La veo algunos días, no todos. Justo a la salida del sol. El horario de invierno es severo para los que nos gusta caminar temprano. La oscuridad se va rasgando lentamente. Aparca su coche en el lugar donde acaba la carretera y empieza la pista. Justo mirando la salida del sol. Ella permanece en el vehículo, sonríe a los pocos madrugadores, inclina la cabeza como saludo y vuelve a fijar la mirada en el espectáculo. La imagino de camino al trabajo. Una parada para impregnarse de belleza antes de iniciar la jornada. O quizá es todo lo contrario, especulo. Llega del turno de noche y le gusta asistir al más irrepetible y puntual espectáculo. Quizá nada de eso es verdad, pero no importa demasiado. Para mí, ella es un personaje que me brinda el amanecer.

A veces, basta muy poco para dar un paso y situarse en la otra orilla. Un paso y dejar el peso de las preocupaciones atrás. Clavar los pies en un lugar más amable, más sereno. El efecto es pasajero, no nos engañemos, pero esas escapadas son algo parecido a la esperanza. Tanto da que sea una imagen, un libro, una película o solo un sueño. Al fin, un rayo de sol en este invierno que son tantos.

* Escritora