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Para ti, para mí

El otoño de Pablo

 

Antonio Gil Antonio Gil
22/11/2019

El otoño de Pablo García Baena, el poeta andaluz perteneciente al Grupo Cántico, la estación que entonaba en su hermoso poema Otoño en los castaños, nos viene de nuevo a la memoria, en este otoño sin par, otoño caliente políticamente, de lluvias tardías e inciertas como la vida misma. Casi siempre nos encontramos con datos nuevos de su vida o quizás menos conocidos, por ejemplo, que pasaba algunas temporadas veraniegas en monasterios como Silos, no haciendo vida de monje sino como un oblato que entrara al claustro antiguo a contemplar. «Pablo es un contemplador», le definían sus biógrafos, o mejor, sus amigos y admiradores cuando hablaban de él, de su sencillez, de su sobriedad, -«Pablo es educadamente sobrio», decían-, de su tolerancia. Y algunos se atrevieron a describir su religiosidad con estas palabras ciertamente audaces pero bellas: «Pablo era un pagano del cristianismo romano y apostólico, con cruz pero sin hogueras, con una infinita y jubilosa tolerancia. Enamorado de la belleza moceril del cuerpo, consecuentemente enamorado también del alma y de las nobles sedas bizantinas de los santos. Predicador humilde de la justicia, del bien para todos, de una vida más bellas y más noble, tan lejana...». A Pablo le recordaré siempre en las naves de la parroquia de san Lorenzo, con su asistencia fiel a los cultos del Remedio de Ánimas y de Nuestra Señora de las Tristezas, y recorriendo el Vía Crucis, tras la imagen impresionante, entre silencios y miradas encendidas a nuestro paso por la calle Roelas, por la calle Cristo, donde la cruz casi rozaba las aceras. A Pablo siempre lo evocamos con cariño y le abrazamos musitando sus versos, dedicados al otoño: «Estoy echado solo, con Dios y mi poesía, / sobre la tierra húmeda del castañar que el viento / del otoño descrencha con su peine de frío». O su breve poema Otoño en Málaga: «Huésped ligero el otoño llega / silencioso hasta Málaga. Yo rezo / por sus vendas benéficas de lluvia / fajando el dulce corazón maltrecho / del verano y su carne». Gracias, Pablo, por tu presencia, en el corazón de esta ciudad, recordándote siempre.

* Sacerdote y periodista

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