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LITERATURA

La Pequeña República de las Letras abre sus puertas en un espacio especialmente concebido para el público lector más joven

En la apertura se han dado cita representantes de las editoriales 'abuenpaso' 'ekaré' 'Libros del Zorro Rojo' y 'Takatuka'

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Abre La Pequeña República de las Letras, una nueva librería para los peques A.J.GONZÁLEZ

A partir de este lunes la capital cordobesa cuenta una librería especialmente pensada para que niños y adolescentes se sientan como en casa. El objetivo de La Pequeña República de las Letras, ubicada en Plaza de Chirinos, 6, no es otro que “brindarles a pequeños y adolescentes su propio espacio, no una zona dedicada a ellos dentro de una librería para adultos, como ocurría en La República de las Letras, queríamos darles su lugar de manera aislada”, explica a este periódico Ana Rivas, propietaria de ambos negocios.

La de esta tarde ha sido apertura, que no inauguración, y se ha llevado a cabo «antes de lo pensado», apuntaba la empresaria ya que «aún no lo tenemos todo montado». En este sentido explicaba que para un momento tan especial había organizado una mesa redonda que bajo el título ¡De eso no se habla! reuniría para dar voz a cuatro de los editores de literatura infantil más importantes del panorama nacional e internacional: Arianna Squilloni, de editorial abuenpaso, Pablo Larraguibel, de ediciones Ekaré, Fernando García de Libros del Zorro Rojo y Patric de San Pedro de la editorial Takatuka, «algo que para nosotros era todo un honor» añadía.

 Sin posibilidad de buscar una fecha más tardía, La Pequeña República de las Letras ha abierto este lunes sus puertas abordando temas «tabú» para niños. «Estos grandes editores saben muchísimo de literatura en general y de infantil en especial, por tanto con este encuentro se ha marcado un punto de partida para la discusión sobre temas sociales, históricos y políticos, dentro del marco de la mejor literatura infantil ilustrada» asumía Rivas.

Así, estos cuatro referentes del mundo editorial coincidían en que «se puede y se debe promover un diálogo con los más pequeños sobre todos los temas que les afectan directa o indirectamente, desde los más complicados a los más sencillos, que muchas veces son los mismos, siempre que se haga desde el respeto y la sensibilidad que merecen y de acuerdo con su grado de madurez». Entre estas reflexiones se ha apuntado que los menores crecen en sociedades complejas y se ven bombardeados por una multitud de estímulos y de discursos que les hacen verse necesitados de referencias para poder reflexionar sobre el mundo que habitan y su lugar en él. Estas editoriales ofrecen un amplio y específico catálogo de títulos por edades -que van desde los 3 hasta los 12 años- que abordan temáticas y situaciones de este tipo y que se pueden encontrar en el nuevo espacio. 

El nuevo espacio

La Pequeña República de las Letras es, lejos de lo que anticipa su nombre, un espacio bastante amplio que se distribuye en dos secciones, una dedicada a literatura infantil y la otra a juvenil. «Vamos a tener muchísimos fondos de libros de ambas clases porque la librería así nos lo permite al ser tan grande el espacio» apunta la propietaria. Y más allá de esto, esta genuina librería ofrecerá, los sábados por la mañana, actividades complementarias para los niños. Esta idea se fraguó antes de la pandemia pero, como todo, el proyecto se quedó en standby. Y es que Ana Rivas lo tenía claro, para ellos era fundamental que la gente menuda dispusiera de un espacio propio en la ciudad en el que, desde que dejan atrás la puerta, lo puedan sentir como suyo propio, «no queríamos que estuviesen en medio de un ambiente de adultos, queremos que se sientan identificados con lo que ven». Y es que la lectura debe enganchar desde edades tempranas, el contacto con los ejemplares, las ilustraciones, el olor, el ambiente que se respira en una librería, es un hábito que ha de acompañarnos desde pequeños. Y como decía el gran escritor argentino Jorge Luis Borges, «Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros».

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