No tengo la menor duda de mis costillas políticas por cuanto soy amante de la social democracia, pero eso no quita que le reconozca una asignatura pendiente, un talón de Aquiles como es el desagradecimiento e insensibilidad con lo mejor que tiene: sus autónomos. Y es que no deja de ser curioso que personas tan dignas sean continuamente maltratadas aun siendo una fuente inagotable de esfuerzo y presupuesto para las arcas públicas. Se precisa una revolución legislativa que los ponga, como mínimo, a la cabeza del interés cívico. Pero se valora a todo el mundo más que a ellas y ellos en una posición diabólica de los gobiernos de toda índole. Hemos llegado a unas posiciones políticas tan estúpidas, que aquí se trata mejor a quien no produce que a quien sí lo hace y además a duras penas para mayor heroicidad social. Jubilados, contratados a cuenta ajena con despidos que hacen dar infartos a los pequeños autónomos, grandes empresas con sus privilegios y, finalmente, personas que quizá no encuentran trabajo las pobres mías, pero también otras que no dan ni golpe porque son más perras que la chaqueta de un guarda y esperan a la bartola con la litrona las ayudas sociales; a las macroempresas se les exime de impuestos y solo hace falta que la Administración se arrodille ante ellas. A los jubilados se les garantiza las pensiones cuando, sobre todo, más que del Gobierno, deberían tener el apoyo de sus hijos si son hijos de verdad y no asaltadores de ancianos. A los despedidos por cuenta ajena se les prevé un fondo público que les indemniza cuando el empresario esta arruinado. A los parados se les otorgan ayudas sin la correcta investigación patrimonial. ¿Y saben lo que les dan a los autónomos? Trabas burocráticas e impuestos imposibles. Por ejemplo, durante la pandemia muchos han tenido que prescindir de algunos de sus trabajadores para no quebrar. Pues mientras a estos trabajadores se les paga su ERE, los autónomos que los tenían contratados tienen que seguir pagando esos seguros sociales; o sea, que gran parte del ERE lo sustentan los empresarios, no el Estado. Y si el autónomo va a pedir limosnas a la Administración, aun siendo trabajadores como la copa de un pino, la mayoría de las veces les dicen que no pueden darles nada porque tienen deudas con la Seguridad Social. ¿Tan difícil es comprender que si tienen deudas con la Seguridad Social es porque el negocio ha ido mal y por eso piden ayudas? ¿Tan difícil es comprender que si no tuvieran deudas con la Seguridad Social es porque el negocio va bien y no necesitarían ayudas? ¿Tan difícil es comprender que al trabajador autónomo lo que le hace más feliz es ser autónomo, es decir, no tener que esperar ayudas de nadie?. Conclusión: tenemos una Administración Pública que margina a sus mejores ciudadanos.

*Abogado