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Diario Córdoba

ENTREVISTA Luis Landero Escritor. Presenta en Córdoba su última novela, ‘Una historia ridícula’

«Dar voz a Marcial era una cuenta pendiente que tenía que saldar»

Luis Landero pasará hoy por la Feria del Libro de Córdoba.

«Es más fácil escribir una novela que explicarla, porque no soy psicólogo ni sociólogo, lo que hago es contar historias», señala Luis Landero cuando se le pide que profundice en el personaje que protagoniza su última novela, Una historia ridícula, otra obra maestra del autor extremeño que se adentra en un individuo peculiar, mezquino y simple aunque se las dé de culto que, de pronto, un día se enamora de una mujer muy superior a él y a partir de ahí su vida se desmorona. Amor, odio, mentira, humillación e impostura sobrevuelan con mucho humor e ironía sobre este relato, en el que el autor da voz a Marcial, un personaje que llevaba más de 40 años en su cabeza y resucitó durante la pandemia. Hoy, en la Feria del Libro de Córdoba, hablará de él.

Después de dos años de pandemia, vuelven las ferias del libro. ¿Cómo se siente ante el encuentro con los lectores de nuevo?

Muy feliz, siempre se echa de menso a los lectores porque son ellos los que te dicen lo que has escrito. Uno no lo sabe realmente hasta que ellos lo dicen. El lector es el que cierra ese proceso de comunicación que es escribir una novela, es tu espejo.

¿Cómo definiría estos dos años literariamente hablando? ¿Diría que han sido fructíferos para usted?

Para mí, sí. Me gusta la soledad, no me importa quedarme en casa, pero reconozco que han sido años muy malos, la sociedad ha sufrido mucho, pero para mí han sido buenos porque no he tenido ningún tipo de compromiso que cortara mi ritmo y me levantara de la silla. He podido concentrarme y escribir bastante.

Viene a Córdoba a presentar ‘Una historia ridícula’, la de Marcial, un personaje muy peculiar que, según ha dicho, surge de unas pocas líneas apuntadas en un cuaderno hace muchos años. ¿Por qué resucitarlo ahora?

Me fascinaba y me atraía mucho la voz de este personaje porque habla en primera persona y tiene una música, un ritmo, muy peculiar a la hora de hablar. No era tanto el argumento como esa voz, ese tono. Ha dado vueltas en mi cabeza durante cuarenta años, era como una cuenta pendiente que tenía que saldar. Cuando nos confinaron no tenía nada mejor que hacer y empecé a escribirlo sin ánimo de hacer una novela, sino simplemente indagar en esa voz y qué tenía que contar ese personaje.

Es un relato grave y solemne, a veces dramático, y a la vez muy cómico. ¿Ha tratado de transmitir lo absurdo de la vida?

Sí, sin duda, porque para mí, personalmente, la vida tiene mucho de absurdo. El humor y el absurdo son vías de conocimiento estupendas, desenmascaran la realidad y muestran su cara oculta. Creo que es una novela en la que la comicidad surge de la falta de humor del personaje, que también es muy solemne, y creo que ese contraste entre su manera solemne de hablar y las situaciones un poco ridículas que se encuentra en la vida es lo que hace que surja el humor.

«El lector es el que cierra ese proceso de comunicación que es escribir una novela, es tu espejo»

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¿Ha conocido a muchos ‘marciales’ en su vida?

He conocido a varios marciales, no exactamente como el de la novela, pero sí que tenían mucho de él. Con esos cuatro o cinco semimarciales reales he creado uno que es imaginario.

¿Cree que en esta sociedad reina en exceso la mediocridad?

Creo que, sobre todo en los medios de comunicación, hay demasiados charlatanes. Personas que creen saben mucho, que piensan poco y opinan mucho, y no hay mejor camino para decir tonterías que hablar mucho y pensar poco. Hay una polución verbal tremenda en nuestra sociedad. Vivimos a un ritmo tan rápido que la gente no se para a pensar, y el pensamiento, si no hay lentitud, se colapsa.

El amor juega un importante papel en este relato, pero ¿es en este caso un amor interesado y contaminado de ambición más que un amor verdadero?

Eso tendría que contestarlo Marcial. Él se enamora de un pack completo. Pepita, su amada, no solo es guapa y tiene muchas cualidades, sino que también pertenece a una familia distinguida, es refinada y culta, todo lo que envidia y desea Marcial, de manera que se enamora de ella del mismo modo que el gran Gatsby se enamora de Daisy, que representa el mundo al que aspira.

También el odio está muy presente en la novela. ¿Qué mueve el odio de Marcial?

El odio es un sentimiento muy interesante. Todos conocemos el odio y la antipatía a primera vista, lo que pasa es que el amor es transparente y el odio es opaco y va acompañado de la hipocresía, la envidia, el fingimiento… Es más complejo que el amor y en el caso de Marcial viene de la infancia, una etapa en la que se burlaron de él y vivió muchas humillaciones, por lo que tiene muchas cuentas pendientes con el prójimo. Creo que de ahí le bien esa visión hostil que tiene hacia los demás y la desconfianza.

«No hay mejor camino para decir tonterías que hablar mucho y pensar muy poco»

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La mentira es otro concepto que sobrevuela esta historia. ¿Todos tenemos una parte de impostura? ¿Somos en algún momento de nuestra vida ese pavo real de la portada de su novela?

Un poco sí, unos más y otros menos, pero todos intentamos mejorar cuando tenemos que relacionarnos con los demás, intentamos mostrar lo mejor de nosotros mismos, esconder nuestros defectos e, incluso, exagerar nuestras cualidades. Y no digamos cuando nos enamoramos. Creo que esa impostura no está mal del todo, creo que son cosas muy humanas y comprensibles.

También usa esta historia para hablar de la cultura banal y superficial. ¿Acabaremos todos perturbados?

Creo que ya estamos todos un poco perturbados. Vivimos a un ritmo muy acelerado, consumimos mucha información y opinión y no tenemos tiempo de discriminarla, de someterla a critica, de pensarla. Vamos por la vida sin fijar la mirada porque continuamente hay que fijarse en lo siguiente. Somos rehenes de la actualidad. Todo lo que el hombre ha hecho de bueno a lo largo de la historia lo ha hecho desde la lentitud, la soledad y la concentración. Cuando falta todo esto lo que surge es la frivolidad.

¿Ha pretendido hacer un retrato de la condición humana y la sociedad en la que vivimos?

Me ha salido sin pensarlo. Lo único que quería era contar la historia de este hombre, pero sin ningún tipo de abstracciones, de intención de mostrar nada. Todo ha sido por el gusto de contar, aparte del significado que pueda tener.

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