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Las consecuencias del coronavirus

Líderes irresponsables

Trump, Bolsonaro, Netanyahu u Orbán priman sus intereses personales por encima de la pandemia

 

Donald Trump, el pasado jueves en la Casa Blanca. - AP / ALEX BRANDON

Redacción
09/05/2020

Existe una competición en la que varios dirigentes masculinos se disputan el título de líder más irresponsable del mundo. Si dejáramos a un lado dictadores y autócratas, el asunto quedaría reducido a Donald Trump, Jair Bolsonaro, Binyamin Netanyahu y Viktor Orbán. Hay más, sin duda, y España sería un contribuyente neto, pero este es un artículo de política internacional.

Netanyahu y Orbán maniobran para imponer su agenda radical, que en el caso israelí incluye la anexión de parte de Cisjordania. Para Netanyahu, el covid-19 ha sido un regalo: la confusión le ha ayudado a mantenerse en el poder. Para Trump y Bolsonaro la pandemia es un problema. Perturba los planes de la élite político-económica que los apoya. No han llegado a prohibir la mención del virus, como en Turkmenistán, pero alientan los bulos y las conspiraciones. Ambos anteponen la economía a la salud. El primero es un narcisista patológico con un gran sentido escénico; el segundo actúa como un psicópata.

La dimisión del ministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro, el juez que metió en la cárcel a Lula da Silva, ha debilitado a Bolsonaro. Podría producirse un golpe palaciego o militar en cualquier dirección para despedir al presidente o para encarcelar a sus críticos. Pese a las barrabasadas, Bolsonaro mantiene el apoyo popular. No le resta el alza constante de contagios y de muertos. Está por encima de los hechos, como su amigo Trump.

Pugna con Biden

El estadounidense es un showman con gran intuición. Su táctica de tuitear esto y lo contrario le permite tener siempre razón. En una sociedad con una memoria de pez queda como cierta la frase más repetida. No oculta sus ansias de abrir la economía porque sabe que es donde se juega la presidencia. Con más de 33 millones de parados esta semana, y en alza, es difícil que pueda derrotar a Joseph Biden, pese a que el demócrata arrastra una acusación de acoso sexual potencialmente peligrosa. Las encuestas, por ahora, no favorecen a Trump.

Aunque sus científicos han establecido unas pautas para la desescalada, el líder de la Casa Blanca quiere que las suavicen al tiempo que lanza mensajes contradictorios sobre su equipo de asesores. No se sabe si los va a despedir, reforzar o reorientar. Una vuelta precipitada a la «vieja realidad» podría favorecer una segunda ola y agravar el impacto sanitario y económico.

Bolsonaro no es un jugador de póker, más bien parece un matón. Trump disfruta con el riesgo. No es un belicista, por eso ha resistido las presiones del sector guerrero de su Administración que exigía acción en Irán.

Al presidente de EEUU le gusta llevar a sus rivales al límite para conseguir sus objetivos. No trata de bombardear el edificio, solo desea comprarlo al precio más bajo. Mientras que el número de muertos por el covid-19 en EEUU se acerca a los 100.000, Trump lo fía todo a la aparición de una vacuna milagrosa antes de octubre. Necesita dar esa noticia. Una pócima milagrosa. Es difícil que lo consiga porque todo hallazgo deberá pasar por controles y pruebas antes de producirla. No importa que sea precipitado o un bulo. Quiere algo que provoque alzas bursátiles y que todo vuelva a la calma para dar la impresión de que habrá una salida exprés de la crisis.

Vacuna milagrosa

Las noticias de los avances de la biofarmacéutica Gilead –vaya nombre, como el país distópico de El cuento de la criada– llevaron a Wall Street a unas jornadas tobogán. Trump ha ordenado prioridad absoluta para lograr la vacuna. No participa del esfuerzo mundial porque la quiere para él. Si lo consigue, ganará las elecciones. Si la posible vacuna no suficientemente comprobada resultara después un fiasco, él ya estaría instalado en la Casa Blanca hasta el 2025.

Einstein no ayuda a ser optimista: «Hay dos cosas infinitas, el Universo y la estupidez humana, y del Universo no estoy seguro». Kafka, un adelantado a su época, reflejó la nuestra hace cien años. Dijo: «Es solo por su estupidez que algunos pueden estar tan seguros de sí mismos».

Frente a esta internacional masculina estaría la eficacia en la lucha contra el virus de los países dirigidos por mujeres: Jacinda Ardern (Nueva Zelanda), Tsai Ing-wen (Taiwán), Angela Merkel (Alemania), Sanna Marin (Finlandia), Mette Frederiksen (Dinamarca) y Erna Solberg (Noruega), entre otras. No se trata solo de una eficacia de género, que podría ser un factor, es que su presencia en los puestos de alta responsabilidad demuestra que están al frente de países avanzados y eficaces, en los que prima la valía sobre la obediencia a los machos alfa.

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