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ENTREVISTA

Gemma Nierga PERIODISTA DE LA CADENA SER : "Algunos medios son máquinas de tejer odio"

 

Gemma Nierga PERIODISTA DE LA CADENA SER : 'Algunos medios son máquinas de tejer odio' - Foto:SANCHEZ MORENO

ROSA LUQUEROSA LUQUE 29/05/2005

NACE EN GERONA (1965)

TRAYECTORIA PROGRAMAS COMO ´HABLAR POR HABLAR´ Y ´LA VENTANA´, AMBOS PREMIOS ONDAS, LA HAN CONVERTIDO EN LIDER DE AUDIENCIAS

Quizá la haya visto pasear por el Patio de los Naranjos, o leer el periódico al sol de La Corredera, o asistir a cualquier función del Gran Teatro o triscar por la Sierra, esos parajes de naturaleza pura que para ella, junto a la tortilla del bar Santos, han sido algunos de sus mejores descubrimientos en Córdoba. Aunque el mayor hallazgo, el definitivo, fue un señor alto y circunspecto llamado José Antonio Cabanillas --teniente de alcalde de Seguridad y Tráfico por más señas--, a cuyo lado ha echado raíces en la ciudad que ya considera suya esta chica menuda y de aspecto cándido que suele pasar desapercibida a menos que abra la boca. Sin embargo su voz, dulce e impregnada de cierta musicalidad catalana, la distinguiría entre la multitud. Por algo Gemma Nierga, responsable de uno de los espacios más escuchados de la radio, ´La ventana´, se ha convertido en una fulgurante estrella mediática. Ella, sin dejarse llevar por cantos de sirena, se limita a vivir el momento. Y conjura su pesimismo innato cruzando los dedos ante una felicidad que pronto se multiplicará con la llegada de su primer hijo.

--Se la ve mucho y muy a gusto en Córdoba. ¿Qué le da esta ciudad a una catalana tan cosmopolita como usted?

--Me da mucha alegría esta ciudad. He encontrado en Córdoba un bienestar, una calidad de vida que creo que no tenía. Aparte de que tengo aquí a una persona que quiero, y eso te llena mucho. Pero a mí esta ciudad me da vida, me recarga energías, y al mismo tiempo me da paz. Me han dicho que se me nota en la voz, que se me oye más tranquila cuando estoy aquí.

--Y todo, gracias al amor. Porque aquí conoció a su marido, al que según tengo entendido le presentó la alcaldesa, ¿no?

--Sí, fue hace un par de años en la Feria, ahora estamos de aniversario. Yo estaba aquí invitada por Rosa Aguilar, que es mi amiga. Participa en la tertulia de mi programa y así fue como la conocí. Rosa siempre estuvo a mi lado en momentos un poco difíciles para mí, como cuando me operaron de la garganta y perdí la voz. Rosa me invitó varias veces a venir a Córdoba, y en una de ellas me presentó a su concejal cuando todavía ni había tomado posesión del cargo. Jose me enseñó a bailar sevillanas y poco a poco... no sé, creo que desde el primer momento hubo una amistad y un amor muy grande.

--Aquí se casó y aquí, según contaba el otro día Tico Medina, quiere tener el niño que viene de camino. ¿Es cierto?

--Sí, sí, yo quiero tenerlo aquí porque es donde está su padre y José Antonio no se puede permitir viajar tanto como yo. Estoy todo el día en aviones y trenes, Barcelona-Córdoba, Córdoba-Madrid, Madrid-Barcelona. Y sinceramente me hace mucha ilusión llevar en la barriga a un cordobés hijo de catalana. Es una mezcla que siempre me ha gustado. Sabes que en Cataluña siempre hemos compartido la vida con andaluces y ser ahora yo la que casi pido permiso para integrarme aquí me parece una experiencia muy enriquecedora.

--¿Cómo casan política y periodismo de puertas adentro?

--Bien, porque ni yo me meto mucho con lo que hace mi marido ni él tampoco con lo mío. Lo que hacemos es compartir los problemas y desahogarnos, porque son dos trabajos bastante estresantes como sabes.

Por suerte, a su estrés derivado del continuo trasiego y del periodismo --una profesión absorbente a todos los niveles y más al suyo-- no parece que Gemma (pronúnciese Yemma) sume preocupación alguna por su embarazo, que se ha tomado como uno de esos regalos que de tarde en tarde te hace la vida y está dispuesta a disfrutarlo en todo lo que dé de sí. Tanto que, al menos esta mañana, sentadas las dos a solas en uno de los estudios de Radio Córdoba ("Me encanta hablar contigo aquí cerca de los micrófonos, es donde más cómoda me siento", confesará luego), esta chica de ojos verdes y risueños --quizá también algo melancólicos-- es la viva estampa de la felicidad.

