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CRÍTICA

Diógenes frente a Baco

 

Diógenes frente a Baco - MANUEL MURILLO

Manuel Pedregosa
01/06/2019

ORQUESTA DE CÓRDOBA Y CUARTETO DIÓGENES
Director: Carlos Domínguez-Nieto
Programa: Obras de Arriaga, Vaughan Williams, Haydn y Martinu

El concierto celebrado el pasado jueves en el Gran Teatro enfrentó la dificultad de celebrarse en plena Feria con una programación singular: la inclusión de un cuarteto de cuerdas para interpretar obras de cámara y sinfónicas resultó un acierto que pudieron disfrutar los más fieles a las citas de la temporada de abono. Entró el Cuarteto Diógenes y desplegó un magnífico sonido para interpretar el Cuarteto de cuerda en mi bemol mayor, nº3 de Arriaga, una pieza juvenil y madura a la misma vez: impulsos haydnianos y beethovenianos habitan el alma de esta obra, que el cuarteto interpretó sabiendo administrar los contrastes expresivos que atesora, sonando como un único instrumento.

Se incorporaron orquesta y director a la escena para, en un recorrido que creció en intensidad expresiva, interpretar la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis para cuarteto y orquesta de cuerda. La continuidad en el desarrollo de la obra y su omnímodo sonido de órgano -concebida como una meditación interior- afloraron de forma comprensible gracias a la articulación ejercida en la versión de Domínguez-Nieto.

El concierto continuó con la imponente Sinfonía nº 92 en sol mayor Oxford de Haydn, que comenzó con un sólido y musculoso Allegro spiritoso tras el Adagio introductorio. La versión que sonó fue equilibrada, más orientada hacia una búsqueda de la proporción que de la expresión. Diferente enfoque tuvo la interpretación del Concierto para cuarteto de cuerda y orquesta H 207 de Martinu, cuyo Allegro vivo, que sonó con arrebatada urgencia y seductoras asperezas, situó al público ante un horizonte opuesto al de la obra anterior. El Adagio, más atmosférico en su inicio y lírico en las intervenciones solistas, siguió en la tónica extrema, contrastada y tensa, en la que fue esencial la claridad del diálogo entre cuarteto y orquesta y la explosión del clímax. La descompresión del Tempo moderato, más fresco y ligero, condujo a la ovación final de un público menos numeroso, pero igualmente entregado.

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