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Hoy

La coz y la flor

 

Te da igual agacharte a colocar la flor y dar un coz que dar una coz y colocar la flor. Para ti es lo mismo: la pícara trapacería de tu violencia. Posees un alma tan vacía que crees que tu violencia nacionalista no se volverá contra tu pueblo. Aún no has aprendido nada de la Historia; piensas que tu ideología te protegerá de esa violencia, porque pase lo que pase tú siempre te salvarás: si hay jaleo, estarás en primera fila en la frontera para dejar al pueblo en la estacada, y volver cuando la cosa se arregle y colocarte la medalla. Todo lo justificas con tu vanidad, porque vives molusco en tu concha del acantilado. Posees un alma tan huera que te resbala por tu giba lo que humillas a quienes sufren; total, solo son hormigas bajo tus pezuñas. Tu conciencia es un miope gusano que pudre todo lo que rumia. Para ti, una flor solo es otra mentira; tu poder no necesita los sueños rotos por un atentado y sus recuerdos tristes para siempre. Divides el mundo entre tus serviles, que son solo la proyección de tu necedad, y los demás. No llegas más allá. Por eso depositas flores a coces y sueñas que escribes el libro de la Historia. Pero tú solo sabes garabatear, tachar y emborronar páginas con tu caligrafía cerril y tu pluma roma, empapada en la sangre que harás derramar con tu demencia. Eres tan pobre que crees poder vivir en la nada. Lo destrozas todo, pero sueñas feliz, porque el absurdo es la criatura de tu parto. Para ti, las víctimas solo son la oquedad de tu cabeza, esa caja de huesos donde resuena el vacío que engendras cada noche y alumbras cada día. Y llevas la flor, sonríes a las cámaras, hablas, hablas, hablas, con ese razonar que conviertes en ácido para la llaga del dolor de quienes sufren. Y encima tienes suerte: frente a la coz, la flor de un gobierno que juega con tus amenazas a hacer piruetas de sofismas baratos y metafísica de cafetería de facultad, porque tus palabras no tienen importancia en tiempo y forma, y todo es cuestión de convertir la política en un juzgado de guardia. Sí; para el poder las palabras solo son el artificio para mentir, manipular y traicionar. Y aquí no pasa nada. Tenemos que aprobar como sea los presupuestos generales, porque si vamos a unas elecciones perdemos la bicoca de estar en el poder sin elecciones.

* Escritor

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