El mes de julio que ya finaliza nos retrotrae a otro mes de julio muy sangriento; el del año 1936. El Gobierno acaba de aprobar la Ley de Memoria Democrática cuyo aparente objeto plausible es la de exhumar los restos de las víctimas «republicanas» de la Guerra Civil. Pero lo que busca es acaparar voluntades en favor de determinados partidos, resucitando el fantasma de Franco tras más de 40 años muerto. «La Memoria Democrática española, o es de todos los demócratas españoles o no será ni democrática ni española». Lo ha dicho González Pons, diputado europeísta del PP. Los perdedores de la Guerra Civil tratan ahora de ganarla pervirtiendo el lenguaje: «Hubo un golpe militar contra una República democrática». No era precisamente democrática la que siempre anheló Largo Caballero. A los siete meses de aquel venturoso 14 de abril de 1931, hizo unas declaraciones al periódico Ahora, recogidas por Crisol. Según Azaña tuvieron el mismo efecto que una bomba de relojería. Largo Caballero dijo que: «... en el caso de que una fracción republicana se quisiese encargar del Poder para gobernar con criterio de partido, disolviendo las Cortes antes de que éstas cumplan su mandato, nos consideraríamos relevados de nuestros compromisos. (...) y nos obligaría a ir a una guerra civil». Las declaraciones fueron matizadas por el Partido Socialista. Lo hizo en El Socialista: «Lo que Largo Caballero ha dicho (...) es que si se intentase desvanecer el contenido revolucionario que le estamos dando a la República, con cualquier añagaza política, se produciría automáticamente una guerra civil espiritual».

* Periodista