No es porque hoy se haya maquillado ligeramente para no salir descolorida en la foto (la magia de la radio, una voz de rostro presentido que llega a todos los confines, no le pide habitualmente tales esfuerzos). Tampoco se debe a que haya escogido con coquetería su estampa de presentación: un conjunto de pantalón y camiseta en licra negra que adorna con un largo collar para disimular su tripita de cinco meses, supongo que en una especie de tic contra la persecución de la prensa rosa. La razón es simplemente que Gemma vive su momento más dulce y además tiene la suerte de saberlo. "Tengo poquísimas molestias, así que el embarazo sólo me aporta alegrías, es verdad eso que dicen de que crear vida en tu interior es algo maravilloso, y yo lo observo tanto que lo estoy viviendo como una experiencia casi periodística --dice--. Hay que esforzarse por valorar las pequeñas felicidades, y cuando has pasado por cosas buenas y otras malas llega un punto en que valoras mucho lo bueno, porque no abunda".

--Lo de perder su instrumento de trabajo, la voz, tuvo que ser un verdadero trauma, ¿no?

--Eso fue muy duro. Me encontraron un quiste congénito en las cuerdas vocales y me lo tuvieron que quitar. Y lo que en cualquier otra persona supone una recuperación de un mes, en mi caso fueron siete meses. No lograba volver a sacar la voz.

--Tal vez lo que pasaba era que su cuerpo y su mente le pedían de ese modo un descanso.

--Exacto. Se mezclaba una especie de boicoteo mental por mi parte, no era una cosa física. Para mí aquello fue una salida para poner freno. Sin embargo yo quería trabajar, iba a especialistas y hacía ejercicios. Luego, con un cambio de médico y con ordenar un poquito la cabeza, la voz volvió de forma natural y ahora estoy encantada de tener una voz sana y de que mi hijo pueda oírla pronto.

--Escuchándola en la radio da usted la sensación de ser una persona serena. No sé si esa calma que transmite su voz se corresponde con su carácter.

--Esa es una imagen que no se corresponde con mi forma de ser. Tendría que analizar por qué doy una imagen cuando soy de otra forma distinta. Yo me considero mucho más inestable emocionalmente, y frente a la simpatía que desprendo, siempre sonriendo, tengo muy mal genio por dentro. Me ha pasado siempre. Aparento ser mucho más conciliadora de lo que en realidad soy, aunque por otra parte te diré que en el micrófono me comporto tal cual soy, lo cual es una contradicción.

--¿Qué tal jefa se considera?

--Soy muy nerviosa, todo lo quiero para ya, puedo resultar bastante intolerante en el trabajo, aunque con los años he aprendido a convivir con los errores, los míos y los de los otros. Antes cualquier cosa podía amargarme el programa y el día, pero ahora me esfuerzo por ser feliz.

--¿No se pasa en la autocrítica? Sus compañeros de la ´Ser´ en Córdoba la tienen en un alto concepto, dicen que no se le ha subido la fama a la cabeza.

--Tuve ese peligro con 20 años, cuando me metí en la televisión catalana, en TV3, y me vi tan importante... lo más. Mi madre me advirtió que estaba cambiando y yo me enfadé mucho, pero la frase me quedó dentro. Después, la tele se acababa y me veía otra vez con un currículum pidiendo trabajo --porque siempre he sido muy trabajadora, mucho--. Aquella etapa de aprendizaje me enseñó que tener trabajo es una bendición.

--Y más en un oficio donde, como sabe, se sufre una galopante precariedad laboral.

--Claro que sí, cuesta mucho encontrar una salida --reconoce un poco cabizbaja, como si se culpara por su posición de privilegio--. Y quién me dice a mí que la temporada que viene no se cansan de mi voz, de mi forma de hacer el programa, y esto se acaba.

--El liderazgo que mantiene en su franja radiofónica le augura lo contrario. Eso sin olvidar que aún no ha cumplido los 40 y ya es una estrella mediática.

--Yo no me identifico con esa imagen, veo a figuras como Iñaki Gabilondo, Concha García Campoy o Mercedes Milá, que ya eran estrellas cuando yo llegué, y no me siento en ese universo. Pero lo que te decía del trabajo