio/hora en la Europa continental superando hoy los 600 euros en Francia y Alemania, y los 700 en Reino Unido e Italia, la medida es urgente.

El problema no era que cada empresa subastase un precio igual a su coste marginal, sino que el precio de mercado tiene que ser el mismo porque el bien producido es el mismo, y todas las tecnologías son necesarias, porque por distintas razones, ninguna es capaz de abastecer la demanda por sí sola, ni renovables, ni nucleares, ni combustibles fósiles. No compiten de manera eficiente porque el precio que paga el consumidor es superior al equivalente de la competencia perfecta, lo que permite la captura de una parte del excedente de los consumidores por las empresas. En un mercado en que las barreras de entrada, los costes fijos y el funcionamiento oligopólico han hecho difícil cualquier reestructuración, la apuesta de Bruselas era esta primavera, de manera excepcional, capturar una parte de estos ingresos para luego redistribuirlos entre los consumidores.

Parece que los impuestos a las energéticas por el exceso de beneficios se han quedado cortos ante la magnitud de esta crisis. Este mismo fin de semana, el CEO de una de esas grandes empresas se oponía a esa nueva carga impositiva porque actuaría en contra de la actividad empresarial, de su capacidad de inversión y del empleo industrial. Lo apostaba todo a un aumento del IRPF para los tramos más altos, y en un impuesto elevado para las rentas de capital. Ayer cuando Alemania entró en los 1.000 euros megavatio/hora, y con las quejas airadas del canciller de Austria todo implosionó, y el impuesto sobre los beneficios ya quedó como una medida obsoleta, apostando de manera maximalista por una reforma del mercado eléctrico. No será un canto de sirena, ni para este mercado estratégico ni para tantos otros, vamos en la dirección contraria a la crisis de 2008, porque esa ya sabemos que la gestionamos mal.

* Politóloga

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