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REPORTAJE

Memorias de un luqueño

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    Jubilado Angel Marchena en su Luque natal. - Foto:J. DE LA ROSA

    JOSE DE LA ROSAJOSE DE LA ROSA 19/01/2004

    Con una descripción pormenorizada de sus avatares durante la guerra civil española, su alistamiento en la División Azul y los innumerables sufrimientos en los campos de prisioneros de la antigua URSS, Angel Marchena Cañete, un luqueño de 78 años, a través de las páginas del libro Memorias de un luqueño , en el que narra su vida, refresca la historia de los débiles y los oprimidos, mostrando sin quererlo que recuperar la memoria histórica es el instrumento básico para identificar las causas de la opresión, del dolor, de la guerra y de la dominación.

    La primera vez que este veterano luchador publicó sus memorias fue en una edición limitada, de diez ejemplares, encargada y costeada por él mismo para su familia, llegando un ejemplar a manos del alcalde de Luque, Telesforo Flores.

    Fue precisamente el alcalde de la localidad quien le animó a publicarlas con mayor extensión, lo que ha tenido lugar en este año gracias al apoyo del Ayuntamiento, la Diputación de Córdoba y, de manera especial, Luis Miguel Serrano López, quien ha coordinado toda la obra.

    A la vista del éxito de este libro, Angel Marchena está preparando una novela en la que, utilizando los topónimos luqueños, mezcla relatos seculares con recreaciones fantásticas, mitos y leyendas.

    En el libro Memoria de un luqueño, la vida de Angel Marchena , este veterano luchador reseña su niñez, el desastre de la Guerra Civil, la II Guerra Mundial, los campos de prisioneros de la antigua URSS, su regreso a España y la paz de su vejez en su pueblo natal, Luque, donde recibió el 28 de febrero del 2003 la Medalla de la Villa en reconocimiento a toda una vida de lucha por la supervivencia.

    Con una gran profusión de datos concretos, fechas e incluso horas, Angel Marchena va narrando sus vicisitudes, desde que al estallar la Guerra Civil, cuando era sólo un niño, fue encarcelado en lugar de su padre, que era socialista y huyó a la zona republicana.

    Fue liberado en la Semana Santa de 1937, año en el que marchó con un destacamento de Requetés al frente de Peñarroya. En 1942, tras numerosas penalidades, decide "poner mi vida para comer y mejorar la de mi familia", alistándose en la División Azul, con la que marchó a combatir en la Segunda Guerra Mundial, concretamente al frente de Leningrado, donde fue hecho prisionero. Estuvo durante doce años en diferentes prisiones de la antigua URSS, llegando a ser dado por fallecido en el pueblo, siendo liberado en 1954.

    Se casó en Luque y se fue a trabajar a Hamburgo (Alemania), hasta que el 1 de agosto de 1978 decide retornar a su país, afincándose en Córdoba hasta su jubilación. Retornó a Luque en la Semana Santa de 1994, donde actualmente vive con su esposa, sin que en las losas de la Cruz de Todos los Caídos figure inscrito su nombre.