La pantalla en negro comienza a iluminarse tímidamente con la aparición de unas cuantas estrellas que terminan por componer el cuadro en el firmamento filmado por Harry Mcqueen. La clausura del filme, nuevamente, la cámara enmarca una gran porción de cielo nocturno y con la correspondiente coreografía estelar que da título a esta obra. El fondo musical, como el de la totalidad de la cinta, es original del cantautor Keaton Henson: sutiles piezas de teclados electrónicos o pianísticos.

En medio de todo ello, una sencilla y magistral película. Una magnífica lección de arte dramático por parte de los dos actores que encarnan al dúo protagonista, dos personas que durante mucho tiempo se han amado y lo siguen haciendo más que nunca, pese a que la maldita enfermedad que destruye la memoria se haya asentado entre ellos: un escritor tocado por el alzhéimer y su pareja, un pianista que pretende dejarlo todo para hacerse cargo de él en sus últimos días. La sensibilidad a flor de piel, diálogos muy bien escritos para la ocasión por el propio director, un magnífico director de actores, además, que sabe llevar por el buen camino a los deslumbrantes Colin Firth y Stanley Tucci en este increíble recital interpretativo (fundamental para apreciar el verdadero valor de sus trabajos es la versión original).

Porque aunque la película se presenta con forma de road movie (hay una gran belleza paisajística en los espacios fotografiados por Dick Pope), pues ambos se embarcan en su vieja caravana para recordar los mejores momentos del pasado común que vivieron cuando se enamoraron y, de camino, visitar a familiares y amigos en una especie de fiesta de despedida, también, y sobre todo, es un excelente drama que nos presenta el dilema de cómo afrontar el final de la vida cuando llega de esta injusta manera. La cinta te deja tocado y reflexivo tras el visionado.

El final, abierto, para que cada cual piense, invita a ello (todo un mérito). La producción, británica, cuida todos los detalles y como es tradición en esta cinematografía es impecable. ¡Chapó!