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CASTILLOS DE CÓRDOBA

Castillo de Cañete de las Torres: el viejo corazón que late

Tras dos mil años de construcciones superpuestas, del castillo que en su día ocupaba la principal manzana de la actual localidad y la plaza de España queda la torre del homenaje. Un magnífico testigo de cómo esa fortaleza ya es parte del tejido urbano de Cañete y del alma de sus vecinos

 

Además de ser un hito local, la torre del homenaje es toda una lección de construcción fortificada de la Baja Edad Media en la península. - FRANCISCO GONZÁLEZ

Juan M. Niza Juan M. Niza
19/07/2020

FICHA

Con cimientos romanos y sobre un edificio musulmán, la última configuración del conjunto data del siglo XIV.

La visita
La torre es desde 1985 BIC y alberga el Museo Etnográfico de Cañete. Prevén también trasladar allí el Museo Histórico.

Horario
Previa cita. 957 18 30 00 (Ayuntamiento de Cañete).

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Si le cuesta imaginar cómo fue el castillo de Cañete de las Torres es porque el castillo ya es Cañete. Y es que, efectivamente, desde la plaza de España, y admirando de frente la que fuera la torre del homenaje de la última fortaleza del siglo XIV, uno difícilmente se da cuenta de lo bien situado que estaba este punto, a 320 metros sobre el nivel del mar, para controlar vastas tierras ya desde el Neolítico y siempre entre dos mundos: la Vega y la Campiña, los turdetanos y las legiones que impusieron la romanización de la Bética, también como frontera entre Castilla y el reino nazarí de Granada y siempre entre la órbita de Córdoba y Jaén, junto al resto del oriente andaluz. Aún la geografía urbana recuerda ese bimilenario camino que pasaba junto al castillo y que hasta hace relativamente poco, cuando era la travesía de la localidad, hasta que se construyeron las rondas.

Pero centrémonos en el castillo que ocupaba la manzana principal del tejido urbano de Cañete, frente a la plaza de España, con el bar Amarillo (ya cerrado) y el Café Central, con restos de otra torre al lado de la sucursal de Cajasur… todos estos inmuebles se levantan hoy sobre cimientos que ya obraron los romanos (que no es moco de pavo) y después los musulmanes, cuando construyeron otra fortaleza que pasaría en 1237 (un año después de la conquista de Córdoba) a manos cristianas gracias a Fernando III. La fortaleza pertenecería al alfoz de Córdoba, durante 15 años a la orden de Calatrava (1245-60), de nuevo a Córdoba… Hasta 1297, que el concejo tuvo que cederla a regañadientes a Alfonso Fernández de Córdoba, primer señor de la villa y amo de tierras y pobladores a los que administraba justicia. Imagine aquella época de grandezas y miserias cotidianas mientras admiran la torre del homenaje del castillo que levantó Gonzalo Fenández de Córdoba, ya confirmado como señor de la villa (1370) por Enrique II.

La que fue torre del homenaje de la fortaleza ahora sirve de majestuosa  entrada a una casa solariega convertida en museo antropológico.

La que fue torre del homenaje de la fortaleza ahora sirve de majestuosa entrada a una casa solariega convertida en museo antropológico. CASAVI

Así comenzaría la construcción (o reconstrucción) de la última gran fortaleza de Cañete, que al transcurrir los siglos y con el paso de la propiedad de manos (primero la Casa de Aguilar, luego al marquesado de Priego) se segregaría en parcelas para funciones de vivienda o comercial. De hecho, los restos de la otra torre superviviente, la nororiental, se encuentra entre la sucursal de Cajasur y el Café Central, mientras que el cerrado bar Amarillo conserva una evocadora fachada de sillarejo, ese material de pequeñas piedras toscas trabajadas a golpe de maza y sin pulir que, por falta de escuadramiento, precisa de material (pequeñas piedras o aglomerantes) que rellene los pequeños huecos entre bloques. Justamente de sillarejo es parte de la torre del homenaje, que se convirtió en entrada de una mansión señorial. La torre es de planta rectangular y tiene dos estancias, una encima de otra, con doble bóvedas de aristas de ladrillo. En el segundo cuerpo, donde predomina el ladrillo, destaca un ajimez (para entendernos: una ventana partida por una columna y sendos arquitos) y en el exterior conserva ménsulas de modillones, esas vigas que sobresalen de la fachada, sobre la que iban los desaparecidos matacanes. Traduzcámoslo también: balconcillos desde donde se podía, con el defensor parapetado, arrojar a quien se acercara grandes piedras, aceite hirviendo, brea ardiendo o líquidos corrosivos… Ya saben: todas esas gentilezas para quien no era bien recibido. Que ya no es el caso en Cañete de las Torres.

RECOMENDACIONES

GARBANZOS COMO MANJAR Y ALBÓNDIGAS

Tanta fama tienen los garbanzos de Cañete de las Torres que la legumbre, tan modesta como básica en la gastronomía española, en la localidad alcanza la categoría de manjar. Prueben una buena tortillita de garbanzos y comprenderá lo que le decimos. Por supuesto, no hay que olvidar platos como las albóndigas a la cañetera (con pechuga de pollo, cerdo con tocino gordo, perejil, huevo, pan rallado, azafrán, pimienta...), migas de Cañete, el carnerete (plato de patata desmigada y pan) o el peculiar salmorejo de la localidad.

APARTAMENTOS RURALES

A la hora de alojarse, el viajero puede pensar en los apartamentos rurales de Alcazábar de las Torres, fruto de la iniciativa de Matías Vega, embajador del salmorejo cordobés y una institución en Cañete en cuestión de hostelería. Por supuesto, también puede planificarse el itinerario, si el viajero quiere continuar su camino, contando con la cercana oferta de alojamiento en El Carpio, Bujalance, Villafranca, Montoro... No faltan propuestas de todo tipo y para todos los bolsillos.

CULTURA DE CASAS SEÑORIALES Y FLORES

El visitante puede aprovechar para pasear por los barrios más castizos de Cañete, como el del Huerto del Francés, y disfrutar de dos singularidades: las fachadas de casas señoriales con sus escudos y las flores como elemento popular del que hacen gala en la localidad. No hay que olvidar la iglesia de La Asunción ni sus ermitas. Hasta el cementerio de Cañete tiene esa peculiar obra, premiada internacionalmente, de la ‘Escalera al cielo’, todo un espectáculo evocador al atardecer que invita a la introspección.

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