+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

No me digas...

Tintín y el cetro de Tabarnia (2)

 

Recordarán los lectores cómo Tintín, en compañía de su inseparable perrita Sorayú --que siempre amenaza y ladra dulcemente pero ni muerde ni hace nada- y del profesor Montorsol, quien suele llevar una calculadora en el sobaco para desarmar a sus temibles adversarios, llegó a Culelona, capital de Catalnotespein para ayudar a la princesa Acercadas en el intento de liberar Tabarnia de su yugo. Cuando pudieron escapar de la trampa tendida por el bufón Rufhyanus en el palacio de la Concretidad, citaron al capitán Hernánddock en la plaza de San Yauma, donde la síndica de la ciudad, Hada Castafiolau, había instalado una mágica ventana de plasma para que el conde Puchiflor, desde su exilio dorado en el país de las patatas fritas, arengara a sus rebaños como hacía los días de fiesta de guardar y los de diario. Entre el lanaje de la ovina concurrencia y a pesar de sus amorosos balidos, nuestros amigos conocieron los planes del pérfido conde: arrancar la lengua de los habitantes de Tabarnia e injertarles la extraña jerga medieval en la que Puchiflor se entendía con su grey. De nada sirvió que la bandada piolinesca con su verdinegro piar, enviada desde el reino Histérico, se llevara la mágica ventana, puesto que, sin saber cómo ni de dónde, en el centro de la plaza de san Yauma comenzaron a aparecer pequeñas tabletas, como de chocolate, donde la baladora asamblea comenzó a ver a su afligido conde gracias a la magia que el esbirro Sevetrés había preparado por si acaso. La situación era grave, y llegó a unos extremos insoportablemente tiernos y emotivos cuando, terminado su dulce y medieval balar, el conde Puchiflor dio paso a la alocución –a todas luces grabada y enlatada- de su lugarteniente Aurelio Juncal. El virrey había tomado hábitos de monje de Ponserrat y sollozaba entre rezos por su salvación, ya que una nube de piolines aporreaba fieramente en su puerta con la aviesa intención de llevárselo en volandas, como los diablos se llevaron al licenciado Torralba en El Quijote. Mientras Montorsol calculaba el coste del palsma y Sorayú aullaba a la luna, apareció la princesa Acercadas tras un puesto de naranjas. Y continuará..

* Profesor

Opinión

Tragsa al rescate

Diario Córdoba

Laberinto de Columnas

Manuel Fernández

El olivo, árbol de Navidad

Manuel Piedrahita

El aborto en la universidad

José Manuel Cuenca Toribio

900 euritos

María Olmo

Macron

Joaquín Pérez Azaústre

Diputado Rodríguez

Ana Pastor

Lectores
CARTAS AL DIRECTOR / PODEMOS

Estoy sorprendido

Estoy sorprendido. No porque Pablo Iglesias haya reconocido que el bolivarismo es un fracaso. Lo ...

CARTA ILUSTRADA

Pro Academia y Cáritas

El alma tuvo momentos alegres cuando sin cortapisas pudo moverse mientras estaba sentada ante el ...

CARTAS AL DIRECTOR / POLÍTICA

No perdemos... ganamos, avanzamos

Con este titular salgo al paso para aclarar que la irrupción de Vox en la escena política en ...

CARTAS AL DIRECTOR / SALUD

Depresión

No hay ni una sola razón para que ni una sola persona tenga que vivir mentalmente afligida solo ...