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ENTREVISTA

«El destino final del cine es verlo en pantalla pequeña, hay que resignarse»

El cineasta Alfonso Cuarón habla de su película Roma, un fresco de la sociedad mexicana de principios de los años 70 trazado

 

Alfonso Cuarón, en un momento del rodaje de Roma. - CÓRDOBA

Nando Salvá
07/12/2018

La octava película del cineasta Alfonso Cuarón, Roma, es un fresco de la sociedad mexicana de principios de los años 70 trazado a través del retrato de la empleada doméstica de una familia de clase media. También es una absoluta obra maestra, y merece ser vista en una pantalla lo más grande posible. Sin embargo, Roma ha sido producida por Netflix, y eso significa que ha llegado esta semana solo a cinco salas de cine en toda España. Si usted no vive lo suficientemente cerca de una de ellas, podrá ver esta película en streaming a partir del próximo día 14 de diciembre. Sea como sea, véala.

-Tras el éxito de ‘Gravity’ podría haber rodado cualquier película que hubiera querido. ¿Por qué ha sido ‘Roma’ esa película?

-Mi amigo Guillermo del Toro suele decir que hay películas como esas cajas de cereales que de niño devoras para poder coger el premio, que está al fondo. Si tienes la suerte de hacer una película de éxito te llevas el premio, y puedes canjearlo por lo que quieras. Para mí Gravity fue una de esas películas; gracias a ella me ofrecieron proyectos muy grandes en Hollywood. Pero me di cuenta de que podía canjear el premio por la película que siempre quise hacer, y que incluso debería haber hecho ya, pero con todos los recursos que yo quería. Ya no tenía excusa para no regresar a México y, como digo, quizá debí haberlo hecho mucho antes.

-¿Por qué se debía ‘Roma’ a usted mismo?

-Todas las películas responden a necesidades, y cada necesidad tiene un origen específico. Cuando hice Hijos de los hombres (2006), por ejemplo, mi objetivo fue tratar de entender las tendencias políticas y sociales que estaban marcando la entrada en el siglo XXI; otras de mis películas han respondido a necesidades puramente logísticas, ya fueran de tipo económico o incluso geográficas. Y Roma es fruto de una necesidad casi existencial, como en su día lo fue Y tu mamá también (2001).

-¿Puede ahondar en la naturaleza de esa necesidad?

-Cuando hice Y tu mamá también en México llevaba cierto tiempo trabajando en Hollywood y había llegado a sentirme vacío, y gracias a ella fue capaz de redescubrir las razones por las que siempre quise hacer cine. En el caso de Roma lo que el cuerpo y el alma me pedían era reconectar con mi país, pero también entender cómo el paso del tiempo ha afectado mi relación con mi familia y mi sociedad, y con una condición humana de la que soy parte; en otras palabras, confrontar lo que soy ahora con lo que fui. Mientras rodábamos en Ciudad de México, para mí cada esquina estaba cargada de pasado.

-¿Cuánto hay de autobiográfico en ella?

-Prácticamente todo lo que aparece en Roma pertenece a mi universo de infancia y sobre todo al de una de las mujeres que formaron parte de ella, y que es una de las personas que más amo en el mundo. Por eso, mi gran herramienta para hacer la película fue la memoria. Y lo fascinante de la memoria es que cuando accedes a ella te encuentras con un largo pasillo flanqueado con infinitas puertas, y cada una de esas puertas da acceso a otro pasillo flanqueado por infinitas puertas.

-¿No ha sentido algo de pudor al tomar todos esos recuerdos íntimos y ponerlos en pantalla, expuestos al escrutinio público?

-Aquí la única valiente es la mujer de la que te hablaba, en la que se basa el personaje de Cleo. Desde un principio yo le dejé claro lo que quería hacer, y tuve innumerables conversaciones con ella para conocer detalles muy dolorosos de su vida. Durante mucho tiempo tuve miedo de extralimitarme, de acabar poniendo demasiadas de sus intimidades en el relato. Pero su reacción al ver la película me tranquilizó.

-‘Roma’ da la sensación de ser para usted algo parecido a una culminación artística, porque en ella convergen muchas de las inquietudes temáticas y formales que ha mostrado a lo largo de su carrera. ¿Lo ve usted así?

-No es algo de lo que sea consciente. Lo que sí sé es que he querido hacer una película sin red de contención. Para un director hay muchas formas de ir a lo seguro. Por ejemplo, hay un tipo de narración que por su propia naturaleza te lleva de la mano; que, para entendernos, está sujeta a fórmulas dramáticas de eficacia probada. Gravity es ese tipo de película. En Roma he huido de eso.

-Al haber sido producida por Netflix, ‘Roma’ está destinada a ser vista mayormente a través de una pantalla pequeña. ¿Eso no le inquieta?

-Pero, ¿cuándo fue la última vez que vio usted una película de Kurosawa o de Pasolini en una pantalla grande? El destino final del cine es ser visto en pantallas pequeñas. Hay que resignarse a la realidad: que hay una nueva generación que no está interesada en las salas de cine. Y, a pesar de eso, las películas encuentran su camino. Creo que es fundamental que las salas de cine sigan existiendo, pero no acepto que el debate sea reducido a una lucha entre quienes protegen el cine y quienes ven Netflix. No es eso.

-¿Sintió el León de Oro obtenido por ‘Roma’ como una manera de reivindicarse frente a quienes habían criticado su acuerdo con Netflix?

-La única reivindicación que uno busca al hacer una película es que exista en el tiempo.

-¿Piensa usted en cómo le tratará la posteridad?

-No, porque la posteridad es algo que está fuera del control del artista. Muchas películas hoy consideradas obras maestras en su tiempo fueron ignoradas o rechazadas. En su día Hijos de los hombres pasó sin pena ni gloria, y una década después ha sido redescubierta. Ahora bien, ¿logrará retener ese estatus? ¿Logrará Roma resistir la prueba del tiempo? Prefiero no pensar en ello.